Las necesarias explicaciones
El rector de la Universidad de la República, Rafael Guarga, ha tenido una serie de contactos con el ministro de Educación y Cultura, Antonio Mercader, a fin de intentar reflotar el fondo nacional para el investigador, cuya primera versión provocó una polémica que todavía hoy signa a la comunidad científica, determinando muy enojosos enfrentamientos entre quienes fueron favorecidos con el «Premio» y otros, los más, que estimaron que la actuación del jurado careció de las garantías mínimas para –como en ese caso– distribuir una partida de un millón de dólares.
Claro está, hubiera sido bueno que en algunos temas polémicos se hubieran despejado las suspicacias con una aclaración que no se hizo, como por ejemplo del hecho de que no se solicitaran pruebas fehacientes de lo establecido en los currículum, de acusaciones que rozaban la ética, sobre «amiguismo» o «nepotismo» y que tampoco se explicara por qué, cuando se hizo este llamado a concurso, se resolvió que los integrantes del jurado interviniente fueran favorecidos, por ese simple hecho, con las mismas dotaciones mensuales que engrosaron los sueldos de algunos investigadores.
Por otra parte las bases del llamado tampoco aclararon en aquella oportunidad si ese suplemento salarial, tenía como destino el mejorar los trabajos de investigación, tan paupérrimos y desmonetizados en el Uruguay, o simplemente el nivel de vida de los premiados.
Son incógnitas que hay que despejar, porque con el paso del tiempo, es evidente que esa primera contribución del gobierno nacional sólo sirvió para mostrar un manejo inadecuado, poco claro y alejado de las necesidades del país.
Aplaudimos que se llegue a un acuerdo con el gobierno para reflotar ese fondo, pero quienes lo manejen deberán aclarar, previamente, cuáles serán las reglas del juego. Para ello es necesario un informe pormenorizado de los logros en la aplicación de la partida anterior. Si ese sobresueldo que se pagó fructificó en trabajos de investigación de importancia y cuáles fueron. Pero además es necesaria una autocrítica profunda de lo actuado. Si ello no es así, si el mundo académico no se vio enriquecido como resultado de ese esfuerzo y no existe un análisis a fondo de los errores que fueron cometidos, la reformulación de ese tema provocaría otra confrontación traumática que se debería evitar.
Hasta nuestra mesa de trabajo han llegado algunas respuestas dadas a algunos investigadores que pidieron explicaciones sobre lo actuado en el referido concurso, todas ellas que no son de recibo ya que no resisten el menor análisis.
Esperemos que lo ocurrido no se repita. Pero nos preocupa, obviamente, que se diga que el único cuestionamiento que se hizo fue el que los jurados, por el simple motivo de serlo, fueron receptores de una partida. Los cuestionamientos polémicos fueron también otros, los que nunca fueron aclarados.
A los investigadores hay que darles el mayor apoyo. La ciencia que producen está vinculada al desarrollo del país, y también está implícita en su progreso. Por ello es necesario que a una mala experiencia no se sume otra.
Ello sería un verdadero desastre. *
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