Con todo respeto, señor Presidente

JUAN CASTILLO

 

La histórica jornada protagonizada por la clase obrera, los trabajadores y nuestro pueblo, el 24 de enero en la Marcha a Punta del Este, «Por un Uruguay sin excluidos», ha dado mucho que hablar y seguramente lo seguirá haciendo. En la práctica, se ha transformado en el hecho político más saliente del verano; y en el seno de nuestro movimiento, ha sido la jornada de movilización más importante de los últimos años.

Pero no quiero dejar pasar por alto varias apreciaciones o interpretaciones que se vienen realizando por diversos actores, sin al menos expresar el papel que jugó nuestro pueblo, el verdadero protagonista de esta página, en mi humilde pero honesta opinión.

* La oportunidad. Para quienes auguraban o predican de que nos estamos «argentinizando», les hemos dado una lección de conciencia cívica y de clase organizada que sabe a dónde va. Nuestro pueblo sabe que la salida de la crisis es política, no con parches, y que el capitalismo no se puede humanizar, porque su propia concepción es inhumana. Desde el gobierno, para algunas cosas se sienten hermanos con Argentina, para otras pretenden desmarcarse, o se avergüenzan de ser vecinos. En realidad, lo que el imperialismo pretende con los planes del BID y el FMI para nuestra América, es «africanizarnos».

* El momento y el lugar.- Para los que pusieron el «grito en el cielo» por elegir Punta del Este en plena temporada, porque no era estratégico o políticamente inconveniente, que los turistas huirían espantados, que le sacaríamos el poco trabajo que tienen algunos, o que el pueblo se uniría para abuchearnos. ¿Vieron a los turistas saludar, las banderas argentinas unidas a las nuestras, el pueblo de San Carlos y Maldonado volcándose a las calles? No vimos al senador Sanabria en la ruta haciéndonos desviar, ni al intendente Antía al frente de los vecinos. Nada hicieron ni dijeron cuando los argentinos salieron a cacerolear al otro día, menos dicen o hacen con la empresa privada que les vende agua contaminada o no potable. Pretenden ocultar su impotencia en trazar políticas claras hacia el turismo, con avisos pagos en los medios, descuidando el reclamo.

* El estado de ánimo. Para los que pensaban que nada puede pasar o hacerse en el verano, el pueblo nos demostró que en realidad él se tiene que sentir protagonista, que hace falta, que todos pueden y deben aportar a su manera, y que hay tiempos para luchar y tiempos que lamentar. El papel del dirigente es interpretar el estado de ánimo de las masas, organizarlo y transformarlo en lucha concreta con objetivos concretos. Y esto es de ida y vuelta, nos retroalimenta.

* La coherencia. Hay quienes atribuyen el éxito de la jornada, al error político de Batlle, poniéndole límites a la democracia, otros, que fue producto del espontaneísmo de las masas. Tirios y Troyanos niegan continuamente la inteligencia colectiva; el papel conductor del movimiento obrero; la capacidad y el trabajo organizativo de decenas y centenas de militantes en todo el país. De errores y mentiras, éste y otros gobiernos pueden llenar páginas, la clave está en captarlos y volverlos contra ellos. Convertir los mismos en un efecto «boomerang» y, fundamentalmente, no caer en provocaciones que nos desvíen de nuestros objetivos. Vale decir, mantener la coherencia, apostando al colectivo y la continuidad en las movilizaciones. Esto apreció nuestro pueblo. Los agravios, la bajeza, la desesperación , estuvo del lado de la coalición de gobierno, la firmeza de principios, del lado de la central sindical.

* Las propuestas.- Enjuiciamos –el pueblo– la actual política económica, porque nos margina, nos excluye, porque no defiende la producción uruguaya ni apuesta al mercado interno. Porque nos trae hambre, miseria, desocupación. Y levantamos nuestra propuesta, «Para que el Uruguay real debata», no el virtual que algunos quieren seguir. No es una fórmula mágica, ni descubrimos la pólvora, es un aporte y queremos debatirlo, sin paternalismo ni soberbia, con todos los que apuesten al cambio.

* El discurso. He sentido varias voces referirse al tono del discurso. Todo un escándalo teórico. ¿Cómo vamos a tutear al Presidente?, ¿cómo vamos hacer gestos que se pueden entender obscenos? ¿Qué es eso de «chuparse una mandarina» (se puede decir, absorba un citrus?). Algunos dicen que «se avergüenzan» del estilo. Bueno, sobre gustos no hay nada escrito. Yo creo que hay momentos y momentos, ése era el sentir popular, eso contagiaba nuestro pueblo y así lo recogimos nosotros. Pero podemos habernos equivocado, ¡cómo no!

Pero «vergüenza» (yo, que tengo vergüenza, porque hay otros sinvergüenzas) me da vivir en un país empobrecido porque lo saquean a diario; porque nos hacen pagar una deuda externa que no contrajimos y que además es inmoral; porque nos quieren privatizar las áreas estratégicas del Estado; me avergüenzan los 250 mil hombres y mujeres que no tienen trabajo; los niños que ya nacen en la miseria absoluta con madres carenciadas y mal alimentadas; los niños que trabajan o los jóvenes que por «un pesito» te limpian el parabrisas o hacen de payasos en las esquinas; las chiquilinas que hacen la prostitución y las golpean si no lo hacen; nuestros hijos o nietos que se van del país porque no tienen perspectivas; nuestros viejos que parecen descartables por las desgraciadas pensiones y jubilaciones; los hospitales sin algodón y cayéndoseles el reboque, con personal mal pago y llenos de pacientes haciendo colas; los jóvenes que desertan de los estudios; el campo despoblado; los comerciantes sin comercio; el turismo sin turistas; los productores sin defensa ni estímulo.

Por eso lo del título, con todo respeto, señor Presidente doctor Batlle, a usted no lo eligieron (quienes lo hicieron) para hacer chistes en la TV, ironizar con todas las propuestas que otros presentan, contestar con soberbia cuando no le agrada la pregunta, o ir a cada rato a EEUU a reunirse con George Bush.

Usted, señor Presidente, ganó las elecciones con la promesa de revertir el legado de Sanguinetti, que dejó entre otras, un déficit fiscal de 900 millones de dólares. Hoy, en su país y en nuestro pueblo, la situación es más y peor de lo mismo. Y no bancamos más (vale decir para mantener el nivel, la tolerancia tiene sus límites).

¿Quién le está faltando el respeto a quién? *

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