Un "estado del alma" y mucha información

El Presidente de la República ha definido su abordaje de la cuestión de los desaparecidos diciendo que para eso se necesitaba un determinado «estado del alma».

?Cuál es, a qué se refiere el Presidente?

En estos días, más que con palabras, Batlle lo ha mostrado a través de sus hechos.

Los hechos claros y positivos que culminaron con el encuentro de la nieta de Juan Gelman y con la remoción del general Manuel Fernández.

Todo parece indicar que el tiempo de arrogante silencio presidencial ha terminado.

Todo parece indicar que el tiempo en que los militares en actividad proferían impunemente amenazas contra las instituciones y contra la población, también ha terminado.

Hay, pues, buenas condiciones para avanzar.

En primer lugar, habría que precisar hacía a donde se aspira a avanzar.

Se ha dicho, y es enteramente compartible, que la meta es alcanzar una reconciliación nacional firme y duradera.

Se ha hablado de la necesidad del perdón. Algunos exigen que «todos pidan perdón». Otros plantean que sea el Presidente que lo haría en nombre del Estado.

Pensamos que, antes de la hora del perdón, se impone alcanzar metas previas, sin el cumplimiento de las cuales la solicitud y el eventual otorgamiento del perdón, perdería sentido.

Esa primera meta es sencilla de decir, fácil de comprender pero, aun así, encuentra escollos: lo primero es saber la verdad.

Así de sencillo. «La verdad y todas sus consecuencias», como recordaba un columnista de LA REPUBLICA hace unos días.

?Hay acuerdo en el país en torno a este requisito tan elemental y tan sencillo como el que primero es buscar la verdad?

Evidentemente no hay.

El pasado jueves, en el semanario Búsqueda, el general (r.) Daniel García, ex comandante en jefe del Ejército durante la administración nacionalista, culminó sus interesantes declaraciones sosteniendo que (acerca de los desaparecidos) «si a esta altura del partido no se sabe, es muy difícil que se sepa. La gente que hizo eso hace rato que desapareció de circulación. Además, no creo que muchos de ellos estén abiertos a hablar porque deben carecer de la certeza de que su gesto sea reconocido (…) Una de las cosas que ha mostrado tanto la realidad uruguaya como la argentina es que decir la verdad es absolutamente peligroso.»

?Qué se quiere decir con esto?

?De qué pedido de perdón estamos hablando cuando a la vez se sostiene que decir la verdad es «absolutamente peligroso»?

Es evidente que cualquier proceso de pacificación o reconciliación nacional debe empezar por hacer que decir la verdad no sea peligroso.

Donde reina la intimidación no existe el «estado del alma» que hace posible que este drama tenga solución.

Si hay intimidación, si la verdad es peligrosa, no hay forma de avanzar sobre la falta de datos y sobre los desaparecidos que faltan, incluidos los ninos, permanecerán las sombras.

Tanto en el episodio Gelman como en el incidente Manuel Fernández apareció una cantidad de expresiones llamando «a la discreción».

Es importante distinguir claramente entre la delicadeza que tiene el tema referido a la identidad personal y familiar de una joven, hija de desaparecidos y el carácter de problema de toda la sociedad que tiene el fenómeno del terrorismo de Estado y las doctrinas (o los rebuznos, como los de Manuel Fernández) que lo sustentan.

El mesianismo militarista, que fue un aspecto sobre el que se construyó el régimen de dictadura que vivimos entre 1973 y 1985, es una concepción absolutamente incompatible con la democracia y con la vigencia del Estado de Derecho.

Denunciarlas, mostrar, hacia dentro y hacia fuera del instituto militar, lo negativo que fueron para nuestro país estas ideas no es, no puede ser, una cuestión «reservada» o «discreta».

Si en el país se quiere realmente la verdad esta tiene que dejar de ser peligrosa.

Si el país quiere afirmar sus instituciones democráticas debe saldar sus cuentas con el golpismo militarista, con la llamada «doctrina de la seguridad nacional» y todos sus «embotelladores autorizados» dentro y fuera de las Fuerzas Armadas.

Si, como creemos que ocurre, el gobierno nacional se encuentra en la parte mayoritaria de la opinión pública internacional que condena al terrorismo de Estado de Pinochet y su plan Cóndor, entonces hay que actuar en ese camino. Y desde él será más viable alcanzar la verdad. Y la anhelada reconciliación.

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