El síndrome Lula y la democracia en Brasil

«El mayor lastre del candidato del PT es la necesidad de tener que demostrar permanentemente que su moderación es sincera». Francesco Relea, El País, Madrid, 9 de junio 2002.

 

Para el ciudadano uruguayo las elecciones presidenciales del próximo 6 de octubre en Brasil revisten un doble e incomparable interés. Una elección en la que, desde hace meses, el candidato de la oposición de izquierda o progresista, mantiene con amplias ventajas la supremacía sobre el resto de los postulantes, incluyendo al candidato del gobierno José Serra.

Por un lado, el indudable peso de Brasil en el subcontinente latinoamericano, con su gigantesco territorio, sus más de 170 millones de habitantes y su poderosa capacidad industrial: todo lo cual lo ha llevado más de una vez en los últimos treinta años a liderar las posiciones de buena parte de los países de la región. «Adonde va Brasil va América Latina» solía decirse en los años sesenta y por momentos esto realmente pareció sustanciarse.

La contingencia de Luiz Inácio «Lula» Da Silva en pos de la presidencia tiene, además, para nosotros otro sesgo de gran interés: más allá de las diferencias obvias entre ambos procesos históricos, la larga marcha hacia el gobierno de Lula, líder del más estable y poderoso partido de Brasil, tiene muchos puntos de analogía con el largo contorno que señala el itinerario del candidato de la izquierda en Uruguay.

Buena parte de los escollos que hoy aparecen alzándose contra la victoria de Lula Da Silva forman o han formado parte del repertorio de hostigamientos y fabulaciones que las derechas uruguayas han levantado contra la candidatura de Tabaré Vázquez.

El PT, fundado en la década del los ochenta tiene a esta altura una muy amplia experiencia de gobiernos locales, en algunos casos de ciudades como San Pablo con una economía y una población que supera la de muchos países de Latinoamérica, incluyendo obviamente a Uruguay. En la actualidad gobierna en 186 ciudades de Brasil y en cinco Estados.

Ya en 1989, cuando como ahora las posibilidades de Lula aparecían muy fuertemente instaladas en la opinión pública brasileña, las campañas de anuncios catastróficos actuaron con intensidad.

La misma situación se repitió en la elección siguiente y se reitera en la actualidad: entidades empresariales que anuncian sus inquietudes ante la posibilidad de un gobierno de Lula, entre otras.

Más graves aún resultan las cada vez más insolentes declaraciones de entidades o personalidad del mundo financiero internacional.

Justamente en estos días, el corresponsal en Nueva York del matutino paulista La Folha de São Paulo, Clovis Rossi, un analista respetado en Brasil por su agudeza y profundo conocimiento de Latinoamérica, participó en una reunión en el llamado Council on Foreign Relations.

En el curso de la misma tuvo oportunidad de intercambiar opiniones con George Soros, el conocido financista de origen húngaro nacionalizado estadounidense. Soros sostuvo que Brasil está obligado a elegir a Serra o a zambullirse en el caos». Se trata  agrega  de una suerte de profecía auto cumplida. Lula, sostienen, estafará a los deudores (dará calote). Al atacar la solvencia de la economía brasileña, que ya empieza a dar indicios de inestabilidad, los centros financieros apuestan a que Lula, en caso de alcanzar el gobierno, se encuentre con una situación financiera tan dramática que no le quedará otro camino que el calote.

El diálogo entre Clovis Rossi y George Soros continuó de este modo: La Folha señaló a Soros que ese mecanismo era absolutamente antidemocrático, en la medida que impedía a los electores, teóricamente soberanos, elegir a quien creían mejor. El inversor estuvo de acuerdo con eso. Comparó a los Estados Unidos con la antigua Roma imperial. En la antigua Roma sólo votaban los romanos. En el capitalismo global moderno, sólo votan los americanos. Los brasileños no votan».

Al analista se le hace difícil saber qué es lo más asombroso de toda esta situación.

En todo caso no deja de ser señalable la franqueza del periódico; y también la del lúcido financista. *

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