¿Quién es responsable de la violencia?
Desde hace un tiempo es posible percibir cómo cada vez con más frecuencia se hacen oír voces alertando sobre la violencia.
Desde las agoreras predicciones del ex presidente Julio María Sanguinetti a propósito de la posibilidad de una respuesta golpista ante la inestabilidad que sobrevendría a raíz de un eventual gobierno progresista, hasta las más recientes y severas condenas a los escraches, parecería que la dirigencia política se ha propuesto instalar el temor en el colectivo social.
Las mínimas expresiones contestatarias, cualquier manifestación de cuestionamiento al sistema o al establishment, todo disenso que escape al cauce tolerado, son magnificados en su significación y presentados a la sociedad como actos de barbarie alimentados por agitadores profesionales.
Tal como se informa en nuestra edición del jueves, durante la interpelación que llevó adelante Roque Arregui por los contratos de obra en la ANEP, grupos estudiantiles protagonizaron desórdenes en los alrededores del Palacio Legislativo. Sin que ello implique una adhesión a los métodos usados por esos jóvenes –del mismo modo que hemos expresado nuestra reserva respecto de los llamados «escraches»– no debemos dejarnos atrapar en la dialéctica o en los sofismas a que recurre el poder para individualizar en esas manifestaciones a los supuestos «demonios» que por una insania inexplicable apuestan a la violencia.
Como paradigma de esa postura aparecen las declaraciones del diputado del Foro Batllista Walter Vener que vale la pena recordar aquí: «Un grupo de jóvenes y no tan jóvenes han procedido a tirar piedras, romper autos y hacer pintadas sobre el edificio; también la emprendieron contra el auto del vicepresidente Hierro. Uno se pregunta quién alimenta esos odios y crea esos estados embrionarios que terminan en cosas como las que ocurrieron en Buenos Aires. Aquellos que generaron estos odios en el país deben tratar de rescatar una convivencia pacífica como tradición de Uruguay».
El mero hecho de comparar la situación uruguaya con la argentina es una forma de poner en un mismo plano las acciones de violencia extrema que ocurren en el país vecino con las manifestaciones de aquende el Plata.
Pero lo que más llama la atención es la pregunta que se formula el diputado forista, sin advertir que la respuesta está en el sistema que con terquedad su partido y el Nacional se obstinan en aplicar. No hay otro responsable de esas expresiones violentas que la violencia que significan el hambre y la marginación, el desempleo y la falta de horizontes, la desestructuración de la sociedad y la sordera o la falta de respuestas audaces de parte del gobierno. Es el propio modelo, profunda y esencialmente injusto, el que genera e impone la violencia. Un sistema que promueve casi compulsivamente el hiperconsumo más alienante y al mismo tiempo niega a las grandes mayorías los medios para acceder a él, es un sistema violento.
De manera que a no poner el grito en el cielo buscando culpables aparentes o chivos emisarios. Mientras sigamos aferrados a las recetas fondomonetaristas estaremos alimentando y propiciando las respuestas violentas de la sociedad. *
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