Los intendentes que hubo en Soriano

Miércoles 05 de abril de 2000 | 12:00
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Escribe Marcelo Filomeno

En “Acción” de Mercedes del lunes 3, pág. 5, el profesor Washington Lockhart publicó un artículo bajo el título “Los intendentes que hubo en Mercedes”, donde incluyó una cronología de gobernantes departamentales, con obras atribuidas a los mismos, abarcando desde el año 1908 hasta el presente, muy ilustrativa aun cuando sintética.

Pero, más allá del error en el título, aparece sorpresivamente un juicio de valor inexplicable, por provenir de quien proviene, referido a un gobernante de facto que en mala hora tuvo el departamento, como los tuvo asimismo el resto del país, en el caso, uno de los intendentes interventores militares, el coronel Juan C. Salaberry, de quien opina el profesor Lockhart: “Aunque de actuación breve, fue muy empeñosa”.

¿”Empeñosa” para qué, profesor? ¿Para cumplir al pie de la letra el mandato de los felones que arrasaron la Constitución y las leyes en nuestro país? ¿O acaso era diferente la “obediencia debida” en tanto la orden era “administrar” por la fuerza una intendencia o “gestionar” a los palos un ente autónomo, de lo que sucedía en el otro extremo de la barbarie “cívico-militar”, haciendo desaparecer personas, esto último por mencionar lo que clamorosamente salió a luz en estos días y lo conoció el mundo entero: el caso de la nieta de Gelman? Si bien, parafraseando al poeta latino Terencio, “nada de lo humano me es extraño”, sigo teniendo, afortunadamente, capacidad de asombro ante ciertas cosas. De ahí el impulso, sin freno, que me llevó a escribir estas breves líneas. A fuer de reiterativo digo que el rescate de la memoria, sobre todo para los jóvenes, es una obligación ética para nosotros, los viejos.

Arriesgando una hipótesis sobre el “empeño” quizás intentó usted, subliminalmente, referise al empeño –literalmente hablando– de los cuadros y obras de arte desaparecidos de la intendencia durante la intervención de Salaberry, cosa de lo cual se hizo eco en su momento la prensa, cayendo después todo en el olvido, o al empeño del granito rosado desaparecido durante la reforma de la estatua de Artigas, en la plaza que lleva el nombre del prócer en Dolores, atribuible no sé si al coronel Salaberry o a su sucesor, el coronel Rótulo, cosa que puede aclarar el arquitecto funcionario de particular confianza, director del Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la Intendencia de Soriano, en aquella época, y actual integrante de la plancha de candidatos a la Intendencia del EP-FA. Cumplo, estimado profesor, como frenteamplista, con mi deber, pues según José Martí “no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice…”.

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