En la caverna de Ignacio de Posadas

JOSE LUIS SAMPAYO PIREZ

 

Las manifestaciones en contra de la estructura del Estado, de los funcionarios públicos y del sistema de Seguridad Social, se suceden en forma permanente como una fina estrategia hilvanada por quienes, comprometidos en la culpabilidad del hundimiento del país productivo, recurren como siempre a medidas de corte sectario y que apuntan siempre a los que no integran los grupos del capital financiero, de los que concentran la riqueza, de los que han vuelto a generalizar la explotación del trabajador con sueldos miserables.

En esto están embarcados quienes, cínicamente, le endilgan al Estado un costo desmesurado, cuidándose de ocultar muy bien que ellos fueron durante muchísimos años los que crearon, alimentaron y transformaron al propio Estado en un micromundo caótico donde ha tenido cabida toda clase de corruptela administrativa y donde se han camuflado los deberes para con la ciudadanía en una extraña apropiación de feudos en los que, por cinco años, se administran los bienes comunes como si fueran los de un boliche ajeno.

Después aparecen los salvadores de la patria recomendando aumentar la rebaja de salario y de pasividades, como si el salario del trabajador hubiese sido robado o como si las jubilaciones fueran una dádiva y no un derecho generado por el auténtico trabajador.

Para estas cosas sirve el Estado. Sirve para que quienes tienen un Mercedes Benz secuecial E312 que cuesta 90.000 dólares, peguen una calcomanía pidiendo que «Bajen el costo del Estado, por favoooor»…. La calcomanía se ha transformado en una identificación de la clase que ostenta la riqueza que los gobernantes no han querido redistribuir con los muchos uruguayos que no tienen ni qué comer. También la ha pegado en su coche un senador que tiene estancia en Durazno, apartamentos en Pocitos y casa en Punta del Este. El senador «jorgista» Alberto Juan Brause Berreta, un suplente que se hizo titular al igual que varios de sus pares, después de la renuncia de José Luis Batlle, se manifestó también identificado con la clase alta, a esta altura altísima, cuando en un «desayuno de trabajo» de los que organiza la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay, deletreó el eslogan de la calcomanía.

El Estado sirve también para que, cuando un banco es vaciado por sus dueños, que nunca son uruguayos, corra a maquillar la imagen que vendemos al exterior y a costa de los que todavía todo pagan, recapitalizando lo que se llevaron porque los controles, una vez más fueron inoperantes.

No sirve cuando hay que pagar aportes patronales al Banco de Previsión Social o cuando hay que pagar a la DGI. Sirve para vender el puerto y hasta parte de la bahía.

Sirve el Estado para gastar 300 millones dólares en una burda e inútil torre a la cual ya los «vivos» de siempre le están buscando comprador. El costo de la torre de Antel hoy deberían pagarla con el total de su patrimonio familiar los ideólogos, los ejecutores y sus cómplices, pero la ley no prevé esta clase de inmoralidades. Sin embargo, el costo de la torre hoy le hace falta a Rentas Generales y entonces los trabajadores y los pasivos van a pagar la aventura de un grupito de «playboys» de la política que dilapidan lo que no es de ellos. Cuando el doctor Ignacio de Posadas habló unos días antes que Batlle, y expuso la «brillante» idea de rebajar los salarios y las jubilaciones, ya sabía que, con alguna excepción, la mayoría de su partido iba a estar de acuerdo y que a Batlle le viene bien, a esta altura, cualquier cosa. Aumentamos las lechugas, rebajamos las jubilaciones. Se acabó el país de fantasía que debíamos digerir en cada discurso presidencial o leyendo lo que decían los ministros invitados a los almuerzos de la ADM, donde todo se aplaudía y había un estímulo recíproco. Después de cada almuerzo, el país despegaba.

Los trabajadores y los pasivos, muchos de los que a veces no almuerzan, son hoy los que pagan todos los impuestos, todos los IVAs y todos los problemas financieros que ha generado una política económica que es sorda a todo lo que no esté de acuerdo con ella. Según el gobierno, lo único serio, responsable y fiable, es seguir deshaciendo.

Volviendo al doctor Ignacio de Posadas Montero, ministro de Economía en una época en que al Partido Nacional se le deshizo el mito de incorruptible, no por lo que es el partido y su historia, sino por la actitud de varios de sus dirigentes que ejercían cargos de gobierno, debemos decir que sus permanentes expresiones lo identifican plenamente con los ideólogos de la política económica simbolizada en el ajuste fiscal que está en curso de aprobación. El Presidente tomó las palabras que dijo de Posadas y de inmediato surgió el proyecto, por lo que creemos que ya antes se había acordado el mismo y entonces vamos a rebajarles las pasividades a más de 82.000 jubilados y pensionistas que en un año perderán unos 38:550.000 dólares. Vamos a ser un poco más gráficos. El costo de vida o sea el Indice de Precios al Consumo, al 30 de abril asciende a 4,09 % en tanto que los pasivos perciben desde enero el ajuste correspondiente al año 2001, que es de un 3,60. La inflación ya les consumió el ajuste en sólo cuatro meses. Pero el Ejecutivo proyecta quitarles a los que perciben más de 6 Salarios Mínimos Nacionales el aumento que recibieron a partir de enero de 2001.

Batlle pretende cumplir con su promesa hecha en la campaña preelectoral de rebajar las pasividades, de eso no hay dudas. La coincidencia Batlle – De Posadas no es casual. Simplemente es que no existen diferencias en la concepción de las políticas a aplicar y tampoco en los procedimientos

En cuanto a la rebaja de salarios y jubilaciones, no esperábamos otra cosa del ex ministro de Economía, altanero, pétreo, sobrador, sabio él y protector acérrimo de su clase, pero también responsable importante de que al Uruguay hoy le queden sólo flecos de lo que fue.

En definitiva, De Posadas fue un instigador muy importante en este crimen que se está perpetrando, para utilizar términos policíacos que no sólo pueden utilizarse con quienes delinquen y son juzgados por la Justicia. Hay crímenes mucho más grandes como sumir aun más en la miseria a los trabajadores, a los jubilados y a los pensionistas. A los ejecutores no los juzgan los jueces penales, los juzga la gente. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje