¿Por qué tanta perversidad?

¿Qué se pretende con la profundización de esta política propia de un neocapitalismo salvaje? ¿Es posible que el gobierno crea que por el camino, reiterado, del empobrecimiento general se puede llegar a la ansiada reactivación?

Ríos de tinta han corrido al analizar este tema y las palabras se han reiterado muchas veces para explicar que el plan económico del gobierno, apuntalado por el Fondo Monetario Internacional, desembocará en una profundización de la crisis y en una espiral de caída que pondrá al país en una situación inédita.

¿No alcanzan, acaso, los indicadores económicos para determinar que el camino emprendido es el menos favorable y que de persistir la pobreza abarcará a cada vez más uruguayos con lo que ello significa para la sociedad?

Desde estas páginas hemos reiterado hasta el cansancio que la crisis uruguaya tiene dos características: está vinculada a problemas estructurales del país y a un ciclo económico negativo que es producto de una política económica retardataria, además de tener un fuente contenido antinacional. Es evidente además que sin quebrar el ciclo económico negativo, para lo cual hay que reactivar la economía, no se puede encarar la solución de los problemas estructurales, entre ellos la sobredimensión de la banca, sector que quedó fuera de escala luego de quebrarse la funcionalidad que tenía con la Argentina.

Pero lo grave es que el gobierno quiere continuar en el mismo camino, ahora empobreciendo al límite de lo imaginable, a la administración pública. Será por intermedio de la Rendición de Cuentas o de otra ley de urgencia, pero con la medida se achicarán partidas para Salud Pública, sin tener en cuenta que hay hospitales del interior al borde del colapso por falta de medicamentos, a la enseñanza, donde no se crea un solo cargo de maestro mientras se incrementa la deuda externa en base al derroche de los contratos de obra y servicio, como si fuera dinero de libre disponibilidad. También se sancionará, quién sabe con qué recortes, a las empresas públicas, intentando que los trabajadores puedan ser despedidos. Gracias a la política económica, a jugar continuamente al achique, estas empresas han visto achicar sus ingresos vía aumento de la morosidad y reducción del consumo (ver caída de venta de combustibles, de utilización de energía y reducción de las comunicaciones) Obviamente, casi como una necesidad ideológica, también se castigará a la Universidad de la República sin tener en cuenta que el nivel de la educación superior caerá a niveles tan magros como los que ofrecen algunas seudouniversidades privadas. Tampoco tendrán en cuenta que una de las formas de medir el progreso de un país –claro, ese es un concepto del primer mundo– está en hacerlo por el desarrollo de la investigación científica.

El ministro Bensión, bien sabemos, opina que está bien que la tierra purpúrea de que hablaba Enrique Hudson debe ser abandonada por los jóvenes y los no tan jóvenes, simplemente para subsistir. No le importa que la política que impulsa el gobierno haya determinado la mayor ola emigratoria de la historia, muy superior a la que se produjo durante la dictadura.

No advierte que el Uruguay se está convirtiendo en un país sin destino, al que sólo le falta la última y definitiva expresión de la política globalizadora. Enajenar al capital extranjero las empresas públicas, que hasta ahora han sostenido el erario con sus millonarios aportes. La política económica pretende que esa situación de privilegio de empresas como Antel, Ancap y UTE sea usufructuada por el capital extranjero y sus beneficios sean acumulados en otra zona del mundo.

Todos los uruguayos deberíamos preguntarnos el porqué tanta perversidad en una política económica.

Aunque la respuesta ya la sabemos. *

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