Las fundaciones peligrosas
LEOPOLDO AMONDARAIN
Todo acto electoral, en cualquier parte del mundo es oneroso. Pero en nuestro país con la reforma última, es muchísimo más. Hubo cuatro elecciones en seis meses. Súmese la realidad actual donde el país pasará de pobre, con este ajuste presupuestal al estado casi miserable, dicho con optimismo y respeto. Cuando se piden sacrificios, no se puede alegremente después dilapidar fortunas en meros proselitismos. O sea, habrá que implementar reformas electorales que acorten los plazos de las campañas y controlar los recursos de los partidos políticos. Esto viene al caso, pues hace tres o cuatro elecciones que se da el fenómeno de la aparición a nivel mundial, particularmente derivado del tema de la globalización, de las fundaciones.
Alguna vez nos referimos a ellas. Vale repasar el tema.
Se le criticó al Partido Comunista y con razón durante décadas, que recibió de su internacional económica rusa, las «piastras» correspondientes para las respectivas elecciones. Obviamente, quien paga exige.
Pero hete aquí, que con el tiempo surgieron las mentadas fundaciones.
Las mismas no hacen más ni menos que lo que los «bolches» usufructuaban. O sea, los malos ejemplos cunden. Porque también estas fundaciones, según ellos «democráticas», de origen alemán, yankis, hebreas, francesas, etc., si pagan, exigen también.
Para ser más claro. Si yo, que soy un dirigente «pelado» recibo las «regalías» millonarias de un mecenas que financie mi campaña política y salgo electo, me va a ser difícil o imposible levantar la mano desaprobando un pedido suyo. Por inmoral que sea. Con las fundaciones pasa lo mismo. Proliferan y siguen estando vigentes.
En buen romance, nadie puede suponer que estas organizaciones, por el mero hecho de afiliarse a ellas como si fuese un club deportivo, van a financiar millones de dólares sin exigir adhesiones incondicionales, como supongo lo exigían los rusos a nuestros «bolches» vernáculos. Viene todo al caso, pues según informes publicitados, habría algún dirigente de «dudoso blanquismo» coalicionado, que trajo la oferta o idea de afiliar o ir de veedor, lo cual es el paso previo a la adhesión, del partido Blanco, a la Internacional Demócrata Cristiana. El tema ya lo traté en artículo anterior. Pero me faltaron algunos entremeses y consideraciones partidarias de quienes sí, somos blancos y nacionalistas de cuna y convicción por esencia.
Quienes se consideran nacionalistas y blancos de Oribe, es obvio que no pueden ni siquiera imaginar identidades internacionales con ninguna fundación que por más cristiana que sea, busca el poder globalizado económico mundial. Como cualquier otra fundación. Ninguna regala nada. Hay que bailar al son de la música que toquen.
Sí está el sumar voluntades a nivel mundial que responda a sus políticas e intereses a aplicarse globalmente comprando voluntades de los partidos políticos que se les adhieran.
Quien hizo el «mandado», es obvio que blanco de nacimiento no es. Capaz que tiene algún origen cívico o demócrata cristiano. Puede ser. Pero lo que fastidia, no es el error u horror de quien no tiene por qué conocer la historia partidaria y sentirla como propia pues en su cuna no la mamó.
Lo que llama la atención es que quien sí sabe las concepciones nacionalistas con ejemplos como los que dieron Oribe, Saravia, Herrera, etc., y goza de apellidos de blancos ilustres, no hubiese detenido desde el «pique» semejante indignidad y violación de los más caros principios partidarios.
Pero supongo que debe de haber en el Honorable gente que se dé cuenta de la enormidad. Ninguna fundación debería quedar en nuestra patria. Somos soberanos, pobres, chiquitos, sufriendo ajustes presupuestales batllistas coalicionados, muy limitados por el FMI y demás organismos internacionales imperiales, «mandaderos» de los yankis contra Cuba y por añadidura «marchando» hasta en el fútbol incluso. Pero por lo menos, mantengamos cierta dignidad nacional. Como nacionalista, me gusta decir y hacer lo que se me da la gana. No quisiera ver a mi Partido Blanco mandando un fax o mail para pedirle permiso a Aznar y su internacional demócrata cristiana cada vez que decide hacer algo trascendente. ¿No opinas lo mismo don Cuqui? *
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