El descarte de las minorías
JORGE CROCE
Era ya previsible, antes de la votación, y se ha confirmado con los resultados primarios. De las adjudicaciones primarias de accesos de los grupos políticos a la Mesa Política, se aprecia una notoria concentración de poder en tan sólo seis grupos. Tal es el grado de concentración, que habría dos grupos con cuatro «escaños» cada uno (o sea que, sumados, ocupan más del 50% de los lugares físicos de la MP), dos con dos lugares cada uno y dos con un lugar.
Por empezar, por más delegados que tengan un grupo en la MP, su participación es «unívoca». Esto significa que aporta una sola idea a la discusión. De manera que, aparte del compañero que hace uso del derecho a voz, los demás están casi siempre de «adorno».
Por lo tanto, por este camino se le impide la opinión directa (porque cabría la posibilidad de participar «de agregados de segunda», como «invitados» casi sin voz, salvo que medie autorización expresa de la Presidencia), a varios grupos, que aparte de su pequeño peso cuantitativo individual, siempre han aportado importantes elementos desde lo cualitativo.
Y como si esto fuera poco, se dejaría afuera de la decisión, a una franja de compañeros que puede estar significando alrededor de un 10% del electorado.
Casi nada.
¿Quién puede desconocer los aportes de ideas de los compañeros del 26M, o del PVP, de la CUF, del POR, o de la CI, tratando de no dejar en esta lista, a nadie afuera?
¿Qué concepto justo de democracia puede impedir que, nada menos que, un 10% o más del electorado, según datos a hoy, pueda quedar afuera de los órganos de conducción y decisión política diaria? Por lo que antecede, la legitimidad de los «grupos chicos» es innegable y la posibilidad de estar representados en la M/P con voz propia y de acuerdo con su peso específico ponderado, impostergable.
Hay una solución muy razonable y fraterna, que sería, integrar la Mesa Política con base uno, para que estén todos los grupos del FA con su voz, y votación ponderada según el peso específico de los grupos en las decisiones.
Queda hecha la propuesta, pues.
Otro tema muy preocupante es la conducta de los «adherentes simultáneos» y los «afiliadores voluntarios».
Luego de lo ya expresado en nota anterior, hemos podido constatar una serie de hechos que objetivamente, muestran la debilidad, y sobre todo, los inconvenientes que la medida trajo, agravados por una concurrencia cuantitativa no esperada ni aún por los más optimistas.
Si nos remitiéramos exclusivamente al casco militante, nos encontraríamos con:
– muchos votos que marcaron sólo a los grupos, desentendiéndose de la elección por los candidatos de «bases» (?).
– El marcado desconocimiento en este último rubro, que facilitó la acción de representantes inescrupulosos de los grupos políticos, que más que «orientar», lo que ya hubiera sido observable, a los votantes, directamente, les filtraban «planchas prefabricadas» a los «recién llegados»…
Si este desconocimiento de candidatos de «base» (¿), se dio entre los votantes «empadronados», es lógico suponer, que se debe haber agravado entre la mayoría de los «adherentes simultáneos» aún no escrutados a este momento, que vinieron «de afuera» de la orgánica frentista.
Esto lleva a conclusiones muy graves:
– La mayor parte de los votos para candidatos «de base» (¿), han surgido de las «sugerencias» nada ortodoxas, de «compañeros», que al servicio de sus grupos políticos o de coordinadoras, al estilo de los que «colocan» en la puerta del BPS, a los usuarios de Disse en determinadas mutualistas, les «aconsejaron» a quién votar, con criterio sectario puro, desvirtuando el objetivo benemérito del sistema de «planchas».
Así que, la elección de los delegados «de base» (¿), está impregnada, como siempre y más que siempre, de la injerencia indebida de los grupos «aprovechados», utilizando a fondo la instancia de las «aguas revueltas».
La solución, para ello, estaría en que
– participaran de la elección de delegados de base, y obviamente, en instancia separada, sólo el casco militante «empadronado» (con las limitaciones reales que ello aún conlleva, que significa que, estar en el padrón, como lo muestra la dura realidad, no es sinónimo de militancia, y mucho menos de conocimiento de los compañeros que participan como elegibles).
Ello evitaría, por lo menos la injerencia de los que desconocen totalmente a los candidatos propuestos.
Lo que unido a una conducta decente (¿) de los grupos políticos, podría permitir que los delegados «de base», lo fueran realmente, cosa que no sucede. Son de sugerencias que apuntan a corregir graves falencias de los métodos utilizados hasta ahora.
Aunque sabemos que dichas falencias objetivas pueden aportar, y aportan, beneficios muy importantes, buscados por algunos sectores. Y por eso se han puesto en la reglamentación…
Por lo menos, avanzaríamos considerablemente en el afinamiento de elementos tendientes a lograr una mejor democracia interna, más allá de lo que se declara hacia afuera, atenuando los nefastos efectos del doble discurso. Sobre todo entre quienes se dicen compañeros. *
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