¿Suicidio colectivo?

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El huracán Floyd trajo vientos devastadores, lluvias e inundaciones. Hace poco más de un año, el huracán Micht destrozaba Centro América. Las inundaciones arrasan México con más de veinte muertos, lluvias torrenciales en Costa Rica, con diez muertos y Colombia con una veintena de muertos. Hace unos meses el Municipio de Vargas, en Venezuela fue asolado por el agua y el viento dejando a su paso ruinas, desolación y muerte. Las lluvias torrenciales e inundaciones, debido a los cambios climáticos, es posible que se pudieran evitar. La contaminación atmosférica que hoy afecta al planeta Tierra, sobre todo el efecto invernadero o invernáculo no lo ocasiona el señor que prende fuego para hacer un asado, o la señora que enciende el fuego para cocinar.

Lo ocasiona la desforestación. Haití ha quemado el 98 por ciento de sus reservas forestales, el humo, los hollines, los gases contaminantes son causados, en su gran mayoría por las chimeneas, los caños de escape de los autobuses, camiones y automóviles particulares. Veíamos por televisión cable las inundaciones en Tabasco, México, y lo que sufrían las peores consecuencias eran los más desvalidos; sobre todo niños y ancianos.

Esto nos lleva a una triste conclusión; los más pudientes están destruyendo el planeta Tierra, mientras los menos pudientes sufren las consecuencias.

Lo mismo ocurría cuando las inundaciones en Colombia. No nos oponemos al progreso pero, creemos que el Estado debe, de una vez por todas, tomar cartas en el asunto a fin de evitar que se siga con la contaminación atmosférica. El aire atmosférico se compone de una mezcla de nitrógeno (78%) oxígeno, (21%) y otros gases tales como gas carbónico, (1%), etcétera, etcétera.

El viento es una masa de aire en movimiento. Ello es debido a diferencias térmicas, humedad, presión y temperatura.

Estas alteraciones ocurren, principalmente porque la radiación solar incide de manera distinta en los diferentes puntos del planeta.

En los polos, esta radiación solar llega en forma oblícua haciendo que una gran cantidad de energía se pierda antes de entrar en contacto con la superficie de la Tierra.

Sin embargo, no ocurre lo mismo en el Ecuador donde la radiación solar llega en forma perpendicular, es decir cae a plomo.

Esta radiación calienta el aire que, al caldearse, se torna más liviano y comienza a ascender hacia las capas superiores.

La zona caldeada, llamada de baja presión, es sustituida por una masa de aire frío que da lugar a una zona llamada de alta presión, lo cual provoca vientos de gran velocidad que, debido a la rotación de la tierra, siguen una trayectoria circular.

Todo esto es así en el orden natural de las cosas.

Pero, el ser humano ha introducido una serie de elementos que contribuyen a acelerar muchas veces las irregularidades atmosféricas.

Así hemos visto a través de la televisión inundaciones en China, Polonia, Alemania, Estados Unidos, Checoslovaquia, Centro América, Brasil, Argentina y hasta en el mismo Uruguay.

Nadie se salva, y estos fenómenos meteorológicos parecen producirse cada vez con mayor frecuencia y en espacios de tiempo cada vez más breves.

Cada vez que ello sucede quedan ciudades y campos devastados, casas derruidas, automóviles volando sin alas, muertos y heridos y economías destrozadas.

Parecería que el planeta Tierra, cansado de tanta iniquidad, reaccionara y se defendiera de los atropellos cometidos por la raza humana.

Y sin embargo a pesar de los delitos cometidos contra la naturaleza, ésta trata de salvar y conservar nuestra existencia.

Deberíamos estar agradecidos que se nos cuida a pesar de todo. Pero no aprendemos, nos quejamos un poco, y después seguimos destruyendo nuestro propio hogar. ¡El hombre es el único animal que destruye su propia casa!

¿El ser humano, el hombre, será realmente un ser inteligente, o será estúpido? No podemos negar el alto grado de desarrollo tecnológico alcanzado por la sociedad debido al pensamiento humano, pero tampoco podemos ignorar el alto índice de degradación alcanzado. Esto nos lleva a pensar que el desarrollo tecnológico no ha sido acompañado por un desarrollo cultural adecuado.

Esta casa, este hogar, llamado planeta Tierra, nos lo ha dado gratis la Madre Naturaleza, y como tal no lo valoramos.

Es que, a lo que no nos cuesta, no le asignamos valor. ¿Qué dirán nuestros hijos, nietos, sobrinos y bisnietos cuando este hogar sea inhabitable debido a la contaminación, falta de árboles que produzcan oxígeno, el aire se torne irrespirable, las aguas no sirvan para lavarse y menos para beber y estemos cubiertos de plástico? Parece una película futurista de ciencia ficción, verdad?

Sin embargo es lo que les espera a las generaciones futuras, si hoy no se toman medidas drásticas y… que se cumplan.

La Biblia nos habla del diluvio universal.

¿No habrá ocurrido algo similar en el pasado, a lo que está ocurriendo ahora, y la Madre Naturaleza decidió ya en aquel entonces, castigar a la raza humana? Esto de ahora, lluvias torrenciales, vientos huracanados, terremotos, etcétera ¿no será una advertencia a fin de que tomemos conciencia y actuemos en forma diferente?

¿No será un aviso para que cambiemos de conducta? Estamos a pocos meses de terminar el siglo veinte, y comenzar el tercer milenio, y el ser humano está fuera de control, enceguecido por su afán de poseer más, sin importarle la destrucción y muerte que provoca con sus acciones. Si llega a suceder una catástrofe climática, no importa los millones que pueda haber acumulado, los palacios que pueda tener en distintos países, tendrá que marchar igual que el pobre diablo que no tiene dónde caerse muerto.

En este barco-hogar viajamos todos, y o nos salvamos todos, o perecemos todos.

Aunque más no fuera, sólo por sentido común, ¿no sería conveniente ir ciudando nuestro entorno ambiental?

¿No saldremos ganando todos si disminuimos la polución? ¿No estaremos ganando en salud, en bienestar, en mejor calidad de vida? Esta frase «calidad de vida», está de moda, todos la usan pero ¿qué se está haciendo para que la gente tenga mejor calidad de vida?

Hasta dónde llegan nuestros conocimientos; sólo se está hablando. ¿Quiénes deberían instrumentar esas medidas que nos den mejor calidad de vida? Por un lado la Intendencia Municipal, por otro lado ese ministerio de nombre tan largo y pomposo, que es el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. También a la Enseñanza Técnica le corresponde su cuota parte de culpa, puesto que no prepara a sus técnicos para que cuiden su entorno. Porque, al fin y al cabo, esto es un problema educativo.

Decía el profesor venezolano Natalio Domínguez Rivera: «La escuela a nivel mundial no educa, simplemente cumple con la función para la que fue creada: instruir, enseñar, amaestrar, preparar para sobrevivir». «No se ocupa de la ciencia de la vida».

Nosotros creemos que, a esta altura, ya no se ocupa ni siquiera de preparar para sobrevivir. Se le está preparando para que ayude a destruir. A nosotros, a pesar que ya estamos en los diez metros finales, nos gustaría ver que se tomaran medidas concretas. Sabemos que se puede hacer. Lo que no sabemos es, si se sabe hacer, y si se quiere hacer. Nosotros estamos dispuestos, como siempre a aportar soluciones y concretar ideas.

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