Disparen contra el Director

Nos referimos, por supuesto, a la campaña que desde distintas posiciones se viene desarrollando contra los integrantes de los Directorios de los Entes Autónomos.

Lo curioso de estos ataques es que provienen no de las fuerzas de la oposición progresista sino de las filas del oficialismo.

En ese contexto destacan las declaraciones de Conrado Hughes, ex director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto durante el gobierno del Partido Nacional presidido por el doctor Luis Alberto Lacalle.

Invitado a participar en un acto en la sede del Poder Legislativo en conmemoración del aniversario de AEBU, el contador Hughes, luego de manifestarse de acuerdo con el documento de AEBU que critica la falta de idoneidad técnica de los directores de Entes Autónomos, lanzó duras críticas hacia jerarcas de la administración.

Las opiniones del dirigente nacionalista están en la misma línea de las del Presidente de la República cuando, hace ya unos meses, formulara críticas parecidas, en forma genérica, refiriéndose a todos los directores de empresas públicas.

Dejemos por el momento el hecho que, en gran medida, estas verdaderas «campañas» se realizan en el marco de proyectos decididamente privatizadores, verdaderamente «liquidacionistas» del área estatal de la economía. En realidad, una parte de estas impugnaciones se hacen no con la mira puesta en mejorar y recuperar la acción de un Ente sino en la de liquidarlo en beneficio de la empresa privada.

La otra arista del asunto tiene que ver con los aspectos estrictamente políticos, con la «orgánica» misma de los partidos que en Uruguay detentan el poder desde los orígenes mismos de la nación.

Para los partidos tradicionales el control de los Directorios de los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados es una pieza fundamental en su política de inserción y en la reproducción de sus soportes electorales.

El «clientelismo» sigue funcionando si no ya como «agencia de empleo» sí como instancia decisiva en materia de ascensos y promociones.

Tenemos, además, los procesos de desguazamiento de las estructuras de trabajo y de tercerización de una porción considerable de las tareas dentro de las empresas públicas. También en ese etapa, la presencia de cuadros políticos en los Directorios de las empresas públicas permite mantener un control importante sobre el movimiento de la empresa madre y las que van siendo asociadas.

Las políticas de favores y prebendas, hacia adentro y hacia fuera de las empresas termina siendo, todavía, una fuente de influencia electoral consistente y efectiva.

En síntesis cabe preguntarse: ¿En el año 2002 son pensables los partidos tradicionales sin la tenencia de soportes de poder estatal efectivos?

¿A través de qué mecanismos los partidos tradicionales podrían ejercen influencia, concitar adhesión y sufragios en la sociedad uruguaya?

¿Son los directores de los Entes responsables de los despilfarros y malas gestiones de las empresas públicas o hay otras razones de tipo estructural que los empujan a determinadas conductas? *

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