Es sabio pedir consejo

JOSE LUIS GUNTIN*

 

Es increíble cómo uno se entera de las cosas cuando éstas empiezan a funcionar mal.

Nadie se percata de que tiene un hígado hasta que éste comienza a doler. Lo mismo pasa en la economía, esa maraña virtual que domina al mundo y a nuestras vidas. Durante mucho tiempo, los uruguayos no fuimos conscientes de cómo aumentaba nuestro endeudamiento externo y para peor, en los últimos cuatro años, retrocedía pronunciadamente el nivel de actividad. Una combinación letal. Estábamos signados irremediablemente al abismo en el que hemos caído y nadie nos lo advirtió. Todo lo contrario, desde los oráculos económico-oficialistas se decía que todo iba bien. No sabíamos, en aquellas épocas, cuál era nuestro «riesgo país»; ni siquiera conocíamos esa expresión.

Tuvo que venir la debacle de la Argentina para que todos estos males salieran a relucir. Nos enteramos de qué significaba esa extraña expresión «riesgo país» por la información desde la Argentina, hoy somos nosotros los que hemos superado los mil puntos. Una línea a partir de la cual comienza a tintinear una luz roja que abajo dice «default». Entonces esa economía necesita de un «blindaje», gracia que en el mundo actual sólo otorga el FMI.

Uruguay ya ha recibido ese respaldo crediticio que hoy se lo conoce con ese término de cerrajero. ¿Se puede blindar la economía de un país como si fuera la puerta de la caja fuerte? Lamentablemente no. Ni siquiera el cuasi todopoderoso FMI puede poner una economía a resguardo por mucho tiempo. Quienes verdaderamente mandan son los mercados financieros, donde se cotizan los bonos de deuda pública de ese país. Allí se decide finalmente cuánto es la tasa de riesgo de esa economía, el veredicto inapelable.

Por eso la euforia fue tan fugaz. No duró siquiera una semana. A los pocos días de otorgado el blindaje y votado el ajuste, los bonos uruguayos volvieron a caer y nuestro «riesgo país» volvió a traspasar la fatídica marca de 1.000. El calvario sigue siendo el mismo; sólo hemos tenido un breve respiro en nuestra agonía. No hay que olvidar que en Uruguay los procesos siempre son más lentos, también nuestras agonías.

El horizonte económico sigue siendo negro, se mire por donde se mire. Los números son pavorosos y peor es la realidad que nos rodea. El Fondo Monetario Internacional con sus recetas no nos sacará del pozo en el que nos encontramos. Son muy escasos los países que han despegado siguiendo los consejos del FMI, y éstos suelen ser de efecto recesivo en la economía que se aplican.

La conclusión es que el único impulso que nos puede ir sacando de la depresión en la que estamos es el que venga de nosotros mismos. Esto es lo primero que nos tiene que quedar claro. Si esperamos que el salvador venga de afuera, continuaremos cayendo por la fuerza de la inercia. Pocas cosas hay tan difíciles de revertir como una situación recesiva.

Cuando una economía cae en recesión tiene que realizar cambios. No puede seguir insistiendo con más de lo mismo. No sería una actitud inteligente persistir en un rumbo cuando éste no ha dado buenos resultados. Tampoco por ello uno va a cambiar las políticas a lo loco. Modificar por el solo hecho de cambiar. Esa tampoco es una actitud inteligente. El preámbulo del cambio tiene que ser la reflexión profunda y desapasionada.

La economía no es una ciencia exacta como la Física o las Matemáticas. Ello se debe a que entiende en procesos relacionados con la conducta humana y ésta no es predecible. Pero eso no quiere decir que sea una ciencia oculta, accesible sólo para iniciados o un dogma revelado a los elegidos.

Siempre he pensado que cuando uno tiene dificultades más que nunca debe reflexionar profundamente sobre las acciones posibles para sortear esos problemas. Más que nunca deberá apelarse a lo mejor de la inteligencia que se posee para reencauzar el rumbo. Y esto es lo que nos sucede. Para poder empezar a solucionar un problema, uno primero debe admitir que lo tiene. Sin sinceramiento no es posible revertir una situación adversa.

¡Y vaya si estamos en una situación adversa! Todos tenemos que admitirlo para poder enfrentarlo. El gobierno debe admitirlo. De esta encrucijada no saldremos por la iluminación de un jerarca.

Tenemos que poner a nuestras mentes capaces y brillantes a trabajar en el tema. Es hora de constituir el Consejo Superior de Economía, como lo prevé nuestra Constitución. Las circunstancias lo ameritan y lo aconsejan largamente. *

* Ex director del Sodre

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