INTERESANTE COMPROBACION

Cambiando de rumbo en medio de la tormenta

«Si no hay un dramático cambio de actitud de toda la dirigencia política y se toman medidas efectivas de ajuste que vayan a la esencia de los problemas, sólo un milagro podría evitar que también nosotros continuemos deslizándonos –a una velocidad creciente– hacia el abismo».

Esta frase no fue extraída de una nota publicada por algún economista de la oposición preocupado por el cuarto año de recesión, de caída del PBI, en el cual se duplicará el ritmo de inflación acompañado por el mayor ritmo de la devaluación del peso frente al dólar. Esa frase fue escrita en el semanario Búsqueda por el economista Michele Santo, que luego de un baño de realidad comenzó a reconocer que la política económica de este país es negativa para los intereses del mismo.

Este nuevo discurso, que hemos advertido en ese semanario desde ediciones anteriores, podría ser consecuencia de la comprensión –quizás tardía– de que Uruguay desde hace un tiempo se ha comenzado a deteriorar de forma dramática, excluyendo a sectores importantes de población, que han sido lanzados a la marginación y a la desestructuración familiar, todo como consecuencia de la creciente miseria.

Hasta no hace muchas semanas en esas páginas se defendían todas y cada una las medidas orientadas por el equipo económico de gobierno. Incluso, mirando un poco más atrás, también se aplaudió la intención de ajuste de Ricardo López Murphy y, posteriormente, la esquizofrénica acción de Domingo Felipe Cavallo, que llevó a Argentina a la debacle del default y a la crisis más honda que se conoce en un país latinoamericano.

Podríamos, pero no lo haremos para no aburrir por segunda vez al lector, publicar largas parrafadas extraídas de Búsqueda, en que se afirmaba que todo marchaba en el país por el «camino correcto». Claro, luego de lo ocurrido en Argentina es más sencillo comprender que el camino recorrido por estos economistas ortodoxos, empobreciendo reiteradamente a la gente, es el que lleva al crecimiento del déficit y, por supuesto, a la cesación de pagos que en Uruguay es una alternativa que está a la vuelta de la esquina.

Si no se modifican las pautas de política económica, tal como dice el columnista que citamos y en lo que coincidimos, el país se deslizará –a una velocidad creciente– hacia el abismo.

En buena hora ese reconocimiento, aunque algunas conclusiones que saca el articulista tienen el basamento de una ideología económica que refleja todavía los mecanismos del modelo que estalló del otro lado del río.

Creemos no equivocarnos. Desde que el país perdió el investment grade y las empresas calificadoras de riesgo plantearon sus discrepancias con la atroz política impositiva que sigue votando con brazos de yeso la coalición de gobierno, en algún resquicio del semanario, que es la expresión consuetudinaria de la derecha, hubo una inflexión que debemos analizar con interés.

Quizás fue el resultado de un baño de realidad, intentando ahora no seguir navegando, como fue su incansable prédica anterior, en un barco que ya está escorado y al que el nuevo ajuste le abrió más rumbos.

Por supuesto, parar ese naufragio, que destrozará al país, exige de todos dejar las políticas esquemáticas y antinacionales, tratando de construir entre todos un nuevo camino que beneficie al país y no a sectores específicos, los mismos de siempre, a los que sólo les importa el lucro y no el destino de Uruguay y los uruguayos. *

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