Las mentiras al desnudo
DR. JORGE R. BRUNI
Crece el desempleo y el trabajo en negro, cuando no esclavo. Aumentan las empresas unipersonales. La miseria se infantiliza, se concentra la riqueza.
La desprotección social se multiplica. Hasta aquí nada es novedoso.
Cómo será la cosa que la Organización Internacional del Trabajo –OIT– alarmada por tanta ignominia, ha lanzado la consigna de trabajo decente.
Por más que cabría preguntarse si es posible que alguien pueda concebir que el trabajo pueda ser indigno, indecente o como se le quiera llamar. En fin…
¿Qué nos puede extrañar? El capitalismo es intrínsecamente injusto. A veces se nos presenta con una sonrisa. Otras, salvajemente. Pero siempre con una tremenda injusticia económica y social sobre sus hombros.
La situación actual nos lleva a preguntarnos ¿cuáles serán los límites, si es que los tienen, de las desmesuradas apetencias del capital financiero? Porque estos señores han traspasado largamente la barrera de la moral, tornándose en profundamente inmorales.
Como demostración de lo que venimos escribiendo, vaya la última pruebita que se ha mandado Minguito Cavallo, con el apoyo siempre fiel del presidente De la Rúa, con las AFJP, equivalentes de nuestras célebremente tristes AFAP.
Comencemos por decir que estas sociedades anónimas manejan los fondos de más del 52 % de la Población Económicamente Activa, lo que representa casi un 8% del Producto Bruto Interno –PBI– de la Argentina.
Pues bien, el 14 de diciembre de 2001 Argentina tenía que pagar 700 millones de dólares de deuda externa. No había bolsillo adonde acudir. Tal es la dimensión de la crisis que llegó el ex presidente Menem y su entonces ministro de Economía ¡Minguito Cavallo! Antes que el país entrara en «default», nombre artístico de la quiebra, al nunca bien ponderado e inefable Cavallito se le ocurrió meter las manos en las AFJP, esto es, en buen romance: en los bolsillos de los trabajadores argentinos.
Y así fue que poniéndole el revólver en el pecho a las AFJP les ordenó que pusieran los 700 millones de dólares a cambio de las LETES (Letras del Tesoro), típico instrumento del mercado financiero, que se les otorgaría como compensación a las AFJP.
¿Recuerdan cuando los mercaderes de los derechos humanos de la seguridad social nos decían que los ahorros ahora sí iban a estar en manos seguras, que cada uno sería dueño de su propio destino jubilatorio y pensionario?
Miren ustedes a dónde fue a parar la plata de los trabajadores argentinos: a la banca y organismos financieros internacionales.
El mundo al revés, la solidaridad malentendida: los de abajo, los trabajadores pagando la deuda externa, mandándole plata a los grandes del mundo, a los que nos han colocado al borde de la catástrofe por sus indisimulados intereses financieros, petroleros, etcétera.
Si no fuera que ello responde a la lógica del sistema, estaríamos tentados de decir que estamos todos locos.
Los fondos de ahorro juibilatorio de los trabajadores argentinos fueron a parar al casino mundial de la timba financiera (de la que forman parte los mismos bancos acreedores de la deuda externa), donde todo es posible. Y si no preguntémosle al multmillonario George Soros que se ganó en un momentito nomás, ¡mil millones de dólares! especulando con la moneda (creo que fueron dólares).
Ni hablar que los dueños formales de los fondos, sólo propietarios en los papeles, se enteraron luego de adoptada la decisión. Pensar que ahora sí eran seguras las jubilaciones, que el futuro sería nuestro, que cada uno de nosotros íbamos a ser dueños de nuestro futuro jubilatorio.
A poner las barbas en remojo trabajadores uruguayos y latinoamericanos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad