LA FINANCIACION EXTERNA

Una dependencia negativa

El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo está diciendo desde hace algún tiempo con todas las letras. La desaceleración económica que se verifica en los Estados Unidos golpeará en especial a América Latina «por su dependencia del financiamiento externo».

Esa afirmación hecha por sus funcionarios fue repetida en un informe divulgado el pasado martes, y señala la dependencia de los países de este continente al financiamiento externo. Y Uruguay no es la excepción, como lo hemos afirmado en muchas oportunidades.

Toda la política económica que se planifica desde el Ministerio de Economía y de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, tiene como centro la financiación llegada del exterior. Cualquier tarea, obra pública, trabajo de investigación o diseño de estrategias para combatir la pobreza o erradicar los asentamientos precarios, es financiada con dinero que tiene esa procedencia.

Ese proceso ha sido tan grave en los últimos años que, como la droga pesada, ha creado una dependencia en el gobierno que no puede ser erradicada. Toda su política económica está dirigida a pagar los intereses de esa deuda, porque todavía no es hora de hacerlo con los capitales.

«América Latina crecerá el 1,7 % en 2002″ –dice el FMI–, lo que comparado con la primera previsión del 2,6%, es una predicción más que exigua para la zona donde está enclavado Uruguay que, obviamente, tendrá el contrapeso de la crisis de Argentina que no se volatilizará de un día para el otro. Crisis que además determinará una menor demanda externa de ese país, por lo que hará caer más nuestras exportaciones. Más vale no detenernos en el tema del turismo, porque los resultados de la temporada ya son evidentes.

Con Brasil, dada la diferencia cambiaria, no es de esperar tampoco un mejoramiento de las relaciones comerciales.

¿Qué nos queda? Parecería que el gobierno se juega todas sus cartas a las reformas privatizadoras, como si fueran una panacea en un país que fue construido de cabo a rabo por las empresas de capital estatal y que, por ello, tiene una capacidad instalada muy superior a la de los países vecinos.

Las redes de agua potable, de energía, de comunicaciones en Uruguay, gracias al esfuerzo de las empresas públicas, tienen un nivel envidiable, virtudes que son reconocidas por Cepal en los trabajos que miden la calidad de vida. Sin embargo, debemos reconocerlo, nuestro Estado tiene un peso irresistible para quienes quieren emprender cualquier tipo de tarea en la órbita privada, siendo uno de los factores negativos que han frenado el desarrollo. Por ello el tema no es privatizar, sino reestructurar, buscando los mecanismos acordes con nuestra realidad.

Las virtudes del Estado fueron reconocidas en su momento con orgullo por el por entonces presidente Julio María Sanguinetti, quien afirmaba que la calidad de vida en Uruguay tenía los niveles más altos del continente.

Sin embargo, tanto su gobierno, cuya gestión desembocó en una recesión de primera magnitud detonada por la devaluación brasileña, como el encabezado por Jorge Batlle, coincidieron en concretar sus obras –como lo quiso la banca financiera– en base al empréstito externo. Ahora, luego de haber corrido mucha agua bajo los puentes, es el propio FMI el que reconoce que esa dependencia del financiamiento externo es uno de los elementos que nos está perjudicando en la actual coyuntura.

Lástima para todos, pero lo habíamos advertido. *

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