Ancap versus Banco de Seguros
LEOPOLDO AMONDARAIN
Nadie puede negar los beneficios que el Banco de Seguros le ha redituado al país. En caminería rural y urbana, en obras edilicias, no sólo las más visibles de la diagonal Agraciada y centro, sino en los bloques múltiples en todas las ciudades del Interior, las obras en materia de sanidad incluyendo un sanatorio modelo, forestaciones y protección a los trabajadores no sólo en materia de seguridades directas sino también en múltiples rentas por accidentes con incapacidades que llevan por lo menos la tranquilidad económica al usuario y a su familia, las seguridades y defensas de los bienes y servicios a la ciudadanía, etc. Todo queda en el país.
Por cierto, en 90 años de existencia se deben superar muchos errores y vicios propios de toda obra humana. La perfección es imposible. Pero el «pobrecito» y tan vilipendiado Banco, que no es de nadie en particular y de todos en general, como parte de un todo que es el Estado, ha hecho y hace lo suyo.
La Ancap es otra parte de ese todo que es el mencionado Estado. Y este prólogo viene al caso, pues cuenta la historia que existía una disposición legal por la cual todos los bienes del Estado debían ser asegurados directamente –sin comisiones– en el Banco de Seguros.
Razón lógica hasta propia del doctor Perogrullo. Si dentro del Estado hay un organismo asegurador, aunque para sus críticos fuese caro, que no lo es, y por allí se pudieran encontrar precios mejores en el extranjero «gringo», todo queda, sea por un lado u otro, como parte del todo, dentro del Estado.
Nadie mejor que el propio Estado para defenderse a sí mismo. Rompe los ojos. Pero hete aquí que sorpresivamente la señora Ancap, según trascendidos, decide el año pasado ante la derogación de la disposición mencionada, y ley de presupuesto mediante –inconcebible–, contratar una «consultora» de origen aparentemente extranjero.
Muy conocida en nuestro mundillo asegurador. Hija dilecta del imperio de la muy vieja Reina Victoria que representa reaseguradoras de igual origen, como es obvio. En primer lugar, llama la atención que la Ancap «contrate» una consultora extranjera por más acreditada que en el país esté, y que también es obvio no trabaja gratis. O sea, debo concluir que ese contrato «consultor» es pago en suculentos emolumentos «rubios» gringos. ¡Dólares! Si la Ancap quería asesoramientos, ¿no era más lógico, económico y justo ahora que estamos en régimen de restricciones necesarias, que le hubiesen pedido a la otra parte del «todo» que es el Banco de Seguros un asesoramiento, que posiblemente hasta podría presumir fuese gratuito? Hubiesen sido dólares que quedarían en casa y no regalados «generosamente» al particular o al extranjero. Bueno es señalar que el contrato a la empresa asesora de marras, Goddard SA, se habría hecho según parece sin llamado a concurso. Sospecho que el viejo Tocaf (Texto ordenado de contabilidad y administración financiera), quedó como la guitarra del tango, «colgado en el ropero». Obviamente Goddard SA carece de culpa de que la eligieran y en la forma que según dicen se hizo. La responsabilidad es de los que la eligieron. Y acá viene el segundo punto que puede ser tachado de «pintoresco».
La consultora, dentro de sus funciones, recomienda hacer un llamado a precios cerrado para tres empresas, excluyendo precisamente al Banco de Seguros que hacía 70 años aseguraba a la Ancap y es además parte del Estado. Brutal.
El Tocaf seguía colgado en el ropero y diría que hasta «apolillado». Y ¡sorpresa! La empresa reaseguradora elegida fue una inglesa AON cuya representación en plaza es a la sazón, la empresa Goddard SA elegida libérrimamente por Ancap. ¡Qué casualidad! ¡Qué coincidencia! Siempre sobre lo trascendido y hasta ahora no desmentido, la consultora le cobra el 3% del contrato a Ancap y como la representante de la internacional AON un 8% adicional.
Resumiendo, la bonita suma de U$S 1.800.000 que Ancap paga de más por negarle al Banco el seguro propiamente dicho, con una cobertura algo menor, sumado el asesoramiento que hasta podría ser, insisto, gratuito. De esos U$S 1.800.000 que Ancap paga de más, los asesores se llevan U$S 600.000 de «comisionista». ¡Qué bien me vendría a mí que tengo siete hijos y cuatro nietos! Pero, no soy gringo! ¡Qué lástima!
Bueno es también aclarar, que el seguro que se le quita al Banco no es precisamente el del «cachilo» dominguero familiar ni la casita en la Costa de Oro. El seguro de Ancap es de un monto de U$S 900 millones de dólares que engloba en forma completa un presunto siniestro del ente. Se puede asegurar que es uno de los más grandes del país.
También es útil deducir que si esa disposición que aseguraba obligatoriamente que los bienes del Estado fuesen asegurados sola y puramente en el Banco ha sido derogado ley de Presupuesto mediante, lo que pasó con Ancap mañana se puede repetir en todos los demás entes, UTE, OSE, puertos y aeropuertos, aduanas, municipios, etc.
¡Cuánta gente «pobre» extranjera se podrá transformar en «rica» gracias a la generosidad del Estado Oriental al matar al Banco de Seguros! Un invento no sólo original, sino también muy inteligente de los políticos uruguayos. Se cuenta que esta situación le fue planteada al ex banquero y hoy ministro Bensión, acertadamente por el Directorio del Banco, alarmados con justas razones.
Supongo que Bensión se lo debe haber planteado a don Jorge. Padres de la coalición y del «ajustazo» reciente del que no se salvaron ni las románticas flores ni las modestas verduras y frutas.
Salvo que entre las recomendaciones del FMI esté la de privatizar o matar al Banco de Seguros; algo nada improbable. Supongo que deberían tomar medidas en defensa del pobre «abuelo» que cumplió 90 años defendiendo al país y al que muchos antinacionales y vendepatrias lo quieren liquidar. *
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