Con elecciones anticipadas en el horizonte

En las últimas semanas el gobierno del doctor Jorge Batlle ha asido con firmeza el timón y lo ha meneado con redoblada energía. No hay vacilaciones, titubeos ni medias tintas. Tampoco hay decisiones híbridas que lo sean como resultado de una transacción con las fuerzas opositoras. Más bien a estas últimas, el estilo de conducción nacional ha tendido a confinarlas a las galerías donde mueren las protestas, todas las iniciativas.

Este ejercicio enérgico y a la vez legítimo del gobierno se ejerce con contundencia sobre la sociedad. El elenco no empezó ayer sino hace dos años y medio. Ya pasaron largamente los cien días de «estado de gracia» que todo público concede a los recién llegados a las salas de mando del gobierno nacional. El gobierno ha optado, contra la opinión y sin diálogo con la oposición. Los resultados son ahora conocidos. Ya no se trata del anuncio de intenciones. Lo que se quería hacer se ha hecho o se está haciendo. La prueba del pastel es comercio, solía decir un viejo maestro del socialismo alemán. La prueba de los méritos y beneficios que aparejan las políticas del gobierno están ahí; serenas, palmaria y definitivamente claras: estancamiento y recesión, desocupación y precarización del trabajo, migración, marginalización, aumento de la violencia y la inseguridad pública.

Y de la misma manera que el gobierno fuerza la mano de los mecanismos legales y constitucionales para realizar una política impositiva predatoria y una política cambiaria que castiga a amplios sectores populares, para la oposición quedan abiertos los caminos que el propio sistema institucional prevé.

En la situación actual ese camino no es otro que el de crear las condiciones parlamentarias para censurar al ministro de Economía.

Más allá de las consideraciones que se puedan hacer sobre las condiciones personales del ministro –en la vida política de una formación republicana esa zona es una cuestión de otro orden– nadie duda que el contador Alberto Bensión es la personificación misma del ejercicio del poder sin contemplaciones, de la aplicación de un recetario (fabricado en el exterior) de fórmulas que –contemplando las necesidades del gobierno y del sector bancario y financiero de la economía– se desentiende, tras una trinchera retórica también de origen importado, de las consecuencias sociales y de la imperiosa necesidad de impulsar la reactivación del aparato productivo nacional. Tal como surge de las expresiones del presidente del Frente Amplio-Encuentro Progresista, doctor Tabaré Vázquez, los parlamentarios de la oposición se proponen lograr la censura parlamentaria del ministro. Los anuncios expresan además el convencimiento de la oposición de la necesidad de agotar los pasos parlamentarios destinados a colocar al gobierno del doctor Batlle en la disyuntiva de cambiar al ministro (y a sus políticas) o enfrentar la circunstancia de un llamado a elecciones parlamentarias anticipadas. El planteo es absolutamente legal, está incorporado al texto constitucional y es el corolario lógico de una dinámica política impulsada por el gobierno y el ministro, que consiste en buscar la confrontación, desoír los reclamos e ignorar las alternativas. La eventual realización de elecciones anticipadas no sólo es legal. Todo parece indicar que, además de legalmente posibles son, desde el punto de vista de la democracia, altamente convenientes. Producir para el sistema político y para los partidos representados en el Parlamento una instancia de oxigenación y cambio, acercar de nuevo a los titulares de las cámaras parlamentarias a la ciudadanía y someterse a su voluntad soberana parece ser un camino de tonificación de la democracia y fortalecimiento de la ciudadanía. Las recientes elecciones internas del Frente Amplio han demostrado hasta qué punto estas instancias son estimulantes y benefactoras. *

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