Caza de brujas
La crisis económica que nos abruma se suma, con una continuidad dolorosa, a la que se observa en el mantenimiento de los basamentos éticos sobre los que se debe asentar una sociedad. Queremos introducirnos en este tema, con tantas aristas contradictorias, ya que nos enfrentamos a una situación de flagrante hipocresía, que está sirviendo para castigar a dos funcionarios bancarios acusados de ser responsables de la violación del discutible secreto que ampara a esa actividad.
Sin adentrarnos en la labor de los sumariantes y sin manejar puntualmente los elementos legales que se deben tener en cuenta para concretar una acción de esa envergadura, en primera instancia es casi evidente que las «cabezas» de los dos bancarios rodarán con el fin implícito de acallar un escándalo que tiene relación también con otros hechos que envuelven a la misma situación.
De la denuncia del semanario «Brecha» surge otro hecho, más allá de la violación del secreto bancario: la utilización de «información privilegiada». Los tres legisladores colorados y el funcionario del Ministerio de Economía y Finanzas, que «movilizaron» sus depósitos, según lo publicado, utilizaron «información privilegiada» que no está disponible para los otros ahorristas.
Este tema, por supuesto, no fue puesto sobre el tapete. Ahora se conoce que varios jerarcas del mismo Banco de la República, también retiraron su dinero más que intranquilos por la situación y, obviamente, por los pujos contrarios al interés nacional que se producen cada vez que hablan el presidente Batlle o el ministro Bensión.
Tampoco se investigó una situación similar que se había concretado unos días antes, en otro banco oficial. El propio presidente de esa institución no solo denunció ante Batlle la presunta «claudicación ética» de los jerarcas de esa entidad, sino que los nombres de los mismos fueron manejados con total «indiscreción» y, obviamente, ganaron los titulares de la prensa. ¿En ese caso, no se produjo también una clara violación del secreto bancario?
La virulenta «caza de brujas» se desató cuando la noticia adquirió ribetes políticamente escandalosos. Se trataba de una «claudicación ética» de cuatro personajes vinculados directamente al gobierno. Tres de ellos, los políticos, que han levantado sus manos en el Parlamento ante todas las propuestas de ajuste elevadas por Bensión a cuenta del FMI. También en el embrollo estuvo metido uno de los ideólogos del más duro neoliberalismo, que permanentemente asesora al Ministerio de Economía, destacado por sus ideas sobre la privatización de la salud, proponiendo para este sector la tremenda premisa de «quien más paga, más obtiene».
Pero hay más hechos. Todos sabemos de la existencia y circulación de listados de personas que han retirado sus depósitos, algunas de los cuales fueron entregados también al propio Batlle.
Con la suma de estos antecedentes se hace evidente que el directorio del Banco de la República, en el caso puntual de la acción de los políticos colorados, está intentando tapar el sol con un dedo, iniciando una acción que no debe ser admitida por ningún oriental. Una evidente caza de brujas que es lo último que faltaba en este país, el de la dispendiosidad de los contratos de obra y servicio, el de las pérdidas millonarias como las que tiene Ancap por sus negocios ruinosos en la Argentina, el de las «coimas» y las licitaciones arregladas, etc.
Una demostración de niveles inéditos de hipocresía. *
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