Talvi y sus cantos de sirena

Nuevamente Ernesto Talvi reiteró sus cantos de sirena a una platea que escucha, embelesada, justamente lo que quiere oír. El economista tiene la virtud de sintetizar, siempre con las cartas boca arriba, los juegos económicos, pero sin dar nunca una información sobre la contracara más lamentable que está viviendo el país. Por supuesto no habló para nada del efecto que ha tenido sobre la economía nacional la parálisis del gobierno, que desde la devaluación de Brasil hasta bien entrado el gobierno del doctor Jorge Batlle, hizo la plancha anunciando reiteradamente que la reactivación se produciría siempre el próximo semestre.

Tampoco comentó que las únicas medidas puestas en práctica, cuando el déficit fiscal superaba todos los límites aceptables –que acercaron al país peligrosamente al default– fueron ajustes recesivos que determinaron una gigantesca caída de la actividad y, por consiguiente, una destrucción de riqueza que puede estimarse por la caída de más de cuatro mil millones de dólares en el cómputo del PBI.

Talvi tampoco explicó que el país, con el «blindaje» impulsado por EEUU, para lo que el gobierno debió realizar diversos «favores», como el de encabezar el escandaloso proceso que terminó con la ruptura con Cuba, incrementó su deuda externa a más de 14 mil millones de dólares, una suma impagable para una economía en retroceso y que será una carga limitante para los próximos gobiernos.

Algo dijo de la caída de la recaudación, del incremento del déficit, fenómeno vinculado directamente a la política económica recesiva. Ocultó también otro hecho incontrastable: que luego del ajuste fiscal que se votó la semana pasada, la economía uruguaya tendrá 240 millones de dólares menos en circulación, cifra enorme para un aparato productivo en retroceso, que en muchos casos ha debido claudicar ante el achicamiento del poder de compra de la gente. Se olvidó en señalar que ello multiplicará de inmediato el déficit fiscal, pues empeorará la recaudación en una proporción cuya medición está dada por el retiro de todo ese circulante de la plaza.

Olvidó también, sin duda, referirse a que para el salvataje de los bancos en default, especialmente el Comercial, el gobierno utilizó casi cien millones de dólares, la mayoría de ellos traspasados en base a «órdenes verbales» del ministro de Economía o por decisiones «escritas», pero reservadas del presidente Batlle, que trataron de mantener en silencio la escandalosa decisión.

Torrente de dólares destinados, según las palabras de los gobernantes de turno, a salvar a los ahorristas, echando dinero en un barril sin fondo que todavía requiere de más aportes. Una institución financiera que debió haber sido intervenida por el Banco Central. Esa hubiera sido una fórmula para evitar, o intentarlo al menos, que ese dinero, que es de todos, sirva sólo para tapar el vaciamiento realizado por los hermanos Röhm y para mantener a una empresa financiera en la que el Estado uruguayo tiene, supuestamente, la propiedad de tan solo una cuarta parte. Supuestamente, decimos, porque nunca se han visto lo contratos respectivos. Cuando, además, tampoco existen pruebas fehacientes de que los demás socios de esa entidad financiera realizaran los anunciados aportes de capitalización.

A nadie le cabe duda que el sistema financiero debe ser sostenido, pero también reformado. ¿Talvi no lo entiende así? ¿Qué piensa de la existencia de la ineficiente banca comercial? ¿De la creación de un real mercado de capitales?

Sería bueno que el economista alguna vez se sincerara y diera a conocer su pensamiento real, dejando de emitir cantos de sirena que suenan bien en los oídos de quienes, como los empresarios que concurren a sus charlas, necesitan más que expresiones de deseos una fehaciente información sobre la realidad que se vive en el país.

Claro, hablar de esto último, no sería tan saludable. *

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