KARIN NANSEN
En el dÃa Mundial del Medio Ambiente invade nuestras mentes una interrogante: ¿estamos transitando hacia la sustentabilidad del planeta? O, dicho de otra manera, ¿hemos avanzado hacia la construcción de sociedades ecológicas, justas, respetuosas de la diversidad y participativas?
Lamentablemente la respuesta es NO; si analizamos los impactos del modelo de desarrollo dominante en nuestro paÃs y en el mundo, y de la globalización económica neoliberal, concluiremos que son muchos y muy profundos los cambios necesarios para avanzar en la construcción de sociedades sustentables y de un Uruguay Sustentable.
El actual modelo de desarrollo impulsado por el sistema económico neoliberal, y por lo tanto basado en el crecimiento económico continuo, está cuestionado en sus fundamentos más profundos, ya que genera destrucción y degradación de los ecosistemas que sustentan la vida, deterioro de la calidad de vida de la mayorÃa de las personas y una fuerte exclusión social, económica y polÃtica.
La globalización económica neoliberal conlleva la imposición autoritaria de un modelo homogéneo que amenaza la diversidad biológica, la diversidad y las identidades culturales y la democracia, ya que persigue la concentración de poder y recursos en pocas manos.
Los bienes de la naturaleza y los servicios que brindan a la humanidad son mercantilizados y puestos al servicio no ya del bienestar humano, sino del dios mercado que convierte en dinero todo lo que encuentra a su alcance.
La supuesta mano invisible del mercado es presentada como la única capaz de garantizar un uso eficiente de los recursos naturales y servicios ambientales (agua, energÃa, tierras), y de administrar racionalmente las ofertas y las demandas.
A esa mano, que en realidad es un apéndice de las compañÃas transnacionales, se le pretende entregar el planeta, su gente, sus ecosistemas, su vida.
Por ello decimos que la llamada globalización económica no es otra cosa que la expansión del poder de las transnacionales, favorecidas por polÃticas económicas, financieras y de comercio impuestas por la trilogÃa del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio. Aun cuando estas instituciones declaran al unÃsono que sus objetivos son promover el crecimiento económico para garantizar el desarrollo y expandir y liberalizar el comercio internacional eliminando las barreras existentes para dar fin a las polÃticas proteccionistas a favor de los paÃses menos desarrollados, su verdadero objetivo –que se hace evidente dÃa a dÃa– es favorecer la acumulación de poder y riquezas y el control sobre los recursos por parte de unos pocos; en definitiva, mantener y aumentar los beneficios de que gozan los actores corporativos globales.
La otra cara del proceso de expansión del capital financiero transnacional y de una supuesta integración de los mercados internacionales, es una exclusión creciente de las grandes mayorÃas de la población mundial y una profunda degradación y destrucción de los ecosistemas base de la vida.
Frente a este modelo autoritario, destructivo y excluyente, diversos movimientos sociales de todo el mundo se coordinan para resistir y construir alternativas sustentables, justas y participativas, partiendo de una visión integral de la sustentabilidad, que abarca diversas dimensiones que interactúan entre sÃ, la ecológica, la social, la económica y la polÃtica.
En el marco de ese proceso de resistencia y construcción surge el Programa Uruguay Sustentable, y junto a él programas similares en los demás paÃses de la región, nucleados en el Programa Cono Sur Sustentable. Pero de esto hablaremos en otra oportunidad. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21