La jubilación no es una limosna

WASHINGTON LAURIA

 

Lo sabemos bien quienes aportamos durante 30, 35, 40 o más años, que sentimos el orgullo de haber utilizado la materia prima llamada TRABAJO y que contribuimos con nuestro esfuerzo al desarrollo de nuestro país. Sin embargo, hay muchos integrantes del actual gobierno que no piensan igual. Los escuchamos ahora, en tiempos difíciles y ante la equivocada política económica aparecen desastrosos resultados, por lo que intentan culpar a jubilados y pensionistas como causantes del desequilibrio presupuestal.

Desde el Poder Ejecutivo y en el propio Parlamento comienzan con amenazas, como que pueden surgir inconvenientes para realizar los pagos y debido al orden preferencial que le otorgan a sus compromisos, anuncian que no podrían enfrentar el gasto y adelantan la posibilidad de complicaciones. No se trata de entender que el pago social pueda retrasarse, sino que, por el contrario, tanto colorados como blancos deben comprender que el pago de cualquier jubilación o pensión es una obligación que hay que cumplir. La ley actual contiene criterios muy diferentes a las anteriores, aunque mantiene en su Art. 5 la característica de su incidencia en la sociedad. Allí se menciona textualmente: «A los efectos de la presente Ley, se entiende por régimen de jubilación por solidaridad intergeneracional, aquel que establece prestaciones definidas y por el cual los trabajadores activos, con sus aportaciones, financian las prestaciones de los pasivos juntamente con los aportes patronales, los tributos afectados y la asistencia financiera estatal».

Nuestra Constitución ya marca en su Art. 67 que las jubilaciones se reglamentarán por Ley, es así que hoy contamos con la Nº 16.713 aprobada el 3 de setiembre de 1995.

Como vemos, no hace mucho que fue aprobada y es muy precisa en su clarificación de que somos los trabajadores los que con nuestros aportes, más los patronales y la asistencia del Estado, los que permitiremos que quienes accedan a la jubilación recibirán sus haberes sin ningún inconveniente. Si para solucionar otros problemas financieros admitimos que algunos patrones aporten menos o nada, estamos desvirtuando la esencia de la Ley y de la propia Constitución. Quienes gobiernan por unos años necesitan reflexionar, ya que están transitando por un peligroso terreno y por lo tanto no tienen derecho a distorsionar un régimen acordado que afecta la vida de los adultos que supieron contribuir durante décadas, para estabilizar el desarrollo del país. Nos da la sensación que estamos molestando y que nos están haciendo un favor todos los meses; cuando, en realidad, nos asiste el derecho de goce de una vejez tranquila. Ya que tanto alardean los dos partidos fundacionales, bueno es recordarles que la ley hay que cumplirla, que no pedimos limosnas, que nos corresponden jubilaciones dignas, ya que por algo o alguien nos rompimos el alma para beneficio de nuestro querido Uruguay. *

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