En medio de las turbulencias, los ricos son cada vez más ricos
En los últimos días las devaluaciones estuvieron en la orden del día de varios países latinoamericanos.
Al parecer, una parte considerable del fenómeno se origina en la persistencia de la crisis argentina y la prensa de este país ha venido insistiendo en la existencia de un «contagio» latinoamericano con lo que pone el énfasis en la responsabilidad de las autoridades monetarias internacionales en la inestabilidad que sacude a la región.
A la vez no debe perderse de vista la existencia de una fuerte presión externa sobre la economía brasileña, que ha llevado al alza incesante de llamado «riesgo país», ya casi en los límites de lo soportable, como resultado inaudito de la publicación de los sondeos de opinión que siguen colocando a Luiz Inácio «Lula» Da Silva como el candidato con más apoyo para la elección presidencial de octubre próximo.
Los efectos de esta extendida inestabilidad cambiaria son más o menos similares en toda América Latina: retraimiento de las inversiones, incertidumbre en el sector productivo, inseguridad laboral, crecimiento de la desocupación, el trabajo precario y la marginalidad.
Las responsabilidades de los organismos internacionales con relación a estos extremos es evidente.
Como ha comentado en estos días un editorialista del diario porteño Clarín: «… cuando las demandas de disciplina económica que hace el FMI y los mercados se agoten, quizás sólo les quedará exigir compromisos que afecten las libertades y las garantías propias de la democracia. En Brasil condenando a Lula, o en la Argentina asegurándose de alguien que controle o suprima la protesta que genera el creciente disgusto social. La reasignación compulsiva parece ser la política que, en este caso, el FMI ama apenas un poco menos que la ortodoxia fiscal».
En este contexto vale la pena preguntarse ¿adónde va América Latina? ¿Cuál es el desarrollo previsible de un continente cuya economía marcha de acuerdo a las pautas que indican los organismos internacionales?
Vale la pena asimismo incorporar alguna información aportada por fuentes absolutamente insospechadas de cualquier pensamiento crítico hacia el capitalismo.
Por ejemplo, según el Informe Mundial sobre la Riqueza realizado anualmente por las firmas Merryll Lynch y Cap Gemini-Ernst & Young, este año hay 280.000 personas con más de un millón de dólares en activos, las llaman HNWI (High Net Worth Individuals).
El informe, que en otras épocas hasta podría haber sido prohibido por «incitar al odio de clases» sostiene que este año ese sector de la población latinoamericana concentra hoy 3.500 millones de millones de dólares (3.500 billones). Y esto es un 8% más que lo que poseía el año pasado.
Según el informe de la «prestigiosa» consultora, la riqueza acumulada por los millonarios latinoamericanos aumentó un 275% desde 1986.
El provocativo informe dice además que el aumento de la riqueza de los millonarios latinoamericanos, en un 13 %, superó la media global mundial, superando a la tasa de enriquecimiento de los millonarios norteamericanos y de los millonarios europeos y hasta de los asiáticos que «sólo» aumentó en un 7.1%
El informe de la Merryll Lynch y sus socios incluye esta siniestra paradoja: los ricos latinoamericanos han demostrado tener una gran habilidad para acumular dinero, incluso en épocas de crisis.
La lectura de estos datos es una prueba aleccionante y terrible. Nos da algunas pistas claves, además, para entender la tremenda resistencia al cambio de las clases conservadoras latinoamericanas.
Los tiempos aciagos para las grandes mayorías latinoamericanas son, para algunos sectores privilegiados, de esplendor, aumento del poder y de la riqueza. Siendo así, ¿por qué habrían de cambiar? O , peor aún, siendo así ¿por qué habrían de aceptar los cambios? ¿Sólo porque la mayorías los anhelen? *
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