El gasto de Defensa y las hipótesis de conflicto
La retórica gubernamental asume por momentos giros inesperados, salidas intempestivas que podrían resultar hasta graciosas si no remitieran a actos que provocan daño social.
Formulaciones contrarias a toda continuidad lógica, como cuando el Presidente de la República la emprende contra la incapacidad demostrada por los directores de los Entes Autónomos, pareciendo olvidarse que fueron propuestos por él mismo y votados con la anuencia de los senadores de los partidos de la coalición. O la salida reciente contra la forma en que está siendo administrada AFE en la actualidad, como si los que la dirigen no fueran hombres de confianza de la coalición de gobierno. Y los troperos de votos que hicieron posible el triunfo de Batlle en 1999.
Esta aproximación irracional y mediática de una serie de cuestiones graves de gobierno tiene otro campo inmediato de aplicación en lo que ha de ser el tratamiento legislativo de la Rendición de Cuentas que dará inicio en las próximas semanas: también sobre este asunto se lo puede oír a Batlle despotricando contra cifras de sueldos y engorde de planillas que se han producido en su propia administración, o en la anterior de la cual también él, desde el Senado, fue persistente defensor.
Uno de los asuntos que este estado de crisis ampliada que vive la administración ha permitido visualizar, es la falta de transparencia sobre un buen número de cuestiones económicas y financieras a las que –a veces de la noche a la mañana– se le asigna una importancia capital, como cuando un operador mediático sostiene desde la televisión «si no se vota lo que pide el gobierno, habrá corralito».
Como bien se ha denunciado, pesa en esto, entre otras cosas, la ausencia del control de la oposición en varios organismos clave de la conducción económica, como el Directorio del Banco Central, monopolizado como todos los de las empresas públicas, por personal de origen blanco y colorado y de inequívoca lealtad al equipo económico.
Por lo demás, en materia de administración de las finanzas públicas la objetividad, actualidad y certidumbre de la información brilla por su ausencia.
Hacíamos referencia, en una nota editorial del día de ayer, a las opiniones críticas difundidas por el doctor Lacalle acerca del peso, a su juicio excesivo, que las Fuerzas Armadas tienen en el conjunto del gasto público.
Se parte de la base razonable que como jefe de uno de los partidos clave en el sustento del actual gobierno, el Presidente del Directorio del Partido Nacional tiene un conocimiento más o menos preciso acerca del gasto público, de los distintos porcentajes asignadas a cada secretaría de Estado y demás.
Sucede que, en la misma edición de LA REPUBLICA donde comentábamos las afirmaciones del líder herrerista, se publicaba un resumen de las airadas declaraciones del subsecretario de Defensa Nacional, doctor Roberto Yavarone (Foro Batllista, Canelones) en las que desmiente categóricamente los enunciados de Lacalle.
¿Cómo la ciudadanía estaría en condiciones de entender un debate serio sobre el gasto militar si Lacalle dice que es de 340 millones de dólares y Yavarone sostiene que es de 195 millones «al valor que el Ministerio de Economía lo está cotizando hoy»?
La cuestión, además de confusa, es delicada. Y no debiera despacharse con declaraciones fulminantes o desmentidos embrollados.
Tanto Lacalle como Yavarone han vinculado el problema de la reducción de costos de los gastos de Defensa a la cuestión de «los fines de las Fuerzas Armadas», o como lo ha definido Lacalle, «las hipótesis de conflicto».
El ex presidente, que operó activamente en la materia a través de su ministro de Defensa, el habilidoso catedrático de derecho administrativo doctor Mariano Brito, propuso nueve hipótesis de conflicto.
Entre esas nueve, al menos tres tendrían que provocar un estremecimiento helado en el sistema de alarmas de las fuerzas democráticas y progresistas.
Lacalle llega a incorporar como «misión» o «hipótesis de conflicto» para las Fuerzas Armadas el «accionar en el país de un movimiento subversivo».
Algo de eso se hablaba en los cuarteles en 1972 y 1973, ¿no? *
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