Montevideo, el Partido Colorado y el futuro intendente
JORGE AZAR GOMEZ
Montevideo es una ciudad que se ha desarrollado violenta y anárquicamente. Cuando empezó a cambiar su rostro e inició su expansión explosiva, no se tomaron las previsiones necesarias (no hubo planificación con amplia visión de futuro) para que el proceso de su desarrollo se encauzara hacia una línea armoniosa y racional. Es decir, no hubo ni orientación ni control de su crecimiento.
El resultado es que tenemos hoy una ciudad con más de un millón y medio de habitantes que viven al borde de la alienación por la ineficacia de los servicios municipales, arrollados por el torbellino citadino, cimbrados por el peso de la urgencia de los cotidianos quehaceres, atosigados lenta, pero inexorablemente, por una contaminación desenfrenada.
Es el Montevideo inhóspito, peligroso y desquiciador. Es el Montevideo del cual un intendente suyo, asustado quizás ante la magnitud de los problemas, afirmó que se trataba de «una ciudad ingobernable». Lo que pasa es que se trata de una ciudad-reto que no ha tenido todavía la fortuna de contar con un intendente con coraje, con audacia, entregado más al trabajo que al figurar en los medios de difusión, más al servicio de la comunidad que de los propios amigos; un intendente a quien no le tiemble el pulso a la hora de tomar decisiones enérgicas; un intendente que en vez de maquillarle el rostro a la ciudad combatiera a fondo su desafiante problemática.
Montevideo es el espejo de Uruguay, el cerebro de Uruguay y , hasta cierto punto, el corazón de Uruguay. Montevideo reclama una visión audaz. Es audacia y coraje y es visión lo que le ha faltado a sus ultimos intendentes. De allí que sus males se agravaran y se multiplicaran con el tiempo hasta llevarlos a los extremos actuales: dramáticos, desesparantes, alienantes.
Para esta ciudad-reto, para esta ciudad amada y repudiada, cautivante e irritante, se debe concebir un programa de gobierno realista y audaz, sin que exista una pizca paradojal en esa doble y simultánea calificación.
Hemos vivido el desarrollo sin conservación, luego se aplicó la conservación sin desarrollo, y hoy no tenemos ni desarrollo ni conservación. Hay que establecer la armonía entre el desarrollo de la ciudad que crece y los recursos naturales que hay que mantener y enriquecer.
Hay que armonizar esos dos conceptos, conservación y desarrollo, para la ocupación del espacio, para humanizar a Montevideo, para hacerlo deseable, más hermoso, más cautivante, sin artificios, sin maquillaje.
Las definiciones acumuladas en la insatisfacción de las necesidades más sentidas de los montevideanos y las necesidades básicas del crecimiento de la población requieren definir como premisa fundanental de toda estrategia, la de ganarle el control al crecimiento de la ciudad en el próximo periodo.
Será esta la clave para la desconcentración de la ciudad, para la creación de nuevos centros urbanos y áreas inmediatas y para el mantenimiento, mejoramiento y ampliacion de los servicios públicos. Porque lo cierto es que los servicios públicos son una calamidad. Por ello hay que empeñarse a fondo en hacerlos verdaderamente eficientes. Pero si no se tiene un control del crecimiento capitalino, de nada valdrían los esfuerzos ni las inversiones.
¿Y el desarrollo urbanístico? El programa del Partido Colorado debe ser igualmente ambicioso en este campo. Debe apuntar a la transformación total y absoluta de la ciudad, y a la construcción de nuevas arterias de importancia fundamental, a la ampliación de las avenidas existentes y la construcción y reconstrucción de numerosas calles y avenidas para mejorar la fluidez del tránsito.
En materia de viviendas, también deberá estar presente la audacia. Audacia que va desde el empeño de transformar el rancho misérrimo en casa higiénica y la sustitución de los cantegriles y los asentamientos ilegales por urbanizaciones populares modernas y seguras.
Sin su chocante cinturón de ranchos, reemplazados estos por casas dignas dotadas de todos los servicios; sin las tremendas y enloquecedoras «colas» del tránsito, sin las calles llenas de pozos, con los servicios públicos funcionando como debe ser, y con la ciudad embellecida por muchos parques, Montevideo volverá a ser hermosa y grata. Será la ciudad deseable.
Por todas estas urgencias y muchas más, es que el Partido Colorado debe nominar, sin más demoras, al candidato único a la Intendencia de Montevideo para las próximas elecciones sin recurrir a fórmulas pasadas y perdedoras, con su respectivos suplentes y equipo técnico, para que trabajando desde ya, a tiempo completo, sin realizar campaña política, hagan un profundo relevamiento de las necesidades de la ciudad, recorran sus barrios, conozcan a sus vecinos, sepan de sus necesidades y conformen un audaz y realista programa de gobierno para transformar Montevideo, sacarlo de la crisis y echar las bases de un futuro de grandeza; y hacer de Montevideo, la capital deseable para todos y presentarle a los electores, en tiempo y forma, un concreto programa de gobierno para las próximas elecciones, pues va a ser responsabilidad del Partido Colorado gobernar en el futuro el departamento de Montevideo, y no va a ser con un candidato y un programa presentado el último mes. La ciudadanía lo pide y la crisis lo exige. *
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