Sin retribución de fin de año
ARTURO FERNANDEZ
No es ningún secreto para nadie, salvo para quienes no quieran verlo, que diversas capas sociales de este país sufren carencias. Las más bajas, desde luego, son las más castigadas y las que pagan las consecuencias más caras. Los índices de pobreza tienen un crecimiento en los últimos años y más allá de la discusión de las cifras, todos vemos la situación marginal en que viven muchos uruguayos. Los trabajadores sufren índices de desocupación históricos, pero también los que trabajan deben soportar condiciones laborales indeseables y salarios muchas veces miserables, estimulados por una desregulación laboral que el propio Estado promovió y que vino a pedir de boca de muchos empresarios. Esta es una de las causas de la pobreza.
Muchos jubilados y pensionistas no son ajenos a este entorno y las percepciones son tan bajas, que también forman parte de ese gran grupo de gente que no puede satisfacer sus necesidades mínimas, a veces vitales para ellos como por ejemplo el acceso a la alimentación correcta o a la asistencia médica y suministro de medicamentos, tan necesarios en muchos casos en que la naturaleza de los años les regala también alguna enfermedad.
Ante la cercanía de otro fin de año, las organizaciones de jubilados y pensionistas de todo el país, han planteado al Poder Ejecutivo, una vez más, la posibilidad de que los jubilados y pensionistas del Banco de Previsión Social, perciban una retribución especial. Se pretendía con ello que el pasivo tuviera la posibilidad de aportar a su mesa, un pequeño tributo al que todos tenemos derecho y que por lo tanto las fiestas tradicionales no trasformaran en amargura la sobrecarga de obligaciones que en esta parte del año toda familia tiene.
Pero además, se sugirió la solución financiera, que no implicaba gastos para el Estado y que afectaba un gravamen ya establecido, por lo que solamente se necesitaba la voluntad política para que cada jubilado o pensionista, percibiera aproximadamente 600 pesos, que no cambiaba la situación económica del país, pero que contemplaba en mínima parte las carencias y obligaciones de gran parte de los 660.000 pasivos en un periodo muy especial como lo son las fiestas tradicionales. La respuesta fue un portazo a la propuesta y hasta se deslizó alguna calificación desagradable, al declarar públicamente que la misma «sería una locura».
Se ha accedido reiteradamente a «lastimar» la situación financiera del Banco de Previsión Social, cuando las propuestas parten de los sectores empresariales. Fruto de ello es que las sucesivas rebajas de aportes patronales le han quitado al Banco la friolera de casi 200 millones dólares anuales, con la excusa de la creación de puestos de trabajo que aún están por ocuparse por lo que queda claro que el compromiso no es con todos los uruguayos sino con algunos y que no son los más necesitados.
Hay en algunos sectores un grado de suficiencia muy equivocado. La desocupación, el hambre y la miseria no pueden ser limitada por un índice geográfico como el Río Uruguay o el Río de la Plata. Lo que hoy pasa en Argentina, en menor dimensión también está pasando aquí, pero aunque somos menos, la pobreza es la misma en todos lados. Si se pretende seguir sacrificando al pueblo para complacer siempre a los mismos, bueno, simplemente hay que tener más sinceridad y no pretender hacernos creer que hay un gobierno para todos.
Nuestra propuesta dio la oportunidad de ayudar a un sector importante de la gente que necesita y no a los que más tienen. La respuesta, amén de no ser justificable, fue despectiva y esa forma de tratar las propuestas según de quien venga, supone una calificación de clases enervante que no podemos admitir.
El tratamiento ha sido injusto y de ello los jubilados y pensionistas tomarán cuentas. No obstante, vamos a persistir en nuestras propuestas, no por el mero capricho de crear expectativas sino porque interpretamos el sentir de la gente y porque somos conscientes de nuestra obligación. Pero por sobre todas las cosas porque creemos que hay cosas que se deben y se pueden hacer.
Un gobierno originado en un régimen republicano de gobierno, debe obedecer al sentimiento de la masa de ciudadanos que son sus gobernados, sin distinción de clases o de sectores.
Los jubilados y pensionistas, que reciben magras retribuciones, fueron el nervio motor que impulsó a este país durante décadas y sin dudas más doradas que la actual, por lo que son acreedores al derecho de por lo menos el respeto, cuando proponen mejoras a sus condiciones de vida.
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