Cuando la derecha se intranquiliza

Siempre, hasta ahora, todas las muestras de protesta han asumido formas pacíficas, más allá de algunas expresiones verbales duras y agresivas que han aparecido en forma muy aislada y que, repetimos, no cuentan con el aval de los sindicatos ni de los partidos de izquierda.

No son estas expresiones aisladas las que dan el tono de unas acciones sociales en las que participan cientos de miles de personas, como ocurrió con el paro del pasado miércoles 12.

Vale la pena preguntarse, con el ajuste fiscal aprobado expresamente para respaldar al sistema financiero, ¿se le está quitando a los trabajadores, a los jubilados y al conjunto del sistema productivo una tajada importante de sus ingresos, o no?

De las quitas generadas por las nuevas normas fiscales ¿hay una porción de recursos dedicada a la atención de problemas sociales perentorios?

No, no la hay.

De los miles de millones quitados de sueldos y jubilaciones ¿hay una porción que se destina a reactivar la economía, a recalentar un sistema productivo acalambrado por la recesión económica?

No, no la hay.

Esta situación es de todo el país. No se trata que afecte a tal o cual sector productivo, o a un estamento profesional determinado o a tal o cual rama de la industria y del comercio. Es general.

Frente a eso ¿qué caminos tiene la ciudadanía para expresar su protesta?

Lo que empieza a ser preocupante, en el momento actual, es la confirmación que la derecha convive mal con la democracia, soporta mal que las clases populares recurran a todas las formas de protesta que el sistema legitima como son las huelgas, las manifestaciones y los «caceroleos».

Prueba palmaria de este singular estado de espíritu lo constituye la última entrega del semanario «Búsqueda»: ocho de sus primeras once páginas están dedicadas a notas de «información», (sesgada) y de opinión contra todas las acciones y movilizaciones desarrolladas por las organizaciones sindicales o políticas de la izquierda y la oposición progresista.

De la amplia zafra de vilipendios contra el sindicalismo y la izquierda lanzados desde filas blancas y coloradas y de la propia cosecha del semanario destacan dos.

La primera se basa en las palabras pronunciadas por Julio Ma. Sanguinetti en una reunión del llamado Círculo de Montevideo, realizada en la sede de la OEA en Washington , reunión sobre la que no se dice quiénes, además del ex presidente, participaron.

Sanguinetti sostuvo que «una corriente muy fácil en el periodismo, antipolítica y antipartidaria, que estriba en críticas fáciles pero que no advierte que detrás del debilitamiento de esos partidos vendrá el vacío y detrás del vacío la anarquía o el autoritarismo, que siempre sustituye a la anarquía.»

Sanguinetti sostiene que «ha pasado el tiempo del aliento militar desde Moscú o el aliento hacia el militarismo desde Washington pero no ha desaparecido el riesgo de situaciones militares y todos estos factores de inestabilidad pueden conducir a ello».

La otra perla de la salmodia derechista es una nota de opinión del señor Daniel Gianelli. Pocas veces se ha expuesto de manera más seca y desnuda el desasosiego que padece la derecha en el momento actual: son unos cinco mil caracteres en los que se desgranan uno tras otro los desengaños y frustraciones de la derecha vernácula.

Línea tras línea, el articulista suma los reproches más severos contra «el ciudadano común que se sorprende e indigna por una nueva realidad que le exige más esfuerzo y privaciones».

Cuando los publicistas de la derecha se lanzan con furor contra «la sociedad uruguaya» a la que califica de «conformista, complaciente, permisiva con la mediocridad, que estimula la no asunción de responsabilidades, tanto en la educación familiar como el sistema educativo», es que algo grave está pasando.

Sanguinetti y Gianelli son apenas dos tramos de una ruta en la que se transita en una sola mano: la del pensamiento único. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje