Entre bonos y vacas
GUSTAVO GUARINO*
El martes, en la Comisión de Ganadería de Diputados, se iba a votar el proyecto de ley de Suspensión de Ejecuciones Judiciales –hasta el 31 de diciembre de 2002– de productores rurales. Desde temprano de la mañana comenzaron a llegar delegaciones de productores desde todo el país, quienes siguieron muy de cerca todo el proceso de frustración de una ley largamente anunciada por el Partido Nacional. A la hora de la votación en la Comisión, un diputado del «Herrerismo» que había presentado el proyecto en discusión lo votó en contra y se plegó a la postura del Partido Colorado, o mejor dicho del ministro Bensión, quien sistemáticamente se opone a que una ley regule «algo» del sistema financiero.
El miércoles nuestra bancada propuso que se tratara el tema en el Plenario como asunto urgente. No se lograron los votos ya que los propios diputados del Partido Nacional que habían propuesto el proyecto de ley –con la excepción de los diputados de «Alianza Nacional»– se plegaron al Partido Colorado y al Nuevo Espacio Independiente, y se negaron a habilitar el tratamiento del tema. Desde las barras los productores pudieron observar el comportamiento de cada uno de los diputados.
Aprobar una ley que postergue ejecuciones es para nosotros muy importante, ya que da tranquilidad a los productores que están con la soga al cuello, y se gana el tiempo necesario para estudiar soluciones de fondo al problema del endeudamiento agropecuario.
Es importante tener claro que dicho endeudamiento se produjo como consecuencia de políticas fomentadas desde los gobiernos anteriores, que incentivaron la inversión y el crédito para producir más, y cuando se lograron esos mayores niveles de producción de carne, leche, cereales, no hubo coherencia con políticas de defensa del valor de lo producido. Es cierto que entre los endeudados puede existir gente que utilizó mal los créditos, pero les aseguro que son excepciones, y no por esos casos aislados se puede castigar a miles de productores que en su inmensa mayoría son pequeños y medianos que hoy viven con ingresos por debajo de la línea de pobreza.
Nuestro campo se ha ido despoblando peligrosamente: en la década del 70 había cerca de 320.000 pobladores en la campaña; hoy quedan algo más de 180.000, y a pesar de eso el campo da empleo directo a 157.000 trabajadores. Si la crisis se sigue agudizando y se liquida a los productores, éstos emigran con su familia, desaparecen junto con ellos miles de empleos rurales, y en un momento crítico como el que hoy vive el país, agravarán aun más el problema del desempleo y la marginación en nuestras ciudades. De modo que no sólo caerá nuestra producción genuina de productos exportables –como ya está ocurriendo– sino que también aumentarán los problemas sociales.
El próximo martes 18 se volverá a tratar el tema. Hay promesas de la coalición de que el ministro Bensión les dará una solución que no conocemos; ojalá ésta exista, estamos dispuestos a estudiarla.
Esperamos que no termine siendo una fórmula que favorezca más a los banqueros privados que a los productores. En lo que ha trascendido, se habla de fórmulas que implican compras de bonos del Tesoro, de leasing, etcétera; no creemos que sea un buen camino solucionar los problemas de la producción agropecuaria hablando sólo el lenguaje del mundo financiero.
Como dijimos en la Cámara de Diputados: «Acá no se habla de vacas, de ovejas, de lana, de carne, de leche, de granos y de pasto; eso es lo que entienden y saben hacer los productores, y es con eso que –si los dejan– pagarán sus deudas y generarán la riqueza que el país necesita». *
* Diputado por Cerro Largo, Alianza Progresista EP-FA
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