¿Quién cree en el ministro Bensión?
Más allá del tema ético, con varios perfiles para su abordaje, los legisladores colorados que retiraron sus fondos de distintos bancos demostraron que ellos tampoco tienen confianza en la conducción económica. Además se mostraron como protagonistas de un doble discurso, de decir con la boca en contradicción a lo que se hace con la mano. Pero ni Daniel García Pintos, ni Ronald Pais, ni Ruben Correa Freitas hicieron otra cosa que lo concretado por miles y miles de uruguayos que mostraron una desconfianza visceral en el sistema financiero uruguayo.
¿Y ello por qué? En lo fundamental por comprender que todo el aparataje financiero armado en nuestro país fue construido paso a paso, ley a ley, para que actuara como «caja negra» de la Argentina. Esa «funcionalidad» luego de la crisis en que se encuentra el país vecino, es un aditamento inútil, que lo ha dejado desubicado, ahora con problemas de tamaño y de funcionalidad.
Ya los argentinos no tienen ni siquiera dinero «negro» para ocultar en la banca uruguaya, y los depositantes normales, los que por distintas razones lícitas, preferían hacer colocaciones aquí, si es que todavía existe alguno, prefiere la tranquilidad de otras plazas financieras. Eso lo sabemos todos y seguramente los legisladores colorados que retiraron sus fondos, también.
Además ellos –más que los demás mortales que habitamos esta tierra– tienen un mayor contacto con el ministro de Economía Alberto Bensión y, obviamente, más claro lo que significa la gestión de este personaje, capaz de cualquier tipo de medida económica, incluso el recortar los aportes a las intendencias, acción que determinó que Elso Goñi, intendente de Treinta Tres, indicara textualmente: «Con Bensión no se puede hablar más».
¿Cómo abordar un comentario de lo ocurrido? ¿Desde qué perfil? Uno de los perfiles que ha aparecido de manera exultante sobre la mesa, es la utilización del doble discurso por parte de varios políticos a los que, obviamente, le debemos asignar el derecho de realizar lo que quieran con su dinero. Lo que no parece correcto es que digan al resto de los uruguayos las formas en que éstos deberían actuar, mientras ellos hacen lo antagónico.
Es evidente que entre todos debemos intentar mantener en funcionamiento al sistema financiero, por un lado para defender los depósitos que todavía mantienen en el mismo miles de uruguayos y extranjeros que confiaron en los bancos para que atesoraran, en algunos casos, los ahorros de toda una vida. Paralelamente luchar con uñas y dientes el mantenimiento, sin fracturas, de la cadena da pagos, sin la cual el país dejararía de funcionar.
Hacer todo ello reclamando, obviamente, una reforma del sistema que lo haga más funcional a las necesidades de los uruguayos. Uno de sus principales cometidos, el ser «funcional» a la Argentina, ha caducado y, por lo tanto, es necesaria una reforma que determine un ajuste de su operativa.
Queda claro que «el gran negocio» de la banca uruguaya llegó a su fin. Claro, Bensión está en el medio y puede seguir pensando que se podrá volver a lo de antes, para lo cual continúa apuntalando a algunas instituciones con «ordenes verbales» que a los uruguayos nos cuestan muchos millones de dólares.
Por ello no nos asombra que algunos actores económicos que son todos los ahorristas de un banco actúen en acuerdo con las expectativas generales. Pero nos preocupa, doblemente, que también lo hagan legisladores colorados.
Por lo menos ellos deberían creer en el ministro Bensión. *
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