Enérgico planteo de la bancada del Encuentro Progresista
En medio de la recesión económica, el país vive un momento delicado.
Dos relumbrantes casos de corrupción han irrumpido en la escena nacional agregando, a las dificultades de orden económico y financiero, unos escabrosos lances éticos que acentúan la sensación de creciente malestar y descreimiento.
Por un lado, la danza de los millones timados de las arcas del Banco Comercial y los consiguientes compromisos financieros asumidos por el Estado para tapar el boquete que al país le endilgan los hermanos Röhm.
Por otro, las tajantes definiciones adoptadas por la bancada de legisladores del Encuentro Progresista referidas a la conducta del ex legislador y actual presidente del Banco Hipotecario del Uruguay, Sr. Ariel Lauzarot.
La ausencia de desmentidos sobre una situación denunciada públicamente en la prensa hace ya varios días, que muestra los lazos existentes entre el jerarca del BHU y personas requeridas por delitos de aduana, pone en evidencia una situación cuya gravedad no puede ser soslayada.
Razones le sobran al representante del Frente Amplio, diputado Martín Ponce de León cuando, a nombre de su bancada, advierte acerca de la necesidad de que Lauzarot aclare su situación ante las denuncias o abandone el cargo que ocupa en la Presidencia del Banco Hipotecario.
Ponce de León señaló, asimismo, con absoluta pertinencia que, de lo contrario, el Poder Ejecutivo debe poner en funcionamiento lo consignado en el artículo 198 de la Constitución que indica la destitución de los directores de empresas públicas que actúen de modo que afecte su buen nombre o el prestigio de la institución a la que pertenecen.
Las respuestas realizadas por el correligionario de Lauzarot, Sr. Washington Abdala, son representativas de lo que Antonio Machado llamaba «la trágica frivolidad de nuestros reaccionarios»: sostuvo que las denuncias de la revista Posdata Folios, dirigida por el ex senador Manuel Flores Silva, constituían «un ataque político», como si eso quisiera decir algo o menguara un ápice las responsabilidades del político imputado. Abdala agregó: «Cada vez que recibimos estos ataques sabemos que vamos bien, que estamos en la pista, que vamos a seguir creciendo».
La publicación, recogida luego por los legisladores progresistas, señala que un funcionario aduanero que Lauzarot pidió fuera pasado en comisión, al Parlamento, el Sr. Ismael González es socio de Lauzarot en la empresa Hoy Colonia SRL y en la firma Noticar, de alquiler de automóviles. Es, además, edil de Foro Batllista en Colonia.
Ambos, el jerarca del Banco oficial y el edil de Colonia son socios de José Cattaneo, que tiene un sumario importante en Rivera, y de Freddy Urricarriet, también un funcionario de la Dirección de Aduanas que se encuentra suspendido por irregularidades.
Este cuadro, de confirmarse, mostraría que el Sr. Lauzarot no está en condiciones de seguir al frente de una función tan delicada como es la conducción del Banco Hipotecario.
El episodio, obviamente, va más allá de los funcionarios y jerarcas políticos implicados y por eso resulta adecuada y oportuna la decisión de los parlamentario encuentristas.
El conjunto del sistema político tiene sobre sí una sombra de escepticismo que se cierne sobre el conjunto de los actores.
En forma injusta por cierto, ya que no son todos los responsables de actos de corrupción o inmoralidad ni todos actúan como cómplices.
La delicada y escabrosa coyuntura histórica por la que atraviesa la Argentina refleja una especie de visión, deformada por exageración, del punto a que se puede llegar cuando la falta de credibilidad del personal político se convierte en «un prejuicio colectivo».
Está por verse la forma en que Argentina supera esta radical impugnación al sistema de la democracia representativa, este rechazo «in totum» a los políticos, sin pararse a distinguir los corruptos de los probos.
En ese espejo alarmante hay que mirarse. A veces parece que estamos muy lejos de la turbia situación política argentina y otras
como en este episodio- parece que estamos, como allá en el discepoliano lodo, todos revolcados. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad