El viraje a la derecha: un camino sin retorno

JORGE CROCE

 

Hemos intentado, con los primeros cómputos de las internas, esbozar una explicación muy personal, y seguramente polémica, de un hecho que ya en ese momento las hacía objeto de destaque, y que se ha afirmado definitivamente con el recuento de los votos observados. Es el crecimiento electoral del MPP609, bajo la batuta del Pepe Mujica, en detrimento de los grupos integrantes de la denominada Triple Alianza (E90, VA, AU).

En esa instancia, tratábamos de explicar el fenómeno en lo que definíamos como un corrimiento «hacia la derecha», dentro del espectro de los grupos frentistas, en lo que calificamos ahora como la acción de una fuerza centrípeta. Ello permitió al MPP609 captar a los disidentes, votantes potenciales de otros momentos, pero no definitivamente cautivos, de los grupos de la TA.

Pero el efecto no hubiera sido cuantitativamente tan importante si, al mismo tiempo, no hubiera habido un corrimiento de sentido contrario, «hacia la izquierda», del espectro de votantes, apremiados por las circunstancias coyunturales de la crisis y el deterioro creciente de la situación económica y social de la gente.

Este segundo corrimiento, que definimos como la acción de una fuerza centrífuga, de sentido contrario (disparada hacia la izquierda buscando en el FA la tabla de salvación), ha mostrado una cierta aproximación, vista como decepcionante, con los sectores del gobierno rosado.

Habiendo evaluado, creemos que suficientemente, en nota anterior, el tema de la fuerza centrípeta y la captación de votantes, dedicaremos ahora los comentarios a lo que, al estilo de una televisiva estampida de «nius», llevó a los ciudadanos, a «adherirse simultáneamente», claro que sin ningún compromiso más que el nacido de la coyuntura «salvesequienpuedista», constituyendo una inestable masa de votos no ideológicos, de muy peligroso devenir.

Entre los «nuevos» (?) adherentes se cuentan, además de los frenteamplistas egresados del padrón original, por motivos económicos y de otro tipo, jóvenes, clase media y «pobrerío» (según la jerga despectiva que suele utilizarse en el ámbito político).

Todos ellos con distintos tipos de necesidades, en diferentes escalas de «indigencia» y de tipo de necesidades insatisfechas, unidos por un sentimiento común: el FA es, al parecer, el último ómnibus en una fría noche de paro. Hay que subirse a esa posible tabla de salvación, para no hundirse en este Titanic que conduce Jorge Batlle.

Y eso ha sido tradicional en el FA: la «gente» ha formado mayorías efímeras a la vera de distintos «caudillos» que le han encandilado desde las tiendas de soluciones posibles, para luego abandonarlos por motivos fundados. Estuvieron, como hegemónicos de turno, el PCU, Batalla y la 99, Couriel y la VA, Astori y la AU, el PS.

Ahora es el turno del MPP609, contando con la carismática figura del «Pepe».

Pero el corrimiento «hacia el centro» de los grupos mencionados, fuerza centrípeta mediante, los ha hecho quedar, a algunos más que otros, desfasados con los votantes, reubicados transitoriamente, estampida centrífuga mediante.

Y aquí se da un fenómeno muy especial.

¿Qué pasará con ese giro hacia la derecha de los grupos mencionados?

Nos dice el «Pepe» Mujica (1), opinión por demás autorizada que nos releva de prueba, «(…) el centro siempre es vacilante y compone la mayoría de la sociedad (coincide con nuestra hipótesis). Elegí bien la palabra: arrastrar, es decir, influir para atraerlo un poco. Nunca lo va a atraer totalmente (no es un voto ideológico). Tampoco el centro lo va a dejar ir porque lo que atrae (al grupo político), retiene».

O sea que ese viraje a la derecha es, como dice el título de tal nota, un viaje sin retorno.

Las posibilidades de que el FA llegue al poder, más por los horrores del rosadismo verdoso (dijera don Verídico) de la derecha neoliberal hacen presagiar una dificultad extrema de conducción para intentar reflotar un calafateado Titanic.

Corresponde aquí preguntarse quién puede pensar que este país es capaz de transformarse en productivo si al mismo tiempo se decide cumplir con los compromisos con el FMI, tal como planteara Tabaré en su última oratoria masiva.

Para hacerlo más gráfico, con una producción aniquilada, un PBI galopantemente decreciente, y una deuda externa impagable, aumentada ahora en 3.000 millones de dólares de préstamos potenciales, que según ya se sabe y se ha dicho, no se dedicarán a la reactivación productiva, lo que significa una hemorragia incontenible dedicada al pago de los servicios de la susodicha, y por tanto una función creciente, de tipo exponencial, también de carácter galopante, ¿cuánto falta para que ambas curvas se crucen?

Es lo que los tecnócratas denominan «default» y los jueces de box llaman «no va más» provocando el retiro del vapuleado.

Y la pregunta se viene:

¿Habrá que esperar a llegar al estado en que De la Rua, o Duhalde (da lo mismo) expresaban que ahora no iban a (poder) cumplir con el pago de los servicios de la deuda porque ya no tenían un «público» dólar?

Ni siquiera para intentar una reactivación.

Repito la interrogante, en otros términos más gráficos.

¿Vamos a esperar a no tener gallina para entender que parte de los huevos los tenemos que dedicar a la reactivación de la producción?

Porque sin gallina, no habrá huevos. Ni para regalar, ni siquiera para comer. Los intereses foráneos del FMI, tratando de darle al sistema financiero, que es lo único por lo que (des) vive y preocupa, para seguir succionándonos la yugular, han ofrecido el oro y el moro, para realizar lo que también en términos tecnocráticos se denomina «blindaje». Es decir, una cierta seguridad de respaldo para asegurar el funcionamiento del sistema financiero. Y nada más.

Es estirar la agonía de este gobierno obsecuente, para permitir que llegue a la «Estación Central».

Si el FA llega al gobierno, con un país más fundido, tendrá un plazo perentorio puesto por la gente, quizás no más de tres meses, para realizar el milagro.

A partir de ahí, los mismos que hoy vinieron a adherirse en forma tan solícita para votar, serán los primeros en salir a la calle a pedirle cuentas por lo que no se haga. Ojo, que es sólo una hipótesis de trabajo. Una posibilidad. Pero convendría ir pensando cómo se puede evitar que ello ocurra. Nos va la vida, como uruguayos.

(1) Reportaje de Búsqueda 30.5.02 pág. 12 *

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