ANTE LA PROFUNDIZACION DE LA CRISIS

"Que no se pierda más tiempo. Ya"

CARLOS SANTIAGO

 

Los hechos se van sucediendo de manera concatenada. «Por el camino de la pobreza se llega al default», indicamos alguna vez, mientras otros analistas en ese momento batían palmas por la «creatividad» de Cavallo en la Argentina y seguían hablando de la necesaria «reforma» en nuestro país, léase venta de empresas públicas con el objetivo de pagar la deuda externa. Una medida puntual, que enajenaba la acumulación de riqueza realizada por décadas por la sociedad uruguaya, en aras de sortear una coyuntura en que nos colocaron los sucesivos gobiernos utilizando un modelo económico que planteaba la exclusión, irrealizable por los inconvenientes sociales que determina y, además caduco, pues sus consecuencias finales han sido catastróficas. Miremos para ello el ejemplo de Argentina.

La pérdida del investment grade que determinó la calificadora Standard and Poor’s (SyP) era otro elemento lógico de esperar para un país con un gobierno tan alegre como ciego ante la realidad, sin ningún tipo de sensibilidad social, que aplicando un ajuste recesivo tras otro logró también lo que era de esperar: el ahondamiento de la crisis. Para ello contó con la colaboración irrestricta del Partido Nacional que, en las primera etapas (la irrealidad también lo ganó) coincidió no sólo en los votos sino también en lo ideológico con el modelo económico de exclusión que colaboró en llevar adelante.

Claro, hoy las cosas han cambiado. Las cartas están vistas y los nacionalistas, incluso del núcleo más afín al trabajo en la coalición, han cambiado su visión. Sin embargo ese desflecamiento de la afinidad con el gobierno, no tendrá una consecuencia que modifique el funcionamiento de la coalición. Hay dos temas que atan a los blancos: uno de ellos está expresado por los cargos que mantienen, que comenzarían a perderse en el caso de una ruptura. El segundo punto, quizás el más importante, es que una desaparición de la coalición dejaría al gobierno de Jorge Batlle sin posibilidad de salidas políticas. Obviamente, los blancos sopesan con preocupación, quién pagaría el costo político de un país sumido en la «anarquía». Ello determina que –más allá de discursos oportunistas y de perfil opositor– en caso que el nuevo ajuste siga adelante, seguramente lo votará.

Sin embargo hay algunos nacionalistas que están dispuestos, como el senador Larrañaga, a integrarse (¿coincidiendo con el Foro Batllista?) en una opción de centro que sirva para acumular el descontento, con el fin de cortar el crecimiento –aparentemente imparable– del Encuentro Progresista. Esta estrategia, presuntamente elaborada por el doctor Julio María Sanguinetti, ya ha sido entendida por el presidente Batlle y por el Herrerismo, quienes tratan de comprometer al ex mandatario con la política que se está llevando adelante.

En este panorama que también se caracteriza por un excluyente divorcio con la oposición frenteamplista, es que el país tiene que vivir sumergido en una crisis inédita en la que están haciendo eclosión las malas políticas adoptadas en distintas épocas. Un ejemplo de ello es el estallido del supuesto «paraíso fiscal» que se creo en el país, con leyes que establecieron el férreo secreto bancario y que permitieron «cualquier tipo» de operación, sin advertir que lo único que se estaba construyendo era una «caja negra» para los capitales argentinos y, por lo tanto, el país quedaba inerme ante los vaivenes económicos del país vecino. Ni siquiera se tuvieron en cuenta, a modo de ejemplo, mecanismos de funcionamiento de otros lugares en el mundo. Las Islas Caimán, para analizar uno de ellos, no están atadas a las vicisitudes de una economía y de un país, exponiéndose como Uruguay a pagar los platos rotos de lo ocurrido en el país vecino. Allí reciben depósitos de todo el mundo. Estos elementos, obviamente, también deben haber sido analizados por SyP cuando dice que las «vulnerabilidades emergentes del sistema financiero en Uruguay están conectadas con la crisis argentina». Tampoco se tomaron en cuenta, en materia de economía doméstica, algunas elementales medidas que son conocidas y reiteradas en todo el mundo, especialmente en la mayor economía, EEUU, que actúan contrariando los ciclos. Cuando devaluó Brasil en 1999, que era nuestro principal comprador, el gobierno colorado de la época se quedó quieto, sin movilizar el tipo de cambio, siendo el responsable de uno de los mayores cataclismos para la producción nacional, comenzando allí un achicamiento de la economía junto al paralelo y oneroso crecimiento del déficit. Cuando Sanguinetti entregó el gobierno a Batlle los números en rojo sumaban 800 millones de dólares.

El nuevo equipo económico, encabezado por Alberto Bensión, tampoco adoptó medidas, en una pasividad casi criminal, implementado –eso sí– varios ajustes recesivos pro cíclicos, que determinaron la caída de la ocupación y de la producción nacional, el aumento de la marginalidad llevando al país a una crisis con resultados todavía no cuantificables. También ese proceso sirvió para comprobar la caducidad de un modelo que ya ha provocado una impresionante destrucción de riqueza.

En este país paralizado, con más de tres años de recesión, ante el crecimiento de los números en rojo, ahora se concreta otro ajuste recesivo, proyectado con el objetivo de mantener el investment grade, haciendo pagar a la gente con reducción de salarios, aumento de tarifas y nuevos impuestos, todos los errores del pasado, sin entender que por ese camino se llega irremediablemente al default. Tiene que ser la consultora SyP quien ahora le dice al gobierno que el ajuste que está promoviendo es «insuficiente e inadecuado», porque «pone demasiado el acento en la parte impositiva cuando la economía está atravesando una fase altamente recesiva», agregando que el ajuste propone «recortes marginales en el gasto operativo y de capital y una carga impositiva que parece contraproducente en el cuarto año de recesión». Ante la magnitud de la crisis, entonces, cómo no coincidir con el llamado realizado al gobierno por Federico Fasano, expresado en la siguiente frase: «…que se escuche a quien quiera pero también a la otra mitad del país. Que la convoque con honestidad intelectual y política que seguro estoy le dará, le daremos, la mano desinteresada que el país necesita en esta encrucijada de su historia. Pero, no pierda más tiempo. Ya». *

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