Los balancetes de Bensión

Miércoles 05 de junio de 2002 | 12:00
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Le solicitamos al lector un esfuerzo de imaginación. Pensar cómo el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Horst Kohler pudo llevar a palabras el razonamiento que se conociera públicamente, indicando estar “impresionado por la determinación mostrada por el presidente Jorge Batlle y el Parlamento para aprovechar esta oportunidad para reforzar el dinamismo de la economía uruguaya”.

Esas palabras, para cualquier observador imparcial de la economía uruguaya, parecerían demenciales, producto de una mente distorsionada que no tiene ningún contacto con la realidad de un país donde sigue cayendo la calidad de vida, aumentando la desocupación y por consiguiente la marginación. Donde, además, se cierran empresas de todas las ramas y las actividades agropecuarias continúan en una hibernación forzada.

¿Donde está el dinamismo de la economía uruguaya? ¿Ignora el alto jerarca del FMI que ya el país se encuentra en su cuarto año de crisis, que cae el PBI y que –pese a lo que dice el ministro Bensión y los balancetes que presenta– el déficit fiscal se sigue multiplicando?

Por ello planteamos el tema del esfuerzo imaginativo. El lector debería situarse en el Ministerio de Economía cuando Bensión y sus ayudantes manejan números, restan por aquí y por allá, achican salarios, siempre logrando el curioso efecto, contrario a los recortes que concretan, de lograr que el peso del Estado se multiplique por la vía de los impuestos.

El equipo económico ha logrado el extraño récord de crear 21 nuevos impuestos que recaen sobre una población indefensa ante la agresión económica que vive y asombrada ante tanto dislate. A lo que se suman, con una enorme irresponsabilidad, integrantes de la coalición de gobierno que son capaces de “tocar” proyectos a último momento, aunque esa acción determine diferencias sustanciales en la cuenta final.

Los balancetes de Bensión, que presenta ante los técnicos del FMI, siempre están listos en el momento oportuno. El lector intruso podría observar cómo se hacen las cuentas y se logran cifras que cierran, pero nada más que en el papel, que anuncian efectos como el de la reducción del déficit, que tienen siempre el sentido inverso al real.

¿Qué conclusión podría sacar el lector imaginativo? Seguramente que el FMI es manirroto, o que actúa en base a otras coordenadas políticas establecidas en niveles más altos de decisión. Pero igualmente quedaría sorprendido por la liviandad de las palabras del director gerente, tan alejadas de lo que verdaderamente ocurre en la realidad uruguaya, que parecería haber sido –por lo menos– mal informado.

El lector imaginativo debería, por un momento, ponerse a pensar en la Rendición de Cuentas que se está realizando en el mayor misterio, entre las cuatro paredes donde se reúne el equipo económico. Es el mecanismo que –según el propio Bensión– determinará que el déficit fiscal se reduzca al 1,2 del PBI. Eso en el nuevo balancete que se presentará a la posteridad, aunque en la realidad del país ese guarismo crezca a niveles inaguantables para cualquier economía y continúen deteriorándose todos los índices.

El tema es grave porque plantea disyuntivas todas difíciles de resolver. ¿Qué hacer? No quisiéramos estar en el lugar del Partido Nacional que, de alejarse de la coalición, dejaría al país sin gobierno.

Pero, ¿cómo seguir votando medidas, achicando al país y aumentando el peso del Estado vía nuevos impuestos, si ya todos sabemos que el resultado final será atroz?

El camino que queda es político. Obviamente se hace necesaria una conjunción de voluntades para encaminar al país hacia la recuperación.

Seguir en lo actual es una decisión suicida, de la que nadie quedará a salvo. *

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