El camarada Guillermo
NIKO SCHVARZ
El martes 18 al mediodía, trabajando en la computadora, Guillermo Israel (Willi) se desplomó. Le falló el corazón. Y eso que él tenía dos corazones: uno alemán por nacimiento, otro uruguayo por adopción.
Decía con orgullo que había venido al mundo en Treveris, la ciudad de su admirado Karl Marx, sobre el Rin. Las persecuciones hitlerianas contra los judíos lo trajeron después de 1933 al Uruguay. Ingresó al mundo del trabajo (en Horacio Torrendell y Talleres de Cutcsa) y al Partido Comunista. Cuando nos lanzamos a la aventura de El Popular, pasó naturalmente a dirigir el taller y encargarse de la rotativa.
De aquellos comienzos azarosos vamos quedando pocos sobrevivientes, que compartimos estos días la congoja por la muerte de Guillermo. Nadie había calibrado exactamente el salto cualitativo que nos habíamos propuesto, con mucha pasión y poca experiencia. No era la continuidad de Justicia, el semanario que venía de la entraña fundacional (y que mereciera en su momento la crítica cariñosa de Peloduro), sino una expresión periodística diaria que reflejara en los diversos planos al nuevo PCU nacido del XVI Congreso de 1955. Durante meses habíamos preparado su aparición, editando un pequeño boletín diario impreso en una máquina plana, colocando la hoja a mano, y después la reversa. Pero…
Cuántas veces rememoramos con Guillermo la tragicómica noche del 24 al 25 de enero de 1957. Allí anduvo Luis Alberto Mendiola, uno de los fusilados de abril de la Seccional 20ª, que era difusor del boletín diario. Guillermo estuvo en el epicentro de los sucesos. Por la tarde, en la vieja casona de Justicia 1982 esquina Lima desembarcó la plana mayor partidaria, empezando por Arismendi (que tenía la experiencia de Diario Popular, editado en los años de la guerra), y decenas de militantes, con deseo de ayudar pero que provocaron un caos fenomenal. Bien entrada la noche, recién se había cerrado la primera de las ocho páginas. Se componía en linotipo, con plomo. Se terminó de armar alta ya la madrugada. Llegó el momento culminante. En el centro del galpón del fondo lucía la venerable rotativa que le habíamos comprado a Luis Batlle, editora de Acción. Gran expectativa. Guillermo apretó el botón… y no funcionó. Otra vez, negativa. Otra, y otra, lo mismo. La rotativa nunca se había probado.
Sólo atinamos a colocar un aviso en La Tribuna Popular que salía a mediodía comprometiendo la aparición para el 1º de febrero. Esto generó una discusión de órdago. A muchos les pareció una locura. A las 2 de la tarde, después de unas horas de dormir apurados, discutimos qué hacer. Jesualdo leyó unas cuartillas que trajo redactadas, con una descripción maestra del aquelarre de la víspera. En medio de la tensión, de pronto estalló una carcajada homérica. Guillermo decía que debíamos publicar las páginas de Jesualdo. El 1º de febrero salimos, y no paramos más.
Más aun. Cuando ya nos habíamos mudado al edificio de La Tribuna en 18 de Julio y Río Branco, y estalló en 1967 el conflicto de la prensa, durante esos 114 días El Popular fue el único órgano que apareció a diario, con expresa autorización del Comité Coordinador de los sindicatos de periodistas, gráficos y canillitas. En ese período también salió Extra, así como Verdad, órgano de los tres gremios en lucha, cuya redacción funcionaba en nuestro local y se imprimía noche a noche en una de las bocas de nuestra rotativa, al mismo tiempo que El Popular. El primer número de Verdad, dirigido por Rubens Barcos (canillita), Carlos Borche (prensa) y Venus Iriarte (gráficos) se editó el 24 de julio de 1967. Hasta el número 45 del 20 de setiembre salió tabloide 6 días por semana, y del 22 de setiembre al final en formato sábana, domingos incluidos. Varias de sus ediciones (como las número 63 y 64, de octubre) muestran, al igual que las correlativas de El Popular, las huellas de la censura policial por imposición de las medidas prontas de seguridad.
En todas estas labores estuvo el camarada Guillermo. Pero su hora de gloria vino a comienzos de los 70, cuando se trajo la rotativa offset a color para El Popular desde la República Democrática Alemana. Aquí sí, bajo su dirección, la técnica funcionó de maravilla y nos cambió la cara. Esto duró hasta el golpe de Estado, que clausuró el diario, ilegalizó al PCU y expulsó a Guillermo tras despojarlo de la ciudadanía legal.
Después, fueron 12 años de trabajo febril en Berlín, promoviendo desde la radio la solidaridad con Uruguay en lucha contra la dictadura fascista. En 1985 retornó al país, a su actividad profesional y militante, y recuperó la ciudadanía. Contribuyó a dar vida al Instituto Cultural Uruguay-RDA, trasmutado después en la Casa de Cultura que lleva el nombre de Bertolt Brecht, otro de sus grandes amores, que solía citar en alemán, mientras no perdía ocasión de ilustrarnos sobre ese idioma, sus giros y proverbios. Anduvimos juntos en esa otra aventura que fue la revista marxista Tesis XI, contribuyendo a sus 8 ediciones con trabajos y traducciones de materiales alemanes sobre el debate ideológico actual. El aportó el facsímil, de puño y letra de Marx, de la frase que es señal identificatoria de quienes aspiran a transformar el mundo.
Paralelamente mantuvo su actividad en el campo gremial, que plasmó en el vigente Fondo Complementario para los trabajadores de la industria periodística y en la ley 17.449 que ampara a quienes estuvieron en la clandestinidad y el exilio, a la que dedicó en el último período un esfuerzo sostenido.
Nunca lo abandonó el interés apasionado por su patria de nacimiento, antes y después de la reunificación. Se vinculó estrechamente al PSD y a la Fundación que lleva el nombre de Rosa Luxemburgo, la magnífica revolucionaria sobre la cual disertó en varias ocasiones, destacando su trabajo sobre la revolución rusa y su polémica con Lenin. Estos temas nutrieron sus análisis en la columna internacional que compartimos en LA REPUBLICA, y en otras publicaciones. Recientemente viajó a New York, en la última visita a su hermana, y luego a Berlín donde –nos decía Rosita, su compañera– no paró un minuto, visitando compañeros y participando en manifestaciones contra Bush.
Se nos va en plena actividad a los 80 años cumplidos, siempre fiel a sus ideales. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad