Es hora de asumir responsabilidades
LUIS JOSÃ GALLO IMPERIALE
Si la cantidad de casos de meningitis meningocóccica detectados durante el año 2001 en nuestro país deben alarmarnos o no, puede ser subjetivo. El hecho de que en Santa Lucía se haya incrementado la tipificación de esta enfermedad es un dato objetivo. A esta localidad de 16 mil habitantes pertenecían 10 de los 38 pacientes diagnosticados en todo el territorio nacional. Y eran santalucenses dos de las ocho víctimas que la meningitis a meningococo B no perdonó.
Al igual que en el año 1994, la vacuna es lo que está en discusión. Que si sirve o no para las cepas que están presentes en Uruguay, que lo importante para tomar una medida epidemiológica no es la cantidad de casos sino la clasificación de los mismos y dentro de los grupos A, B y C, los diferentes subgrupos. Claro que todo este bagaje de conocimientos científicos no evitaron que el 8 de agosto el representante de la Cátedra de Infectología de la Facultad de Medicina, profesor doctor Eduardo Savio, declarara a la Comisión de Salud que de acuerdo a un antecedente argentino del año 1994, la vacuna cubana logró disminuir los casos de meningitis en un 60%, aunque la cepa que prevalecía no era la que este antídoto ataca en forma directa.
Quizá también sea importante lo que aseguraba por aquel 94, en el marco de la discusión de si vacuna sí o no, el pediatra canario Dr. Jorge Veiga: «Es muy diferente utilizar una vacuna de baja eficacia con alta cobertura que la misma vacuna con baja cobertura (…). Mi criterio es vacunar masivamente en forma gratuita, porque si a baja efectividad le damos alta cobertura, la ecuación se tornaría adecuada para prevenir un posible brote epidémico».
En cambio, parece que la teoría es muy distinta para quienes, en este 2001 agonizante, tienen espacio en la prensa. El 29 de noviembre, el director general de Salud, doctor Eduardo Touyá, declaraba en el mes de junio «los técnicos ministeriales habían advertido que está probado científicamente que la vacuna producida por Cuba tiene una especificidad muy marcada hacia los subtipos comunes en aquella nación del Caribe, pero que no es efectiva para el serotipo de meningococo que suele aparecer en el país».
Estas expresiones desdicen los hechos que se habían producido en el mes de agosto, donde la encargada del área de bacteriología del Laboratorio Central del MSP, elevó un informe mediante el que denunciaba la carencia de reactivos y la inadecuación de los procedimientos. Ante la falta de contestación del director del laboratorio, la técnica opta por enviar muestras de las cepas al parisino Instituto Pasteur. El viernes 21 de setiembre, la profesional comunica directamente al doctor Touyá los resultados recibidos: las cepas identificadas eran sensibles a la vacuna cubana.
Por otra parte, el ministro de Salud Pública, Luis Fraschini, estaba al margen de todos estos movimientos, enterándose veinte días después de lo que el director general de Salud ya sabía. Este hecho incomprensible no tiene para nosotros ningún tipo de justificación, por más que el ministro haya dicho en la Comisión de Salud que sucedió de esa forma porque Touyá viajó el 22 de setiembre (al otro día de ser informado por la técnica) hacia Estados Unidos, a una reunión de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y aprovechó para hacer las gestiones pertinentes en el país norteamericano. Allí «acordó la venida de técnicos expertos en la materia, específicamente del laboratorio Luz de San Pablo, para que realizaran un estudio de todos los procedimientos llevados a cabo hasta ese momento en el laboratorio central del MSP». Pero lo más insólito es que el mismo ministro nos informa que él se enteró de la situación el 12 de octubre, día en que Touyá regresó. O sea que el director general estuvo haciendo contactos, divulgando a diestra y siniestra los problemas sanitarios del país, invitando a los técnicos extranjeros a que vinieran a colaborar para llegar a una solución, pero no le había comunicado nada al ministro. En pocas palabras, y amerita que recalquemos el hecho por la gravedad implícita: los técnicos paulistas del laboratorio Luz, estaban enterados del posible gravísimo error cometido en el Ministerio de Salud Pública uruguayo, mientras el jerarca de la Cartera ignoraba todo lo sucedido. Y este dato lo tenemos por boca del propio ministro, quien concurrió a la Comisión de Salud acompañado, entre otros, por el doctor Touyá, el mismo que olvidó por completo su subordinación.
Pero lo cierto es que según la información que se brindó, la Comisión de Inmunizaciones del MSP habría estado abocada en estudiar la situación, especialmente la de Santa Lucía, aunque no se pudo evitar que a fines de noviembre falleciera una chica de quince años, víctima del meningococo B y que incentivara aún más la avasallante movilización popular de reclamación de la vacuna. De la vacuna se continuaba afirmando su ineficiencia, mientras la doctora Gloria Ruocco, actual subdirectora de la Dirección Nacional de Salud y ex directora de Epidemiología, salía a la prensa diciendo que «vacunar para tranquilizar no es científico» (ver Caras y Caretas, 7/XII/01). Sin embargo, quien podía pagar en Santa Lucía se inmunizaba y del resto la buena o mala suerte se encargaría, realidad carente no sólo de fundamento científico sino también humanitario.
A partir del 19 de diciembre, el MSP comenzó a vacunar en forma gratuita a los santalucences de entre 4 y 19 años. Es incomprensible que sean necesarios tantos errores para que se tomen con rapidez medidas responsables. Hubo responsabilidades graves que se deben asumir; él que responda de ellas devolverá a la población la seguridad que perdió. Esperamos que hoy miércoles 26 tengamos la respuesta de parte del ministro, tanto al Parlamento como a la opinión pública. *
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