De urgencias y urgencias: la montaña parió un ratón

Martes 04 de abril de 2000 | 12:00
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Escribe Daniel Olesker

El l 9 de noviembre los partidos blanco y colorado firmaron un acuerdo programático con el que sustentaron su campaña electoral para la segunda vuelta. En dicho acuerdo se plantearon una serie de medidas que planteaban atacar lo que surgía como los problemas de mayor emergencia en la sociedad. Es decir reconocían los que el Encuentro Progresista venía planteando y que el gobierno sistemáticamente había negado: que el país vivía una emergencia social y productiva.

En ese acuerdo que luego se transformó en las 106 medidas que la dirigencia del Partido Nacional envió al electo gobierno colorado. Allí había medidas que se incluirían en la ley de urgencia, otras que eran decretos presidenciales, otras que dependían de los directorios de los entes autónomos y otras que irán en la ley de prespuesto.

Sin duda que queda todavía tiempo y que la ley de presupuesto recién será enviada al Parlamento a fines de agosto y por ende aún no se puede realizar un análisis global del cumplimiento de este acuerdo. Sin embargo, y más allá de seguir de manera expectante y controladora la evolución de los acontecimientos, las primeras medidas del gobierno en materia económica y la ley de urgente consideración nos permiten esbozar conclusiones preliminares.

Primero: Sin duda tenemos con el gobierno diferencias claras en cuanto a qué es urgente y qué no lo es. Nuestro Plan de Emergencia, propuesto en la campaña electoral y plenamente vigente hoy día, planteaba como prioridades: el tema de la pobreza y en general los ingresos de los sectores de menos recursos, el tema del empleo, el tema del endeudamiento de los sectores productivos y el gasto y las políticas en materia de salud y educación entre los más relevantes.

Segundo: los primeros anuncios del gobierno en materia económica ya significan ir en un camino contrario al de las verdaderas urgencias del país.

* En primer lugar porque ya en los objetivos nos anuncian que éstos son crecimiento, empleo y fortalecimiento de las finanzas públicas y por ende no aparece en los objetivos de la acción pública la distribución de la riqueza. Seguramente porque el gobierno liberal cree que la distribución de la riqueza es un mecansimo automático del crecimiento. Lamentablemente ni la teoría ni la práctica avalan esa famosa frase tantas veces escuchada en nuestro país: primero hacer crecer la torta y luego repartirla. Por el contrario un reciente informe académico de la Facultad de Ciencias Económicas confirma que durante el gobierno de Sanguinetti, a pesar del crecimiento económico, aumentó la concentración del ingreso.

* En segundo lugar entre los dos objetivos sí explicitados hay una clarísima jerarquizacion del fortalecimiento de las finanzas públicas. Quizás porque se cree que con el equilibrio fiscal automáticamente viene la inversión, el crecimiento y el empleo, cosa que está claramente demostrado que no es así. Y al mismo tiempo algunas medidas tomadas en especial en el área de la construcción tendrán efecto recesivo multiplicador y por lo tanto no es seguro que se llegue al crecimiento previsto.

* En tercer lugar los objetivos de crecimiento y empleo aparecen juntos porque el gobierno sostiene que el crecimiento genera automáticamente más empleo. Y allí la teoría y la práctica, otra vez, muestra que ello no es así, que se necesitan políticas activas de empleo, cuestión de la que nada se anuncia.

Tecero: En la ley de urgencia vuelve a quedar postergada la verdadera urgencia.

* En primer lugar porque se abordan una gran cantidad de temas que sin lugar a dudas no pueden ser visualizados como urgentes frente a la problemática ciudadana. En esa direccion encontramos la creación del Ministerio de Deportes y Juventud, varias medidas que se dirigen hacia la Sociedad Comercial o mismo muchas de las iniciativas que se dirigen hacia la propia administración pública.

* En segundo lugar, y sobre todo, porque de aquellos problemas urgentes que caracterizamos, es muy, muy poco lo que se dice. Veamos:

(check) Del empleo nada y sólo una rebaja de aportes patronales en la industria manufacturera que ya estaba otorgado como potestad del Ejecutivo, y por lo tanto su único aporte, valga la redundancia, es consolidarlo como ley.

(check) De la pobreza nada y del resto de los ingresos tampoco, incluso algunos ingresos caerán por la política salarial anunciada y su impacto sobre las jubilaciones.

(check) Del endeudamiento de los sectores productivos nada. Recordemos además como digresión que al cupón cero (solución planteada en este tema hace unos meses) casi nadie se amparó.

(check) De las políticas de salud y educación por ahora nada, salvo la sublime ridiculez (ridiculez por su dimensión aunque compartamos la medida) de exonerar de IVA a la importación de equipos de computación para institutos de enseñanza.

Cuarto: Finalmente algunas de las más promocionadas medidas de aquél 9 de noviembre han pasado, al menos por ahora, al botiquín de los recuerdos de las anécdotas de las campañas electorales. Por ejemplo:

* La derogación de la sobretasa del impuesto a los sueldos del 6 % impuesta como transitoira en el ajuste fiscal de 1995 y nunca quitada.

* El aumento de las jubilaciones menores a una salario mínimo (por el contrario es posible que caigan en el 2000 como resultado de la política salarial que han impuesto).

* La mejora en los niveles de seguro de desempleo que es de superurgencia pues es ahora que están ingresando al seguro, por el nuevo aumento de la desocupación.

* Reducción del gasto del Poder Legislativo para trasladarlo al Poder Judicial.

* Disminuir costos de tickets en el mutualismo.

* Aumento del gasto educativo hasta el 4,5 % del PBI.

Por ello si recordamos (y debemos hacerlo) el día 9 de noviembre y lo comparamos con lo que se está haciendo, surge la reflexión del título: La montaña parió un ratón.

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