BPS: una crisis que será de todos
El desfase entre los ingresos y los egresos del Banco de Previsión Social (BPS), según las afirmaciones del propio gobierno, es una de las cargas más pesadas que engrosan el descomunal déficit fiscal que tiene el país. En el último año, según las mismas fuentes, el Tesoro debió apuntalar con más de mil millones de dólares al BPS para que pudiera cumplir sus obligaciones con los pasivos, que siguen aumentando en número de acuerdo a la proporción de los trabajadores activos que en razón de los avances de la medicina y las condiciones de vida, llegan a promedios de existencia más altos.
Por supuesto que la ecuación es negativa y lo es, en lo concreto, porque el gobierno maneja el tema con una irresponsable actitud, achicando las posibilidades de recaudación del BPS, organismo público plagado de problemas y de déficit, que debe recaudar y trasladar a las AFAPs millones de dólares que estas empresas parásitas logran atesorar para luego invertir –tenga en cuenta el lector la «lucidez» de quienes realizaron la ley de reforma de la seguridad social– en títulos de deuda del propio país. En enero, como consecuencia también de la reducción de la actividad económica, las AFAPs no tuvieron utilidades, por lo que nos preguntamos: ¿qué pasará cuando los primeros afiliados a las mismas cumplan con todos los requisitos para poder jubilarse? Sin duda que el monto asignado no será ni parecido al mencionado en los cantos de sirena que se oyeron al comienzo de estas organizaciones.
Pero eso no es todo. En la reforma antedicha también se aumentaron los años de aportes y la edad mínima para poder acogerse a la jubilación, manteniéndose tasas de reemplazo que impiden que las personas voluntariamente se jubilen, pues hacerlo es caer en la miseria.
A todo ello se debe sumar la nada austera actitud del BPS, que tiene una plana administrativa dirigente que cobra sueldos de ópera, además de haber tercerizado parte de su operativa en base a empresas que se llevan buenas tajadas de lo que se recauda. Por ejemplo el Directorio de ese organismo llamó nuevamente a licitación con el fin de reorganizar la tarea informática, en lo que se invertiría la nada despreciable suma de 40 millones de dólares. Todos recordamos la anterior reorganización, realizada no hace muchos años, que también provocó polémicas de distinta magnitud. Ahora, en el marco de cuatro años de retroceso del país, con un déficit anual de enorme significación, el BPS concreta una nueva licitación de esa magnitud.
¿Qué está pasando? ¿Es que se está caminando con los ojos abiertos hacia una situación insoportable tanto para el BPS como para el país? ¿Hasta cuándo se podrá sostener esta organización en un país que no crece, por lo cual la relación entre activos y pasivos se reduce cada vez más?
No pretendemos con esta nota alarmar a nadie, solamente queremos señalar la situación de un organismo público que no ha colapsado todavía pero que, de mantenerse la situación del país, lo hará indefectiblemente. Si no hay reactivación económica y los uruguayos seguimos reduciendo nuestro poder de compra, continuará destruyéndose riqueza.
El círculo infernal de la falta de aportes seguirá adelante aumentando el desfase entre activos y pasivos multiplicando el déficit.
Ello se convierte en una ecuación insoportable. *
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