La obstinación en cumplir las metas
El Presidente ha vuelto de su viaje a la metrópolis imperial y se ha mostrado satisfecho con los resultados de su gestión. Tanto en sus declaraciones en el jardín de la Casa Blanca como en la conferencia de prensa ofrecida a poco de retornar, fue claro que intentaba transmitir optimismo. Sin embargo, el optimismo y el entusiasmo, para ser contagiosos, deben sustentarse en una base de credibilidad objetiva que, en el caso del doctor Batlle, está exhibiendo fisuras inocultables. Es por esa razón que los anticuerpos de la sociedad funcionan a la perfección y el sistema inmunológico está alerta para evitar el contagio.
De poco vale que el mandatario haya recurrido al ejemplo del vaso que contiene líquido hasta la mitad: los pesimistas lo ven medio vacío y los optimistas, medio lleno. «Es como el cuento de la botella; hay algunos que dicen: está medio vacía, otros dicen que está medio llena. Yo la veo medio llena», expresó Batlle. El problema es que cuando la botella (o el vaso, tanto da) está absolutamente vacía ni siquiera Pangloss sería capaz de verla medio llena.
La defensa que hizo el doctor Batlle del acuerdo bilateral de libre comercio con EEUU no resultó demasiado convincente. Por ejemplo, su afirmación de que un tratado de esa naturaleza logrará resultados beneficiosos para los demás miembros del Mercosur parece a todas luces difícil de entender, sobre todo cuando a poco de informarse sobre el mismo, ya Brasil hizo oír su posición contraria. Porque no es lo mismo el acuerdo que la Unión Europea se propone llevar adelante con todo el Mercosur, que podría resultar beneficioso para cada uno de sus miembros; un acuerdo bilateral –más allá de su incierta concreción– es una forma de dar la espalda a los socios y cortarse solo. Por otra parte, como bien lo señala el economista Daniel Olesker, un acuerdo de igualdad entre dos países tan desiguales no es aventurado predecir que termine beneficiando al más poderoso.
Pero independientemente de estas cuestiones, es de destacar la reiteración de una actitud excesivamente sumisa ante las superpotencias y los organismos financieros internacionales. Fue realmente penosa la referencia a la calificación de la Standard & Poor’s. En primer lugar, soslayó cuidadosamente el dictamen de la calificadora sobre el paquetazo fiscal salvador, no haciendo referencia alguna a la evaluación negativa que la consultora hace a propósito del aumento de impuestos en una época de fuerte recesión. Pero lo más sorprendente fue su llamado a respetar esas decisiones y a asumir la culpa: «No tenemos que enojarnos con Standard & Poor’s, sino que nosotros debemos hacer las cosas mejor, cumplir». El doctor Batlle utilizó el término que mejor expresa los conceptos con que se maneja el equipo económico: cumplir; seguir al pie de la letra las recetas emanadas de los dueños del mundo; cumplir con sus recomendaciones. En esa palabra está resumida la mentalidad que guía a las autoridades en este despeñadero: cumplir con las disposiciones fondomonetaristas a costa de lo que sea; llegar a las metas sin importar los costos sociales. Y lo dramático es que hemos estado pagando esos costos –desocupación, miseria y exclusión– inútilmente porque las metas no se alcanzaron.
Pero el gobierno se mantiene incólume, obstinadamente obediente y complaciente, justificando al FMI: «Si Uruguay tiene un déficit monumental, por más interés que usted tenga de ayudarme a mí, si yo me porto mal, es difícil», reconoció Jorge Batlle.
Las organizaciones sociales y empresariales ya se han pronunciado contra el modelo. Es el turno de actuar de las fuerzas políticas, de modo de promover el impostergable cambio de rumbo que el país reclama. *
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