Chávez o el rescate del antimperialismo
LEOPOLDO AMONDARAIN
Chávez en América está representando hoy día el enfrentamiento nacionalista contra el imperio y las oligarquías vernáculas asociadas o cipayas del mismo. El Presidente venezolano ha tenido la osadía de reflotar la OLP con los árabes que le cedieron la Presidencia del organismo en reconocimiento a la idea y acción.
En buen romance, hace prevalecer los intereses de su patria, nada menos que con el petróleo.
Entre las 49 leyes que Chávez quiere promulgar en lo interno está la reglamentación estatal de esa riqueza. No sólo lo organiza respecto a la política exterior apoyándose en la correlación con los árabes, sino que obviamente reglamenta la misma en lo interior limitando los intereses particulares de la oligarquía petrolera que durante decenios medraron a costa del oro negro.
Sin perjuicio de todo ello, en el mencionado paquete de leyes lleva adelante la Reforma Agraria. Venezuela se caracteriza precisamente por sus grandes latifundios improductivos.
El decreto ley entiende por latifundio «toda extensión de terreno rural que exceda las 5.000 hectáreas». En esta ley de Tierras y Desarrollo Agrario está contemplado, demás está decirlo, el desarrollo integral del campo y el humano respaldado por el crédito a tiempo, apoyo técnico y científico y las infraestructuras correspondientes para su desarrollo amparado y respaldado por el Estado. Pero seamos justos. Estas propuestas, lo dice él mismo, no son originales del presidente Chávez.
Vienen de muy atrás en la historia venezolana. Es idea de Simón Bolívar (plan bolivariano) y de Ezequiel Zamora. Y por lo tanto tienen una autoridad patriótica y práctica de 200 años. La historia más que repetirse, en este caso no ha cambiado. El peligro real de la voracidad imperial yanki y de la oligarquía vernácula ya había sido visualizado por el genio político de Bolívar.
Por lo mismo, fiel a ese mandato en otro aspecto, contra el ALCA de origen e interés norteamericano, el plan bolivariano que Chávez patrióticamente americanista quiere reflotar es el ALBA, sin la influencia imperial. Y esta realidad, bueno es señalarlo, tampoco es antojadiza de la actual o antigua Venezuela.
En la propia Comisión Económica para la América Latina, Cepal, se ha levantado oposición al ALCA yanquizado. Destacados analistas, no de izquierda precisamente, admiten y señalan la necesidad de crear una corriente alternativa como piensa Chávez. Contra estas realidades, los distintos grupos internos cipayos del imperio, el imperio mismo, y la prensa grande de adentro y fuera de Venezuela al servicio de esos espurios intereses, vienen serruchando de a poco el populismo ganado en buena ley del presidente venezolano. El peligro de la creación de un frente libertario en lo interno y externo bolivariano, con sus reformas y creación de un block político económico nacionalista latinoindoamericano que se podría enfrentar en el futuro al monstruo imperial y a las corruptas oligarquías internas, hace que la propaganda dosificada y permanente nos esté pintando un absolutismo chavista, que el pueblo masivamente ha desmentido en las urnas.
Realizó cuatro elecciones en un año y llegó a tener el apoyo del 80% del electorado. Claro, los indios, el pobrerío y los modestos llaneros, que aspiran a la tierra y su producción propia, carecen del poder económico y político de esos grupos minoritarios hegemónicos no sólo por el poder fiduciario de los mismos sino fundamentalmente por la presión imperial que los apoya.
Allí se empieza a explicar la fundamentación de los paros y de una historia negra que nos quieren inculcar, apuntando y justificando a priori futuros levantamientos en aras de una falsa democracia. Historia repetida y muy conocida para desgracia de nuestra patrias americanas. ¡Dios quiera que prospere el ALBA bolivariana contra los intereses imperiales! ¡Viva América Libre! ¡Arriba Chávez! *
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