Vaya a verla, no se la pierda
CARLOS BOUZAS*
Me refiero a la película uruguaya «Corazón de Fuego», actualmente en cartelera. Y mire que yo no me meto a crítico de cine ¿eh? La recomiendo simplemente desde el ángulo de ciudadano comprometido (militante, digamos) con la suerte de nuestra gente, desde todos los puntos de vista posibles.
Alguien le podrá objetar por qué, si es una película uruguaya, los papeles principales fueron acaparados por artistas argentinos. Yo no lo sé; supongo que serán las condiciones de un contrato donde participan empresas españolas, argentinas y uruguayas. Pero eso no quita que reconozcamos que los actores asumen con mucha personalidad y compenetración, un libreto que es intrínsecamente uruguayo desde el principio hasta el final. Los comportamientos son uruguayos: Por la humildad y firmeza de los procederes de tres veteranos con ricas historias propias. Por la confianza y decisión en llevar adelante una empresa utópica, sabiendo que en la derrota también se triunfa, si se siembra. Porque hay tráfico de influencias solapado para la mayoría, pero abierto y desenfadado para los que están cerca. Porque hay coimas que vencen a los mismísimos tráficos de influencia. Porque hay autoritarismo encubierto, así como solidaridad silenciosa, desinteresada y auténtica.
Y, por último pero no por ello menos importante porque ese paisaje verde, ondulado y con pocos árboles, esas estaciones de ferrocarril desvencijadas, desoladas y casi desiertas, esas escuelas de campaña al costado de la vía del tren que ya no pasa, esa belleza del Valle Edén tacuaremboense y esos talleres detrás de la cancha de Racing por donde parte rauda y orgullosa la locomotora robada; todo eso es entrañablemente uruguayo. Otro asunto es el que refiere al «mensaje» manifiesto en la popa de la locomotora mediante una sábana blanca con letras negras: «El patrimonio no se vende», tan actual para los momentos políticos que vivimos, sobre todo en estos días en que se ha confirmado que alcanzamos las firmas necesarias para defender Antel, pero el Presidente no se inmuta y arremete con una propuesta de vender hasta la dentadura postiza.
El director del filme ha dicho defendiéndose de presuntas acusaciones que yo no he leído ni escuchado que su obra no es panfletaria, que esa no ha sido jamás su intención. Y yo le creo. Pero creo también usted y él deberán coincidir conmigo que el autor no es el dueño de la obra. Una vez que ella nace y llega al público tiene vida propia. Una vida que dependerá de la comunicación que la obra logre con el público.
Y yo le puedo asegurar que cuando usted vea la película se sentirá identificado con ella, porque reivindica esa lucha de todos los días, pacífica, democrática, de cara a nuestros iguales, que se puede hacer, ya sea levantando firmas para un referéndum, organizando una olla popular, una policlínica barrial, o secuestrando una locomotora para que no se la lleven al extranjero.
Alguno de los múltiples personajes que aparecen en la pantalla, será usted mismo. *
* Militante del Frente Amplio
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