La aceptación de Arana entre la mayoría de los montevideanos

Las razones del éxito de la IMM

Sin embargo, los sondeos de opinión y las encuestas sobre intención de voto entre la población montevideana exhiben una adhesión creciente al Encuentro Progresista y a su candidato municipal.

¿Cómo se explica esta aparente contradicción? ¿A qué se debe que, no obstante las quejas de varios vecinos y la campaña contra Arana, éste concite el apoyo mayoritario del electorado montevidano?

Indudablemente, mucho tiene que ver en esto el particularísimo carisma del arquitecto Arana. Pero más allá de ese fenómeno innegable, hay datos objetivos en la gestión municipal que trascienden la personalidad del intendente y que tienen que ver con un modo de encarar el gobierno municipal, un estilo –inaugurado, justo es destacarlo, por el doctor Vázquez– que tiene la impronta de una concepción política diferente del acartonado modo de encarar la acción gubernativa propia de los partidos tradicionales –fundamentalmente el Partido Colorado– maniatados por falta de ideas y por compromisos ajenos a los intereses de la comunidad.

Desde 1990, cuando Tabaré Vázquez asumió al frente de la IMM, el gran objetivo de la coalición de izquierdas –además de llevar a la práctica políticas sociales y de mejorar las obras y servicios municipales– ha sido el de dar participación a los vecinos. Los montevideanos han ido descubriendo, poco a poco, que esa imagen de Leviatán, de administración inoperante y anquilosada, percibida casi como un enemigo de los ciudadanos, se abría lentamente para oír sus reclamos, sus propuestas, sus prioridades.

Esta práctica –que obedece sin duda al propósito de gobernar con y para los vecinos– ha ido generando a su vez que los habitantes de Montevideo asumieran un protagonismo que jamás antes habían imaginado. Mientras el gobierno municipal estuvo en manos coloradas, los montevideanos se habían acostumbrado a la resignación, a aceptar que el statu quo era inmutable, a admitir su impotencia.

Ahora, en cambio, han descubierto que los protagonistas son ellos, contra el discurso tradicional que les hacía creer que el ejercicio de la democracia se limitaba a depositar su voto cada cinco años, y que entre una elección y otra era cuestión de dejar actuar por inercia a la maquinaria municipal.

Al proceder a la descentralización, al dar injerencia a los vecinos, la administración comunal progresista se planteó a sí misma un desafío del que por ahora está saliendo airosa. Dio cabida a las inquietudes ciudadanas sabiendo que ello produciría una mayor participación de los vecinos y que, por consecuencia, éstos se sentirían con derecho a controlar la gestión municipal y a exigir mejoras en su funcionamiento.

Creemos que allí está la clave del éxito de Arana (y el de Vázquez) y que ello explica de alguna manera la contradicción señalada al principio entre el apoyo electoral que recibe el candidato a la reelección y los reclamos de los vecinos.

Creemos asimismo que se ha instalado definitivamente un nuevo estilo de gestión y un nuevo relacionamiento entre gobierno y contribuyentes que ya a esta altura es irreversible y que, en la remota hipótesis de triunfo electoral de otro partido, quien asuma deberá respetarlo porque ha quedado demostrado su acierto.

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