Respuesta para aventar el ridículo
El papelón ocurrido en el ámbito del Ministerio de Salud Pública con la cuasi prohibición de la vacuna cubana contra la meningitis tipo B, desembocaría en el día de hoy con un corte de cabezas, mínimo desenlace para una de las falencias más notables provenientes, justamente, de la secretaría de Estado que debe velar por la salud de los uruguayos.
El manejo realizado con la población de la localidad de Santa Lucía, afectada por reiterados casos de meningitis, es de tan irresponsable dramatismo que no puede analizarse como el producto de la actuación de algunos payasescos funcionarios que salieron a la prensa, con aire suficiente, a decir que la vacuna cubana no era eficiente para combatir el meningococo que apareció en esa localidad canaria, asegurando que los laboratorios del organismo habían identificado a la bacteria perfectamente, «sin ninguna clase de dudas», y que la dichosa vacuna era inocua contra el mismo. El ridículo quedó en evidencia cuando se supo que una funcionaria, integrante del laboratorio, envió muestras al Instituto «Pasteur» de París y que allí luego de un análisis de las muestras se había concluido que en el laboratorio de Salud Pública se había cometido un grave error. No solo se había identificado mal al meningococo, sino que además la vacuna cubana era efectiva contra él.
Si hubiera habido reflejos éticos adecuados, al conocerse el informe francés, en el Ministerio se debiera haber dado marcha atrás, anunciando que se había cometido un error que, por otra parte, costó varias vidas. Ello no fue lo que ocurrió: algunos funcionarios (concretamente el doctor Touyá) en conocimiento del informe, resolvió ocultarlo en el último cajón de un escritorio, apareciendo el mismo veinte días más tarde luego que un legislador frenteamplista, el diputado Luis Gallo, denunciara los hechos y le pidiera explicaciones al ministro Luis Frascchini, que, en primera instancia, le inició un sumario no a los que habían cometido el trágico error sino a la persona que envió las muestras al Instituto «Pasteur».
El Encuentro Progresista -Frente Amplio esperaba hasta hoy, 26 de diciembre, una respuesta satisfactoria del ministro, para lo que el secretario de Estado había solicitado «unos días». ¿Qué pasara hoy? Que se anuncie la «decapitación» de varios funcionarios, como por el ejemplo el director general de Salud, no determinaría que nada cambiara. Lo que está en juego es la irresponsabilidad de algunos funcionarios (o del Ministerio en su conjunto) que han jugado, con soberbia e ignorancia, con la salud de la gente.
Algunos sostienen que ello ocurrió por otro hecho grave, en que se entremezclan razones políticas que son el reflejo insólito de que el país fabricante de la vacuna es Cuba y con algunas opiniones de gobernantes que alentaron a los funcionarios en la ridícula campaña.
¡Que rueden cabezas de nada servirá! Las vidas perdidas por los anuncios irresponsables no se recuperarán. Pero sería un elemento de recibo, quizás positivo para el futuro sanitario del país, que todos supiéramos –de boca del propio Fraschini– cómo se llegó a una situación que es uno de los papelones más graves de la historia de esa secretaría de Estado, la que, para desgracia de las víctimas, no sólo juega con teorías sanitarias, sino con elementos que hacen a la salud y que pueden determinar la vida o la muerte de las personas. *
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