Izquierda política y fuerzas sociales

EDUARDO BONOMI*

 

La gran tarea del pueblo oriental, de las organizaciones sindicales y sociales, de los empresarios afectados por la crisis y los cooperativistas de vivienda, jubilados y pensionistas, así como el enorme contingente de desocupados o subocupados, y de los partidos políticos que los expresan, es tirar abajo la política económica y al equipo que la proyectó y la está instrumentando. A pesar de las contradicciones que objetivamente existen, es posible acordar alrededor de cuatro o cinco puntos concretos que sirvan para ir de frente contra la política económica y nuclee una gran movilización social, amplia y plural, de masas, que muestre un pueblo en movimiento, defendiendo el país productivo y solidario, y el reencuentro con el trabajo y la dignidad de ganarse el pan con el sudor de la frente…

La relación entre las organizaciones sociales y las fuerzas de izquierda ha sido siempre conflictiva, cambiante y necesaria. Los partidos y movimientos políticos que se representan a sí mismos no tienen razón de ser; o participan en la lucha por los cambios sociales apoyados en las fuerzas sociales necesitadas de ellos o se transforman en una organización sin legitimación social.

La participación de la gente en uno u otro tipo de organización tiene que ver con cada momento o cada situación. Cuando el Frente Amplio surgió a la vida política, en 1971, o cuando el auge de la lucha contra la dictadura, florecieron los comités de base y hubo un vuelco masivo hacia la participación en ellos. Se organizaron comités territoriales y comités funcionales, participaron en ellos los militantes políticos, los militantes sindicales y sociales, y los simples vecinos que encontraron un lugar donde volcar sus inquietudes…

Ello tuvo que ver con la necesidad impostergable de sacarse de encima la dictadura y su política económica y social, sobre todo cuando ésta hizo crisis y a la prepotencia se sumó el aumento de la angustia económica. Después aumentó también la participación en las luchas sindicales, y cuando ellas se transformaron en una forma de mejorar realmente los ingresos, significó un verdadero vuelco de la actividad política a la lucha sindical… Posteriormente, el gobierno le puso en parate a los aumentos salariales y el Frente Amplio ganó las elecciones departamentales en Montevideo, y hubo otro vuelco: se pasó de la actividad sindical a la participación en las organizaciones sociales y barriales. Luego, un nuevo desengaño, produjo una especie de retirada a las casas…

Paradojalmente, durante todo el período, y aún después, cuando el fenómeno del abandono de la militancia se acentuó, la izquierda aumentó sensiblemente desde el punto de vista electoral y acumuló cada vez más votos.

De forma cada vez más evidente, la participación en política o en la lucha sindical y social está íntimamente unida a la confianza y la esperanza: a la posibilidad real de modificar el actual estado de cosas, pues nadie se dedica a la militancia social o política si no confía en sus resultados y, a través de una actividad colectiva, ayuda a dar satisfacción a necesidades que también son individuales.

Pero la relación entre la política y las organizaciones sociales también se apoya en una relación conflictiva y contradictoria, sobre todo en los tiempos que corren, en los que se producen enfrentamientos entre una y otra actividad: hay organizaciones políticas que desconfían de las organizaciones sociales y organizaciones sociales y militantes sociales que reivindican su actividad al margen y hasta en contradicción con las organizaciones políticas.

Sin embargo, la realización de los principales objetivos de las organizaciones sociales necesita de la política, de la política partidaria y de la actividad parlamentaria para concretase.

Y por ello, ante la posibilidad cierta de que el Frente Amplio gane las elecciones, la derecha política procura desacreditar la política y la militancia política, trata de lograr que la gente desconfíe de la política y de los políticos, y usa para ello los chanchullos que ellos mismos han realizado históricamente en nuestro país, los errores cometidos y todo lo que los pueda ayudar. Los partidos tradicionales, que históricamente representaron a los industriales y los comerciantes o a los sectores agropecuarios y vinculados al agro y a la tierra, hoy se transformaron en partidos funcionales al desarrollo del modelo neoliberal que está al servicio de las grandes transnacionales y perdieron la representación original. Ese es su drama: darse cuenta de que invocan la patria y sus tradiciones y de que cada vez se les cree menos porque están ayudando objetivamente a destruirlas.

Al mismo tiempo, otra representatividad se está construyendo en las calles y los caminos de la patria: los sindicatos, las organizaciones sociales y las organizaciones empresariales, así como los movimientos y partidos de izquierda, apuntan sus baterías contra la actual política económica, que es la causa del desempleo y el desmantelamiento del aparato productivo, la rebaja salarial y el aumento de los impuestos que atormentan a los uruguayos, la expulsión de la tierra de cientos y miles de poductores rurales, así como el cierre de tantas y tantas industrias y comercios…

El clamor popular contra la política económica está ayudando a construir una nueva legitimación política.

* Integrante del Comité Ejecutivo del MLN-T, Dirección Nacional del MPP, Mesa Política del FA

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