LAS GESTIONES DEL PRESIDENTE BATLLE EN EEUU

¿Podrá venir el remedio de donde viene la peste?

Desde el 11 de setiembre, Estados Unidos se arroga un derecho de injerencia que no parece sometido a restricción alguna en el tiempo, en el espacio y los métodos», Carlos Taibo, Universidad de Madrid.

Hace ya unos cuantos años que el escritor uruguayo Eduardo Galeano popularizó el singular epigrama del título. Que viene a cuento cuando con tanto énfasis el Presidente se dirige a la principal potencia del planeta en procura –dijo– de trabajo para los uruguayos.

La idea –o más bien la incauta ilusión– de obtener ayuda del pestífero tiene muchos años, casi tantos como la constatación de las crisis estructurales que afligen a todos los países de esta región del mundo. Los cultores de este tipo de expectativas balsámicas y somníferas parecen olvidar que en gran medida las razones que hacen fuerte a Estados Unidos son las mismas que hacen débiles a los países de la región donde los norteamericanos irradian su dominación.

¿Qué pasaría si Estados Unidos practicara en su propia comarca las recetas que se le han impuesto a estos países en materia de apertura comercial, eliminación de subsidios, barreras no arancelarias y demás ítem del catecismo neoliberal?

En ese caso, en la sede de la gran potencia las autoridades se verían enfrentadas a los problemas de la caída de los precios agrícolas, las desagradables realidades de la desocupación y el malestar social.

Esta situación de iniquidad que ha sido tradición en el último medio siglo, se encuentra hoy exacerbada dadas las características de la administración republicana y los hechos del 11 de setiembre.

Es en este momento específico, árido, de planes y movilización militar que el presidente Batlle recurre al apoyo o la flexibilización comercial de Estados Unidos.

Nuestros vehementes buenos deseos no nos hacen confundir acerca de las pocas posibilidades que Uruguay tiene de que sus demandas sean atendidas.

Bush y su elenco de halcones y palomas están ahora haciendo sonar otra vez los tambores de guerra, ahora con sus misiles militares, políticos y diplomáticos apuntando al régimen de Saddam Hussein.

A ese fin, el señor Bush ha enviado al Congreso norteamericano un pedido de incremento de los gastos militares que retrotrae a los más ambiciosos delirios de Ronald Reagan, en los años ochenta cuando todavía no se había derrumbado la Unión Soviética.

El desprecio a los organismos internacionales, empezando por las Naciones Unidas, parece ser el rasgo dominante de una administración ultranacionalista, despectiva incluso hacia las alianzas históricas como lo demuestran en estos días las voces de protesta que tímidamente empiezan a emitir algunos gobiernos de Europa Occidental. Un comentario del profesor Taibo sintetiza una parte de las contradicciones del momento internacional.

Dice el catedrático español: «El grado de despótica tiranía y de desdén hacia las querencias de los débiles que muestra Estados Unidos no puede por menos que forzar una conclusión: de resultas de los atentados de setiembre, la única potencia que pervive en el planeta ha visto ratificada su hegemonía de antaño, en medio del silencio inenarrable de quienes –como la Unión Europea o Rusia, por acaso– si tuviesen un poco de sonrojo, estarían llamados a levantar una voz que hoy por hoy sólo se escucha en las castigadas periferias que resisten».

Es sobre estas condiciones políticas y geopolíticas, militares y diplomáticas que asienta la hegemonía económica de Estados Unidos.

Para un país pequeño, de economía débil como Uruguay, ¿podrían atenuarse los rigores de los amos del planeta?

Es posible, aunque muy poco probable. Esto dicho con nuestros mejores augurios para los que lo intentan. *

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