Por qué nos duele la Patria

EDGAR BELLOMO*

 

El Uruguay vive  sigue viviendo, a pesar del «alivio» que según la coalición gobernante le significara la votación del nuevo ajuste fiscal– horas muy difíciles. Si para muestra bastara un botón, pregunto: ¿por qué el gobierno anuncia que el «medio» aguinaldo lo pagará en dos meses diferentes? Y no ingreso siquiera en la consideración del incumplimiento de la ley vigente, que es todo un tema por sí solo.

Volvamos, a pesar de la gravedad del anuncio, al marco general del país y el momento que atraviesa.

Tal vez, el más penoso desde el punto de vista económico, en toda su historia contemporánea.

Lo más preocupante resultan ser las perspectivas en el corto y mediano plazo. No se percibe esa «luz» que nos pueda indicar la salida del túnel en el que la coalición gobernante nos ha colocado, contra la voluntad de la enorme mayoría de los uruguayos. Si alguien cree que no es así, que les pregunte o los llame a votar voluntariamente, como suele hacerlo nuestra fuerza política, el Encuentro Progresista-Frente Amplio.

A las quejas de los sectores más postergados (ya sea asalariados, jubilados, pensionistas y, peor aun, los desocupados) se suman las de otros que antaño recibieron del Estado y, especialmente, de la economía, un trato privilegiado o, al menos, más benigno que el que hoy día reciben.

Así asistimos permanentemente, tanto en el Parlamento como en la calle, al reclamo de los agentes y trabajadores del sector agropecuario, de los comerciantes, de los discapacitados –que pasados 5 años del cobro de sus asistencias quedan desamparados– y ahora también de los operadores turísticos.

Ya ni en el «país de los servicios» se puede creer y mucho menos apostar, dado que, en esta coyuntura, el que apuesta pierde.

Más allá de las visiones sectoriales, más allá de lo que cada uno de nosotros pueda pensar y esperar de la vida y del gobierno, lo cierto es que el desánimo y la desesperación vienen ganando terreno a pasos agigantados y acelerados.

Es cierto que los problemas no tienen origen exclusivamente nacional; justamente el caso del sector turístico puede ser un buen ejemplo de cómo los problemas regionales influyen en forma determinante.

Pero no todos los problemas –y por ende, las soluciones–provienen del exterior. En la reunión que la Comisión de Turismo mantuvo con la Cámara Uruguaya de Turismo, expusimos algunos puntos de vista que procuran demostrar que las cosas pueden ir por otro camino.

Decíamos allí que aun en la línea de pensamiento de que es necesario recortar el gasto o reducir el «peso del Estado», existen alternativas como por ejemplo, antes de eliminar el Ministerio que menos gasto insume, deberíamos revisar el uso que se hace de una herramienta como son los ya tristemente célebres «contratos de obra».

Que conste que no estamos diciendo no a todos los contratos.

Este tema y sus detalles  que no voy a adelantar en esta breve nota– tendrán su momento cuando el compañero diputado Roque Arregui interpele, en nombre de toda nuestra bancada, a los ministros de Economía y Finanzas y Educación y Cultura.

Me limitaré a un pequeño avance: el gasto proyectado de los contratos de obra  que desde ya asumo que algunos serán necesarios, pero seguramente no todos ni tantos y menos aun con remuneraciones para nada austeras–, de mantenerse, al final del quinquenio posiblemente superará los gastos e inversiones del Ministerio de Turismo…

Y entonces nos encontramos  otra vez– con que se dice una cosa pero se hace otra. Se habla de austeridad y de topes en los sueldos, pero a la hora de la verdad los hechos, los porfiados hechos nos muestran otra cosa.

O cuando se afirma que con este ajuste se revitaliza el sistema financiero y vuelve la credibilidad que se encontraba comprometida y resulta que, por las dudas, se retiran los fondos.

El ejemplo sigue siendo imprescindible. No puede sostenerse que salvamos la situación adversa, llamar a la confianza de la ciudadanía y después proceder en forma contraria. Por el fruto se conoce el árbol y, hasta hoy, sigue sin dar peras el olmo.

Nos duele enormemente, más que nada, por la gente; porque para nosotros la Patria es, primero y por sobre todas las cosas, su gente. Pero también nos duele cuando quieren igualarnos a todos los políticos. Creo que lo que más importa son los hechos, y si a nivel parlamentario hablamos, los hechos son los votos que cada uno aporta o no al proyecto en cuestión.

Más allá de hablar en forma «florida»; más allá de la riqueza o pobreza en la expresión, lo que cuenta es el voto y si éste representa o no el sentir y el interés de la gente, especialmente de los más carenciados, que son los que más sufren.

Porque el hambre, con frío, duele dos veces…

No todos somos ni actuamos en igual forma. Es más: existe una fuerza política que crece en acción y en credibilidad, donde es gobierno y donde es oposición. Que se afirma y reafirma permanentemente. Y no es porque yo lo crea solamente; lo demuestra con claridad la excelente y ejemplar jornada cívica del pasado 26 de mayo.

Cuando escribo ejemplar, no debe interpretarse sólo como pacífica o fraterna, que lo fue, sino como un ejemplo a seguir. Quiero establecerlo humilde y respetuosamente; pero también enfáticamente: sería bueno para la democracia que muchas fuerzas políticas (si fuese posible todas, mejor aún) realizaran esta consulta por voluntad propia, cuanto antes, sin necesidad de esperar las internas de 2004.

Entre otras cosas, porque casi nadie en este querido Uruguay, tiene la seguridad de poder superar este 2002 tan «fulero», como para ponerse a pensar en un futuro que vaya más lejos que el día de mañana… *

* Diputado 738 EP/FA

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