Un sistema financiero surgido del comercio, la usura y la especulación

Tal como «Nuestro corresponsal» nos lo recuerda en la sección Economía de esta misma edición hace hoy ciento cuarenta años el entonces ministro de Hacienda de Berro, don Tomás Villalba, anunciaba ante las cámaras el propósito gubernamental de crear un signo monetario nacional. Es el origen de nuestro peso, que valía un décimo de onza de oro.

Pero lo interesante del caso, más allá de la anécdota, es que por aquellos tiempos –después de la Guerra Grande y hasta la invasión de Flores contra el gobierno legítimo– el país comenzaba a vivir una época de bonanza que permitió lo que hoy se ha dado en llamar una «reactivación económica» después de la sangría que significaron las guerras civiles y el enfrentamiento armado internacional.

Bueno es recordar que por aquella época fue que comenzó la actividad bancaria en nuestro país. Como nos enseña José Pedro Barrán en «Apogeo del Uruguay pastoril y caudillesco», tomo 6 de la colección Historia Uruguaya de Ediciones de la Banda Oriental, «Sobre estas bases –recuperación económica interna, auge del comercio de tránsito– se afianzó un núcleo capitalista en Montevideo, con fortuna acumulada en el comercio. (…) Estos comerciantes también acumularon capitales actuando como prestamistas.

Poseían la gran masa de la única moneda circulante, el oro. Podían compartir ese privilegio con algún fuerte estanciero, pero al negociar con firmas europeas que sólo recibían y daban esa moneda, se convirtieron en los más ricos poseedores de metal en el país. De ahí su monopolio del crédito. Aprovecharon las penurias financieras del Estado y sus empleados. (…) No es de extrañar que surgieran en este ambiente los primeros bancos. El capital acumulado por los comerciantes y acreedores del Estado era base suficiente para establecerlos.

A mediados de 1857 hizo su aparición el Banco Comercial, cuyo mero nombre era indicio del origen de su capital y de los servicios que prestaría. (…)

Existía una diferencia de esencias entre ese capitalismo incipiente y el de la contemporánea Europa. El nuestro nacía del comercio, la usura y la especulación. El europeo, del comercio y la industria».

Como fácilmente puede advertirse, ya en sus orígenes, el sistema financiero estuvo al servicio de intereses privados y por lo general contrapuesto a los intereses de la nación.

Y ya entonces, los bancos estaban dispuestos a financiar importaciones de bienes suntuarios antes que otorgar créditos a la producción.

Ciento cuarenta años después, la historia vuelve a repetirse. *

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