Imposiciones del Fondo Monetario Internacional
CR. CARLOS FERNANDEZ RAPETTI
Cuando se crea el Fondo Monetario en los acuerdos de Bretton Woods, después de la guerra, en 1945, se le asigna el papel de asistir a los países con déficit temporario en su balanza comercial (diferencia entre sus importaciones y exportaciones).
En la actualidad, este papel se ha visto modificado totalmente y se ha transformado en un instrumento de uso de los grandes grupos financieros internacionales de los países desarrollados, en su propio beneficio. Para ello condicionan la ayuda financiera, mediante una carta de intención, según la cual los gobiernos de los países subdesarrollados se comprometen, entre otra muchas cosas y principalmente, a:
– Achicamiento del Estado, apertura total de la economía, no proteger su industria con subvenciones, mantenimiento de un déficit fiscal bajo o nulo y balanza comercial equilibrada, etcétera.
Veamos lo que esto significa:
Achicamiento del Estado
Significa invertir menos en gastos de salud, enseñanza, sueldos, jubilaciones, obras e inversiones. Como es lógico, estimado lector, esto ocasiona falta de atención médica y medicamentos, significa degradar la enseñanza pública, rebajar salarios públicos y privados, disminuir las ayudas sociales por desempleo e incapacidad con las consiguientes consecuencias que no escaparán a su inteligencia. Significa no hacer inversiones públicas a ningún nivel y por lo tanto obliga a una paralización del Estado como motor posible de una reactivación económica e incluso provocar un mayor índice de desocupación. Significa anular la capacidad de consumo del mercado interno, sin tener en cuenta que es para él que se produce el 80% de los bienes transables.
Apertura total de laeconomía
Implica el impedimento de fijar aranceles de importación por encima de los máximos porcentajes que fija la Organización Mundial de Comercio (léase países desarrollados). Tampoco pueden fijarse cupos de importación en defensa de la producción nacional. Ello trae aparejado que no pueda impedirse la importación de las más diversas clases de productos (aunque sea posible fabricarlos en el país) que se producen por empresas internacionales, que se han establecido en países subdesarrollados, con muy bajos salarios y en algunos casos con mano de obra infantil o semiesclava. En otros casos como en el de la producción agrícola, tampoco se puede competir porque los países desarrollados han asistido a sus productores con altos importes de ayuda económica para hacer viable tal producción. Se pretende que el mercado se regule automáticamente, sin intervención del Estado, lo que es un absurdo, porque los grandes grupos económico-industriales lo dominan totalmente.
Los países centro son los que fijan los precios y a veces para poder exportar, venden con precios de «dumping», es decir por menos de lo que les cuesta producirlos, con tal de mantener sus fuentes de trabajo y evitar que en los países del tercer mundo se instale la competencia y sigamos solamente siendo productores de materias primas y subdesarrollados.
Venta de las empresas públicas
La oportunidad de inversión de los grandes grupos se concreta en los países chicos como el Uruguay, en las grandes empresas públicas. Su fin es obtener un lucro mayor que en los países desarrollados. Para ello, necesitan adquirirlas lo más barato posible y obtener las mayores prerrogativas posibles, ejerciendo influencia sobre los grupos políticos «que cortan la torta», para poder explotarlas con un mínimo de inversión posterior y con las máximas tarifas posibles. Tenemos sobrados ejemplos de esto en nuestro país (Pluna, Aguas de la Costa en Maldonado) y muchos más en países vecinos donde se malvendieron y soportan altas tarifas y peores servicios.
No proteger industrias
Las reglas del comercio internacional permiten fijar aranceles de importación o cupos de importación que se fijan por decretos gubernamentales, que privan determinado ingreso de productos del exterior (en nuestro caso las carnes o el arroz entre otros).
Sin embargo, las condiciones que impone el FMI son la rebaja de ese arancel y el impedimento de fijar cupos, para poder colocar en todo el mundo sus productos, política que no aplican a sus propias economías, que se mantienen cerradas, por ejemplo, a los productos agrícolas, para mantener la ocupación de sus propios agricultores, a quienes asisten con enormes sumas de dinero para que sigan produciendo y evitando así la desocupación. Dentro de las condiciones que nos imponen, también están prohibiendo toda asistencia económica a cualquier tipo de producción, por aquello de «haz lo que yo digo pero no lo que yo hago».
Balanza comercial equilibrada
Es –digámoslo una vez más– la diferencia entre las importaciones y las exportaciones.
Mal puede haber equilibrio en la balanza de un país que importa casi todo lo que consume, porque en este querido país casi no se produce nada. Como ejemplo de ello digamos que se ha anunciado que se han importado en el año 2001 la cantidad de 12 millones de pares de zapatos, teniendo cuero y suela disponibles y 12 millones de kilogramos de hortalizas, teniendo campo disponible, pero endeudado con altísimos intereses bancarios. Este déficit alcanzó en el 2001 la suma de U$S 1.014 millones, debido a que la caída de las exportaciones alcanzó a los U$S 255 millones.
Déficit fiscal bajo o nulo
Ya hemos explicado en anteriores trabajos que a pesar de que en nuestro querido país el gobierno repita que se mantiene una economía con equilibrio fiscal, ello no es cierto. El déficit fiscal (diferencia entre los ingresos por impuestos y gastos del estado), es cada vez más alto y hasta ahora se ha recurrido a préstamos para pagarlo, aumentando peligrosamente el riesgo país.
En un momento en que el país está inserto en un proceso recesivo, producto de una política económica equivocada, al haber menos transacciones por fabricación o ventas, la recaudación de impuestos es muy baja y afectada además por la evasión fiscal y el endeudamiento.
Los gastos tienen un límite para reducirse y a su vez no han sido disminuidos en aquellos sectores que son superfluos, sino que se han efectuado sobre los sectores de ingresos fijos (impuestos a los sueldos y jubilaciones) ya con anterior pérdida de poder adquisitivo, dejando de lado amplio campo en el que podrían recaudarse impuestos (rentas inmobiliarias), rentas financieras ya que el 80% de los impuestos corresponde a gravámenes sobre el consumo). Ello es consecuencia de la no existencia de un sistema de impuesto a la renta, para que pague más el que tiene más.
Reflexión final
No podemos aceptar ninguna de las condiciones que se nos imponen y que hemos analizado.
Sobre todo, no podemos aceptar la generalización que se esconde en el «achicamiento del Estado».
Hay casos en que se debe achicar y en otros en que no nos conviene nada achicar; veamos:
Conviene achicar
La pobreza, los gastos superfluos de los ministerios de Defensa y Relaciones Exteriores, los contratos de obras con altos sueldos en dólares, los altísimos intereses del sistema financiero, los pases en comisión para no trabajar, las grandes superficies comerciales, las grandes propiedades de campos improductivos, la dolarización, los impuestos sobre sueldos y jubilaciones, el éxodo de jóvenes, el IVA a los productos de consumo popular, el amiguismo y por ello muchos ineptos directores de entes del Estado, el riesgo país y sobre todo el desempleo.
No nos conviene achicar
Sueldos, jubilaciones adecuadas, pensiones necesarias, protección a los niños, los consejos de salarios tripartitos, porque no queremos como destino final para nuestr
os trabajadores, el que sufren los de otros países, que viven en absoluta pobreza y en condiciones de casi esclavos, la enseñanza en el actual momento de tecnificación en que se vive y agrandar el diálogo social, para buscar con el máximo concenso, un cambio en esta política económica que está en las antípodas de la que necesitamos para crecer y volver a tener esperanzas de vivir en un país próspero. *
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