Ante la caída del modelo, consolidar el sistema
El país está viviendo tiempos complicados. La pérdida del grado inversor que otorgaba la empresa calificadora Standard and Poor’r (SyP) –no esperada en este momento pero prevista– no deja de ser grave, pues los títulos de deuda que se emiten, con los que se financia el déficit, deberán ser vendidos a menor precio y pagando mayores intereses.
Sin embargo, para ser claros es bueno para enmarcar la gravedad del problema, decir que Uruguay, pese a ostentar desde hace algunos años el famoso investment grade, siguió siendo uno de los países –en compañía de Haití– de menor inversión externa del continente. La buena calificación de riesgo de poco nos sirvió en ese aspecto por una muy simple razón. Uruguay, por el excesivo peso del Estado que se expresa en una insoportable imposición sobre la actividad nacional, además de precios de servicios, energía y combustibles alejados de la realidad económica de la región, jaqueó a la producción y la industria nacional, dándoles además un golpe de gracia al liberalizar las importaciones bajando los aranceles a niveles que descolocaron a la industria nacional.
¿En ese panorama qué se podía esperar?¿Qué actividad podría recibir aportes del exterior? Los pocos dólares que llegaron fueron invertidos en hoteles y otras actividades vinculadas al turismo actividad que, por razones de eventualidad y al amparo de beneficios impositivos, tuvo un desarrollo relativo importante.
Sin embargo desde la devaluación de Brasil, que provocó un desfasaje cambiario de importancia sin que el gobierno tomara alguna medida en base a la cual el país podría haber mantenido por lo menos parte de la venta en ese mercado, si inició un período recesivo que desembocó en una crisis que hoy es de enorme magnitud.
Pese a que el país mantenía, por cumplir con todas y cada una de las obligaciones con el exterior, el grado de inversión, este le servía de poco. No obstante el gobierno hizo pie en la «necesidad de su mantenimiento», para reiterar ajustes que no hicieron más que empobrecer a la gente, incrementando aún más el déficit fiscal, achicando el mercado interno que absorbe el 85 por ciento de la producción nacional. Reiteramos la pregunta: ¿En ese marco eran posibles las inversiones?
En la actualidad día a día se conocen nuevas malas noticias. A la crisis del sistema financiero, producto del colapso argentino y de la caída del negocio del crédito en Uruguay, como consecuencia de la enorme magnitud de los intereses que se cobran, se le suma ahora la nueva calificación de SyP. No es bueno que el pesimismo gane a todos ni tampoco que algunos comiencen a restregarse las manos por el fracaso de la política de gobierno en general y del modelo económico en particular.
Lo que cabe, en esta circunstancia tan difícil, es adoptar un criterio patriótico de buscar las necesarias soluciones entre todos. Ni el gobierno puede restablecer la confianza en el país por sí solo, ni es justo que la oposición siga marginada de las decisiones, como si en el país hubiera hijos y entenados.
Si con humildad se acepta el diagnóstico de lo ocurrido, se deberán dar pasos de acercamiento para aventar viejas antinomias y premiar a la gente con un gran y necesario acuerdo nacional para implementar medidas que nos permitan revertir la crisis.
Hacerlo será también, en el marco de la evidente caída del modelo, la consolidación del sistema. *
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