Sobre la necesidad de la reforma
MARCELO FILOMENO
El editorial del día martes 25 de LA REPUBLICA, y el posible pedido de interpelación a Bensión, me han hecho avanzar en la convicción de que, realmente, este país está necesitando urgentemente un cambio en el sistema de gobierno, basado en un nuevo relacionamiento entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. De ahí lo del régimen parlamentario, con jefe de Estado y jefe de gobierno, tomando la propuesta de Batlle, la cual es definida por el diario «como acción de distracción» y «recurso pueril que no hace sino esconder la verdadera etiología de la crisis», entre otros conceptos descalificatorios de la misma, imputando en definitiva a Batlle de andar buscando excusas para explicar el fracaso de su gestión de gobierno.
Luego de extenderse sobre aquel fracaso el editorial señala que las actuales mayorías parlamentarias, es decir, la coalición oficialista, «ha dejado de ser realmente representativa del sentir de la población…». Se apela entonces, en la búsqueda de soluciones, a los mecanismos de democracia directa, vg. referéndum, a las convocatorias sociales, vg. Concertación para el Crecimiento, y a la eventual renuncia de Bensión y del equipo económico, aun reconociendo que esto último no resolverá la crisis, siendo solamente «un primer paso positivo hacia la tan necesaria modificación del rumbo económico reclamado por las grandes mayorías». ¿Se piensa acaso por ventura que, si Batlle lanza la idea reformista como maniobra distractiva, va a seguir, más allá de la suerte de Bensión y su equipo, el rumbo económico reclamado por las grandes mayorías? ¿Vamos a pensar mal de él para una cosa y bien para otra? ¿No será la idea del sistema parlamentario la admisión de su fracaso, buscando plasmar en el terreno del derecho, la actual situación de hecho, con los «primeros ministros» Sanguinetti y Lacalle?
El rol de las fuerzas progresistas
Más allá de las elucubraciones que todos podemos hacer sobre lo que quiere Batlle cuando habla del régimen parlamentario, como ciudadano de izquierda y progresista no puedo dejar de reconocer el avance que implicaría un cambio de esa naturaleza, para poder llevar adelante acciones institucionales en beneficio de las mayorías. No se puede poner por delante el reflejo de que la crisis, el hambre, el frío, la miseria, y todas las plagas que existen y que vendrán inhiben abordar el tema, planteado nada menos que por el propio Presidente, al cual hemos combatido casi anónimamente desde la década del 60, lo cual no quita que, si por una vez en la vida, tiene algo bueno para ofrecer, lo apoyemos.
A la inversa, también hemos aprendido que, si en las filas en las que combatimos hay algo mal, lo decimos. Y caro nos ha costado… Por ello, para actuar eficientemente sobre la realidad, el suscrito piensa que, además de los instrumentos mencionados por LA REPUBLICA y la interpelación que llevará adelante el EP-FA, es posible y necesario tomar la idea de Batlle para cambiar esta estructura institucional «encorsetada» que hoy nos rige. Pensemos nada más por un momento en el escenario de la censura parlamentaria y posterior disolución de las Cámaras, ya que se trata de un planteamiento serio. Pensemos en una posterior elección, con el progresismo obteniendo la mayoría absoluta. Pensemos que, no obstante, Batlle seguirá siendo presidente hasta 2005. Pensemos entonces en la caducidad del actual sistema.
Las dificultades para la reforma
Son sin duda, muchas y muy grandes, fundamentalmente por el contexto de crisis generalizada. Pero el Uruguay no va a morir, ni va a ser «basurero nuclear» de nadie, al tenor de «bolazos» malintencionados, proliferantes en la crisis.
Por ello es necesario asumir con cautela toda idea o acción relacionada con la convivencia social y política, sin denigrarla ni menospreciarla por la autoría.
En ese sentido, tenemos mucha gente y muy bien preparada, para el abordaje del tema. Y todo un ancho campo en el derecho comparado, especialmente en el europeo, donde el sistema, con sus diversos matices, funciona bien y, fundamentalmente, le sirve a los habitantes de aquellos países.
Acá se ha probado de todo y estamos hoy, desde el punto de vista de expresión institucional de las mayorías, en un callejón sin salida.
Una dificultad adicional es, sin duda, la rigidez de nuestro sistema constitucional en cuanto a los procedimientos para su modificación.
Los plazos relativos pueden ser acortados por los intervinientes, basados en el propio texto constitucional, de acuerdo con las urgencias de la hora, y a la necesidad de cambiar los estilos y las prácticas políticas. Si bien no tenemos el instrumento de la enmienda constitucional, fruto del pragmatismo yanqui sajón, ni la posibilidad de lograr el «ADN» cubano (99,99%), podemos sí, a la uruguaya del nuevo milenio, lo más rápidamente posible, intentar cambiar el contrato mayor de nuestra convivencia.
Si Batlle es sincero antes de 2005 podría haber un gobierno progresista. *
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