El Foro Social Mundial: una alternativa humana al neoliberalismo
En la particular coyuntura que vive el país, con el descalabro argentino y la recesión que nos golpea, la realización del Segundo Foro Social Mundial –cuyas sesiones comenzaron ayer– adquiere singular relevancia.
Se trata del afianzamiento de una alternativa al pensamiento único del neoliberalismo, esa doctrina del realismo, del pragmatismo y de la resignación que intenta mantener su reinado a pesar de que cada vez con mayor frecuencia sus resultados ponen seriamente en tela de juicio la eficacia de sus postulados. Y conste que no nos referimos al aspecto humano (las injusticias derivadas del modelo ya están fuera de discusión) sino a su capacidad para lograr las metas propuestas y para evitar las crisis, cada vez más recurrentes.
La consigna que preside las reuniones del Foro –«Porque otro mundo es posible»– resume un saludable sentimiento de rebeldía frente a lo que nos es presentado como inexorable. Es la contrapartida al Foro Económico Mundial de Davos que este año se reúne en Nueva York como forma de expresar solidaridad con los atentados del 11 de setiembre. Sin dejar de deplorar las víctimas inocentes causadas por el terrorismo, no podemos olvidar que el 11 de setiembre de 2001, además de las tres mil víctimas del ataque a las Torres Gemelas, el modelo libre mercadista, concentrador y excluyente ocasionó la muerte de muchos miles más en las regiones del globo adonde no llega el crecimiento de la economía mundial. Mucho más devastador que el de Bin Laden, ese terrorismo capitalista es el responsable de matanzas diarias en el mundo subdesarrollado.
Por esa razón, uno de los temas que tratará el Foro en Porto Alegre es la solidaridad con el pueblo argentino, que atraviesa una situación límite y ante cuyo sufrimiento los organismos internacionales no se conmueven.
De este tema se ocupó Lula, anfitrión del encuentro, al sostener: «parte de la violencia reinante en el mundo hoy se debe a la insensibilidad de los hombres que dirigen la economía mundial». Aunque conocidas, vale la pena recordar ciertas cifras reveladoras de la brutal injusticia de este mundo regulado por el capitalismo salvaje. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un gasto anual de 80 mil millones de dólares durante diez años permitiría asegurar a todo ser humano el acceso a las necesidades básicas. Pues bien, como señala uno de los asistentes al Foro, Eric Toussaint, esa cifra es aproximadamente un cuarto del presupuesto militar de EEUU, o la mitad de la fortuna de las cuatro personas más ricas del planeta. Asimismo, es oportuno tener en cuenta lo denunciado por la organización francesa Attac: el 80 por ciento de los flujos financieros internacionales se concentra en una veintena de países que representan el 22 por ciento de la población mundial.
Pero quizá más importante que la denuncia de una realidad de injusticias, es sin duda que el Foro de Porto Alegre analizará una serie de medidas alternativas que constituyen la médula del modelo que permitirá la concreción de ese otro mundo posible. Los cables ya han adelantado cuáles serán las propuestas que integrarán el debate. Entre ellas, destaca la necesidad de acabar con la deuda externa, condición sine qua non para encarar el desarrollo. Se privilegia, también, reformar el comercio mundial y las corporaciones internacionales, así como controlar los capitales financieros.
El año pasado, en oportunidad de la primera reunión del Foro Social Mundial, dijimos que este acontecimiento significaba un paso hacia la globalización de la esperanza. Hoy, saludamos esta segunda instancia de debate de lo que viene a ser un bastión de saludable rebeldía contra el modelo perverso. *
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